Andrey
El pasillo del ala médica apestaba a una mezcla insoportable de antiséptico y desesperación. Anabella estaba sentada en un banco de metal, encogida, con los hombros sacudidos por un llanto que no se detenía. Llevaba casi una hora ahí desde que se llevaron a Valentina al quirófano. Verla así, rota y consumida por la culpa de una vida que le pertenecía por derecho, me estaba quemando los cables.
Odiaba verla así. Me daban ganas de entrar a esa maldita sala, sacar a los cirujanos a patadas y obligar a Valentina a sobrevivir a punta de pistola si era necesario. No podía soportar que mi mujer se sintiera en deuda con una traidora que solo ahora, en su agonía, decidía ser útil.
Lorenza entró al pasillo con una rigidez que me puso en alerta máxima. Me miró de una forma que conocía demasiado bien: era la mirada de quien trae noticias que van a manchar el suelo de sangre. Sabía que algo no estaba bien, algo más allá de lo que ocurría tras las puertas del quirófano. Sin decir una palabra, se acercó a Anabella y la rodeó con sus brazos, dándole un refugio que yo, en mi furia silenciosa, no podía ofrecer en ese instante.
Mi teléfono vibró. Era Alexander.
—Habla —solté, alejándome unos pasos.
—Ven, te necesito. Camilo se está moviendo. Ha cruzado la línea, Andrey. Si no lo frenamos ahora, no habrá nada que rescatar.
El caos nos estaba alcanzando a todos al mismo tiempo. Miré a mi esposa. Estaba pálida, temblando, esperando que el cuerpo de su hermana soltara el milagro que ella necesitaba para no morir. Si me iba ahora y algo salía mal, Anabella se hundiría en un pozo del que yo no podría sacarla. No podía elegir entre mi hermano y mi mujer, pero el destino me estaba poniendo un arma en el cuello.
—Estoy ocupado, hermano. No puedo moverme de aquí —dije, mi voz era puro plomo—. Mi mujer está a minutos de entrar a un quirófano. No voy a dejarla sola.
—¡Andrey, ven ahora! —La voz de Alexander sonó como un cristal rompiéndose. Nunca lo había escuchado así; el Capo, el hombre de hielo, estaba suplicando—. ¡No puedo confiar en nadie más para este trabajo! ¡Ven a ayudarme a cazarlo!
—¡Y si yo me muevo, mi mujer se queda sola! —le grité en un susurro violento, cuidando que Anabella no me escuchara—. ¿Quieres que elija entre tú y ella? ¡No me hagas esa puta pregunta, Alexander! ¡Porque la respuesta te va a mandar al infierno!
—No me dejes solo en esto... —balbuceó él, y el sonido de su desesperación me dio náuseas—. Camilo sabe dónde están los puntos débiles.
—Llama a Luca. Él te ayudará —sentencié.
Hubo un silencio sepulcral del otro lado. Podía sentir el odio de Alexander vibrando a través de la línea.
—¿Luca? ¿Quieres que llame al tipo que mira a mi hija como si fuera su trofeo? Antes le pego un tiro en la frente que pedirle un favor.
—¡Pues entonces prepárate para la guerra! —le espeté, sin filtros—. Porque Luca es el único rastreador que puede encontrar a Ferrera antes de que cruce la frontera del estado. Déjate de orgullos estúpidos y úsalo como perro de caza. Llama a Luca. Es una orden, Alexander. Úsalo, deshazte de Camilo y luego, si quieres, mátalo. Pero ahora mismo, él es tu única oportunidad. Si pierdes esta ciudad por tu orgullo, no vuelvas a llamarme hermano.
—Te vas a arrepentir de esto, Andrey —siseó Alexander—. Me estás lanzando a los lobos.
—Ya estoy arrepentido de haber nacido en esta familia de mierda, pero aquí estamos —respondí antes de colgar.
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Mafia Y Amor [+18]
RomansaAnabella de Angelis lo tiene todo: fama, belleza y secretos. Andrey Nikolaev no cree en el amor, solo en el poder. Él es la mente más temida de la Cosa Nostra. Ella, una mujer condenada por su propio cuerpo. Una pasión incontrolable. Y una verdad qu...
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