Anabella
Ver a Valentina embarazada me sorprendió. Me golpeó la realidad de la vida que ella llevaba y la vida que ahora estaba en peligro. A pesar de todo, ella era mi hermana. Mi hermanita, y yo la había traído aquí para despojarla. La culpa me arañó el pecho.
Andrey no perdió ni un minuto. Valentina fue llevada de inmediato a un ala médica privada instalada en la mansión, donde los doctores le hicieron todos los estudios necesarios. Mientras mi hermana era pinchada y examinada, yo me quedé en mi habitación, con Nikolai en brazos, sintiendo la extraña culpa de vivir gracias a la invasión de la vida ajena.
Pasaron horas de silencio tenso. El doctor O’Connell, mi oncólogo de confianza, junto con el especialista en trasplantes, entró en la sala de estar de la suite. Andrey estaba a mi lado, rígido, sosteniendo la mano de Nikolai con una fuerza innecesaria.
—Los resultados son irrefutables, señora Nikolaev —comenzó el especialista, su voz era grave—. La señora Moretti es, de hecho, compatible al 100%. Es una coincidencia casi milagrosa.
Un suspiro de alivio se escapó de mis labios, una burbuja de esperanza.
—Sin embargo —continuó el doctor O’Connell, con una pausa tensa—, la situación es… delicada. La señora Moretti está en el tercer trimestre. Ocho meses y medio, para ser exactos.
El aire se hizo denso. Ocho meses y medio. Casi el final.
—La extracción de médula ósea en este momento implica un riesgo inaceptable para el feto y para la madre. No podemos proceder con el método tradicional de cosecha de médula ósea.
Sentí que el mundo se me caía de nuevo. ¿Tanto esfuerzo, tanto crimen, para toparnos con una pared biológica?
—¿Entonces? ¿Qué sugieren? —demandó Andrey, su voz era un látigo, cortando el aire como un disparo.
El especialista deslizó una tableta sobre la mesa, con gráficos y anotaciones.
—Hemos considerado una alternativa. Dado el estado avanzado del embarazo, la mejor, la única opción viable, es aprovechar el parto. La verdadera cura no es la médula ósea de Valentina, sino las células madre de su hijo nonato.
Me quedé helada. No quiero poner en peligro al bebé.
—¿El bebé está en peligro? —mi voz era un hilo.
—Hablamos de la sangre del cordón umbilical. Las células madre hematopoyéticas del cordón son jóvenes, agresivas y perfectas para un trasplante. El procedimiento es cero invasivo para la madre y el bebé. Es una donación que no implica sacrificio. Solo necesitamos el nacimiento.
El corazón me latía contra las costillas. El bebé era la clave. El hijo de Valentina y Francesco Moretti, era mi salvación. La ironía era cruel.
Andrey, por otro lado, asimiló la información con una frialdad matemática.
—¿Cuánto tiempo podemos esperar? —preguntó, volviendo a su tono de Capo.
—El trasplante debe ocurrir inmediatamente después de que las células sean cosechadas y procesadas. El parto puede ocurrir en cualquier momento. Necesitamos inducirlo en cuanto su oncólogo lo autorice, en las próximas semanas.
Andrey asintió. Se inclinó y me besó la frente.
—El bebé nacerá pronto, zvezda. Vas a vivir.
Me levanté, sintiendo el peso de la decisión. Mi vida dependía de la cosecha de células de un bebé que aún no respiraba, el hijo de mi hermana y mi enemigo. Dejé a Nikolai dormido en su moisés y caminé hacia el ala médica.
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Mafia Y Amor [+18]
RomanceAnabella de Angelis lo tiene todo: fama, belleza y secretos. Andrey Nikolaev no cree en el amor, solo en el poder. Él es la mente más temida de la Cosa Nostra. Ella, una mujer condenada por su propio cuerpo. Una pasión incontrolable. Y una verdad qu...
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