Andrey
Me encontraba en el salón, con un vaso de whisky intacto sobre la mesa. Igor estaba frente a mí, revisando unos mapas de rutas en Europa, pero ninguno de los dos estaba realmente concentrado en el papel. El aire en la mansión se sentía cargado, como la calma que precede a un bombardeo.
Desde la cocina, llegaba el sonido de las risas. Anabella y Lorenza estaban en medio del caos de harina y azúcar, intentando hornear el pastel para el primer año de Nikolai. Escuché a mi hijo soltar un chillido de emoción y el murmullo suave de Anabella regañándolo con cariño por meter los dedos en la mezcla.
Cerré los ojos un segundo, permitiéndome disfrutar de esa normalidad doméstica. Pero entonces, el mundo se detuvo.
—¡¡NOOOOOOO!! ¡ALEXANDER!
El grito de Khristeen no fue un grito humano. Fue un aullido de puro horror, un sonido que desgarró las paredes de la casa y me heló la sangre en las venas. Fue el grito de alguien a quien le acaban de arrancar el corazón del pecho estando viva.
Igor se puso de pie de un salto, con el arma ya en la mano por puro instinto. Yo me quedé paralizado un milisegundo, procesando el sonido que vino inmediatamente después: el llanto.
No era solo un niño. Era el llanto sincronizado de Alessio y Ayshane. Un coro de angustia infantil que estalló como respuesta al dolor de Khristeen.
Corrimos hacia el ala de Alexander. Entramos en la habitación de ellos y la imagen me golpeó con la fuerza de un camión. Khristeen estaba de rodillas en el centro de la alfombra, con el teléfono caído a su lado. Se mecía hacia adelante y hacia atrás, apretando sus propias costillas como si intentara evitar romperse en mil pedazos. En las cunas, los niños gritaban, contagiados por el pánico de su madre.
Anthony entró detrás de nosotros, con el arma en la mano y la mirada barriendo la habitación buscando un enemigo.
—¡Khristeen! —rugió Igor, corriendo hacia su hija y dejándose caer a su lado, intentando sujetarla.
Ella no lo veía. Sus ojos estaban fijos en la nada, inyectados en sangre, y su pecho subía y bajaba en espasmos violentos.
—Se ha ido... —susurró ella, con una voz de agonía que me hizo temblar—. Andrey... lo han matado. Alexander... su avión... explotó.
El suelo pareció desaparecer bajo mis pies. Mi hermano. Mi sangre. El hombre que me había dado todo. No podía ser. Alexander era invencible; él no moría en una explosión como un hombre común.
—No —dije, mi voz saliendo como un rugido sordo—. No es verdad. ¡Maldita sea, no es verdad!
Saqué mi teléfono con las manos temblando de una rabia asesina y marqué a Luca. Él estaba con Alexander. Él debía estar cuidando su espalda. El tono sonó una vez y, cuando atendieron, lo primero que escuché no fue la voz de Luca, sino los gritos desgarradores de Alice de fondo.
—¿Luca? —mi voz vibró con una amenaza mortal—. ¡Dime que es mentira!
—Andrey... —la voz de Luca estaba rota—. No pudimos hacer nada. El pájaro estalló apenas alcanzó los mil pies. Fue un infierno de metal.
—¡¿Cómo?! —rugí, sintiendo cómo la habitación empezaba a dar vueltas.
—Sandro —escupió Luca, y pude oír el odio puro en su voz—. Sandro nos traicionó, Andrey. El hijo de perra nos vendió a todos. Alexander está muerto.
Colgué el teléfono. El silencio que siguió fue más violento que cualquier explosión. Miré a Khristeen, que seguía rota en el suelo, y luego a Anthony. Mi hermano menor me miraba con una expresión de vacío absoluto, con los ojos llenos de una incredulidad dolorosa.
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Mafia Y Amor [+18]
RomanceAnabella de Angelis lo tiene todo: fama, belleza y secretos. Andrey Nikolaev no cree en el amor, solo en el poder. Él es la mente más temida de la Cosa Nostra. Ella, una mujer condenada por su propio cuerpo. Una pasión incontrolable. Y una verdad qu...
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