Anabella
Sostuve al pequeño acurrucado. Era perfecto.
Era diminuto, con un peso reconfortante en mis brazos. Su llanto había cesado tan pronto como mis manos lo habían tomado, como si reconociera la urgencia de mi necesidad. Era extraño; la cercanía de mi propia miseria se atenuaba ante la necesidad de este pequeño ser. Él era un milagro roto, un bastardo para Andrey, pero para mí, era un ancla.
Lo examiné bajo la luz fría del salón. Tenía el cabello suavemente rubio ceniza de los Nikolaev, y sus pestañas, largas y rubias.
El hijo de Andrey.
La ironía era tan cruel que casi sonreí. El hombre que me había amado ahora me había entregado el único propósito que me quedaba en esta vida prestada. Me había negado a tener un hijo con él, por miedo a lo que era, y ahora, el destino me arrojaba a su hijo no deseado.
Alexander y Khristeen seguían discutiendo en voz baja la logística infernal del matrimonio con Luca; la tensión era palpable, pero yo me había desconectado. Las palabras de Andrey resonaban en mi cabeza: "Ese niño no vale nada... es un desecho." La indiferencia y el desprecio en su voz habían sido el golpe final, la confirmación de que el hombre que había amado se había ido. Él había negado la vida que yo ahora sostenía.
Acaricié su diminuta mejilla con un dedo. Estaba sucio, su frazada olía a abandono, pero era cálido. Era mi responsabilidad ahora. Si iba a morir, lo haría sabiendo que este niño estaría seguro y amado.
—Nikolai —susurré, probando el nombre. Sonaba bien. Fuerte. Un nombre que no se arrepentiría de llevar—. Eres mi hijo ahora. Y nadie te tocará.
Lo estreché más contra mí. La mafia, mi enfermedad, todo importaba menos que esta pequeña vida. Por primera vez en meses, sentí que mi corazón, ese músculo cansado, se calentaba.
Estaba en mi habitación, sentada en la cama, todavía acunando a Nikolai. La gran mansión de los Nikolaev, a pesar de la reciente explosión de furia, se sentía más segura que cualquier otro lugar en este momento. Mi mente ya estaba organizando la logística: leche de fórmula, pañales, ropa limpia.
La puerta se abrió suavemente y vi a Anthony, que parecía un gigante incómodo, seguido por una mujer pequeña, de unos cincuenta años, con el pelo recogido y una bata de médico impecable.
—Bella, esta es la Dra. Arleth. Es la pediatra de la familia. Confiamos en ella ciegamente. Es de las nuestras —dijo Anthony, su voz inusualmente baja y respetuosa.
Asentí. Alexander había actuado rápido, priorizando la seguridad del niño, a pesar de mi matrimonio inminente con un rival.
La Dra. Arleth se acercó a la cama con una calma profesional.
—Hola, Bella —saludó, con una media sonrisa—. ¿Puedo examinarlo?
Le entregué a Nikolai con cuidado. Arleth lo colocó suavemente sobre una manta limpia que Khristeen había traído.
—Parece tener alrededor de una dos semanas de vida —comentó Arleth, examinando su piel—. Está muy deshidratado. Necesitamos ponerle un suero oral inmediatamente. Y alimentarlo.
Anthony se tensó junto al marco de la puerta. Yo miraba, sintiendo el pánico subir por mi garganta.
La doctora continuó su examen con metódica eficiencia. Bajó el pañal rudimentario y examinó el torso. De repente, su expresión cambió de profesionalismo a una tristeza helada.
—Dios mío —murmuró.
—¿Qué pasa? —pregunté, acercándome de golpe.
Arleth me miró, dudando un instante, y luego señaló la piel tensa y roja del abdomen de Nikolai.
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Mafia Y Amor [+18]
RomanceAnabella de Angelis lo tiene todo: fama, belleza y secretos. Andrey Nikolaev no cree en el amor, solo en el poder. Él es la mente más temida de la Cosa Nostra. Ella, una mujer condenada por su propio cuerpo. Una pasión incontrolable. Y una verdad qu...
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