Andrey
Me serví un trago de vodka puro, observando a través del ventanal del despacho cómo la nieve empezaba a cubrir los jardines de Nueva York con un manto gélido. Un mes. Un maldito mes desde que el mundo se prendió fuego y nosotros apenas logramos salir de las cenizas.
Anabella ya caminaba con paso firme, recuperando esa elegancia felina que me volvía loco, aunque sus ojos seguían buscando a Valentina en cada esquina de la casa, como si esperara que su fantasma saliera de entre las sombras para reclamar la vida que le había entregado. El trasplante había prendido; sus mejillas tenían ese color rosado que me devolvía el alma al cuerpo cada vez que la miraba, pero la sombra de la muerte de su hermana era una mancha que ni todo mi dinero ni todo mi poder podían lavar.
Escuché pasos pesados en el pasillo. No necesitaba girarme para saber quién era. El aire en la habitación se volvió denso, cargado de esa estática violenta que Alexander cargaba consigo como una maldición.
—¿Sigue igual? —pregunté, dándole un trago al vodka que me quemó la garganta.
—Igual —respondió Alexander. Su voz sonaba como si estuviera masticando cristales rotos.
Se acercó al bar y se sirvió un trago doble. Se veía demacrado. El Capo de Nueva York estaba siendo derrotado por el silencio de una mujer en una cama.
—Es para salvar a tus hijos, Alex —dije, buscando un consuelo que yo mismo no sentía—. Khristeen fue inducida al coma para llegar a término. Los médicos dicen que es la única forma de que su cuerpo no colapse mientras los bebés crecen. Ella es fuerte. Sabes que si pudiera elegir, ella misma pediría que la durmieran con tal de que esos niños nazcan sanos.
—¡Me importa una mierda lo que ella elegiría! —rugió Alexander, estrellando el vaso contra el escritorio—. ¡La quiero a ella! ¡Quiero que abra los ojos y me explique por qué nunca me habló de Alessio! ¡Quiero gritarle y luego besarla hasta que me duelan los pulmones!
Se pasó las manos por el rostro, agotado. La culpabilidad le supuraba por los poros.
—Alessio está bien —le dije, bajando el tono—. Todos lo cuidamos. Nikolai y él ya se buscan con la mirada. Es un Nikolaev, Alex. Se adaptará. Ya sabe que tú eres su padre, no deja de preguntar por ti cada vez que entras a la habitación.
Alexander soltó un suspiro tembloroso, mirando el fondo de su vaso vacío.
—¿Sabes qué es lo que más me jode, Andrey? —murmuró con una vulnerabilidad que me heló la sangre—. Que el niño me mira con sus ojos y me recuerda que ella prefirió sufrir sola antes que confiar en que yo podía protegerlos. Me entregó a un hijo que creía muerto y se hundió en el sueño antes de que yo pudiera perdonarla... o pedirle perdón.
—Ella no se hundió, Alexander. Tú la estás sosteniendo —sentencié, acercándome a él—. Ahora mismo, eres el único puente entre ella y la realidad. Si tú te quiebras, ella no tendrá a dónde volver.
Alexander me miró, y por un segundo, vi al adolescente que nos cuidó y nos rescató a todos cuando éramos niños. El hombre que se cargó el peso de nuestra familia en los hombros cuando el mundo nos dio la espalda.
—No voy a quebrarme —dijo él, recuperando esa frialdad letal en los ojos—. Pero si esos niños nacen y ella no despierta, Andrey... juro que no quedará nada de este imperio. Lo quemaré todo solo para sentir el calor que ella ya no me da.
—No hará falta —respondí, poniendo una mano en su hombro—. Ella va a despertar. Porque sabe que si no lo hace, dejará a tres pequeños lobos solos contigo, y Khristeen tiene demasiado corazón para permitir eso.
ESTÁS LEYENDO
Mafia Y Amor [+18]
RomansaAnabella de Angelis lo tiene todo: fama, belleza y secretos. Andrey Nikolaev no cree en el amor, solo en el poder. Él es la mente más temida de la Cosa Nostra. Ella, una mujer condenada por su propio cuerpo. Una pasión incontrolable. Y una verdad qu...
![Mafia Y Amor [+18]](https://img.wattpad.com/cover/355002054-64-k710882.jpg)