Andrey Nikoleav
—¿En serio estás pensando en trabajar con la Camorra? —Jadeé mientras esquivaba una patada dirigida a mi cabeza. Estábamos en el ring privado de la mansión, ventilando el estrés como solíamos hacer: rompiéndonos el uno al otro.
Arremetí mi puño vendado contra el costado de Alexander, luego lo intenté con una patada en sus piernas y en su lugar recibí un puñetazo en el estómago. Contuve el vómito. Salté hacia atrás, fuera del alcance de Alex. Luego fingí un ataque por la izquierda, pero en su lugar alcé mi pierna derecha. El brazo de Alexander se alzó, protegiendo su cabeza y recibiendo toda la fuerza de mi patada. No cayó, pero retrocedió un paso, el aliento escapando de sus labios en un gruñido. El hijo de puta era una pared.
—No quiero trabajar con ellos. El maldito de Romano tiene las mejores armas del mundo. Y es mejor tenerlo de nuestro lado, que en contra.
Alexander conectó dos golpes rápidos en mi costado izquierdo. Contuve el aliento y le di un codazo en el hombro. Él siseó y se alejó, pero lo atrapé. Su brazo colgaba demasiado bajo. Aproveché el desliz y, con un giro rápido y brutal, disloqué su hombro. Mi movimiento favorito.
—¿Te rindes? —pregunté medio en broma, él sin dar ninguna indicación de que estaba en agonía.
—Ya quisieras. —Alexander me lanzó una mirada de hielo, su respiración era pesada pero controlada. Se sostuvo el hombro, con los nudillos blancos, y con un gruñido gutural, lo encajó de vuelta en su sitio él mismo, antes de lanzarme una patada de barrido que esquivé por poco.
—¡Mierda, Alex! —exclamé, dando un paso atrás. Eso era una locura incluso para él. Su rostro estaba cubierto de sudor y sangre.
—Estoy al 80%. Suficiente para vencerte —dijo, volviendo a su guardia—. En cuanto a la Camorra, necesito que hagas un viaje a Milán. Si Romano acepta la alianza, necesitamos cerrar el trato antes de que Moretti haga cualquier movimiento.
—¿Y qué pasa con Anabella? No pienso dejarla sola con ese puto payaso merodeando.
Me fulminó con la mirada y se lanzó hacia mí. Apenas esquivé sus dos primeras patadas; la tercera me golpeó de lleno en el pecho, un impacto que me cortó la respiración. Me arrojó contra las cuerdas del ring de boxeo y casi perdí el equilibrio, pero me recobré sujetando la cuerda. Me enderecé rápidamente y levanté los puños.
—Eres un marica, Andrey —gruñó Alexander, refiriéndose a mi preocupación por Anabella.
Bajé las manos.
—Entonces, ¿te rindes?
—No —contestó—. ¿Empate?
—Empate —concordé. Nunca había habido nada más que empates en nuestras peleas, excepto durante el primer año en que había sido un niño de doce años, desnutrido y sin saber defenderse. Tomé una toalla del suelo y me limpié la sangre y el sudor del pecho y los brazos.
Le lancé una toalla limpia y él la atrapó. Se secó el cabello, pero solo logró esparcir la sangre de su nariz rota.
—No te preocupes por Anabella, idiota. Vete a Milán, cierra el trato y vuelve. Necesitamos esa maldita alianza para enterrar a Moretti, y esa es la única protección real que puedes darle a tu "novia".
Estaba en mi penthouse en Manhattan, preparando una valija con la ropa mínima necesaria. Alexander me había dado la orden de ir a Milán y yo no perdía el tiempo. La Camorra no era un juego, y si Romano era la llave para destrozar a Moretti, me aseguraría de que esa llave estuviera en mis manos.
Mi teléfono vibró en la cama. Era Anthony.
—¿Sí? —respondí, mi tono era impaciente.
—Hermano, necesitas saber esto antes de irte. Alice... hubo un incidente.
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Mafia Y Amor [+18]
RomanceAnabella de Angelis lo tiene todo: fama, belleza y secretos. Andrey Nikolaev no cree en el amor, solo en el poder. Él es la mente más temida de la Cosa Nostra. Ella, una mujer condenada por su propio cuerpo. Una pasión incontrolable. Y una verdad qu...
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