Capitulo 24

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Anabella

El doctor O’Connell, el oncólogo que nos había seguido desde Europa, estaba allí con el especialista en terapias CAR-T, un hombre joven con ojos exhaustos.

Me senté en la silla de cuero, sintiendo el peso de Andrey a mi lado. Él me sostenía la mano, su pulgar trazando círculos lentos y constantes sobre mi muñeca. Era su forma silenciosa de anclarme, de recordarme que estábamos juntos en esto, sin importar la verdad que estuviera a punto de caer sobre nosotros.

El doctor O’Connell no se anduvo con rodeos. No había piedad, solo ciencia.

El especialista deslizó una carpeta gruesa sobre la mesa de acero. El sonido del papel fue el único ruido en la habitación.

—Anabella —comenzó, su voz neutra, profesional—. Hemos analizado los resultados de la primera fase del ensayo. La toxicidad fue manejable, sus células T se expandieron como esperábamos, pero…

El doctor O’Connell me miró, y no necesitó palabras. Su expresión sombría me golpeó como un puñetazo en el estómago.

—El tratamiento no funcionó —dije yo, completando la frase por ellos, forzando la voz a salir plana—. Las células no están atacando.

El especialista asintió, lentamente.

—Es correcto. El cáncer, Anabella, es demasiado agresivo. La carga tumoral no sólo no ha disminuido, sino que ha mostrado una expansión significativa desde la infusión. Las células CAR-T no están logrando la remisión.

La remisión. Esa palabra era el billete de lotería, y acababa de romperse.

Sentí que el mundo se hacía pequeño, encajando en el hueco frío de mi estómago. Todo el dolor, el vómito, el sacrificio, la mentira a Andrey... todo había sido en vano.

Mi mano se contrajo instintivamente sobre la de Andrey.

Se acabó. Esto es todo. No hay plan B. No hay otra carta. Le fallé a mi bebé, le fallé a Khristeen, a Luca, y lo que es peor, le fallé a Andrey. No voy a volver a casa sana. Voy a volver en una caja.

El agarre de Andrey en mi mano se hizo más fuerte, casi doloroso. Un mensaje silencioso: No te rompas. No te rindas.

—¿Qué significa "expansión significativa"? Deme los números.

El especialista se sintió visiblemente incómodo ante la autoridad de Andrey, pero obedeció.

—Significa que tenemos que volver a la quimioterapia paliativa para controlar la enfermedad mientras evaluamos otras opciones. Pero, francamente, el tiempo se ha agotado. El trasplante alogénico (de donante) sigue siendo la única cura potencial. Pero su estado es demasiado delicado ahora mismo.

—Donante compatible —dijo Andrey, la palabra sonando como una orden—. ¿Han encontrado un donante compatible que no sea Valentina Moretti?

—Señor Nikolaev, hemos revisado todos los registros internacionales. No hay ningún donante 100% compatible. Solo ella.

Me levanté de la silla. La neblina de la desesperación me envolvió.

—¿Cuánto tiempo?

El doctor O’Connell se pasó la mano por la nuca.

—Anabella, la esperanza de vida se ha reducido drásticamente. Necesitamos actuar ahora. Si no conseguimos ese trasplante pronto, hablamos de semanas, quizás meses, si la quimio es efectiva.

—Doctor —dijo Andrey, su voz era un susurro frío que helaba la sangre—. Usted va a mantener a mi mujer viva. Va a usar todos los malditos recursos de este hospital. Y si ese Donante aparece, usted estará listo. ¿Entiende?

Mafia Y Amor [+18]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora