Andrey
Llevaba dos horas de vuelta en la oficina, intentando concentrarme en la mierda de Camilo Ferrera. La venganza por lo de Bella era un plato que se serviría frío, pero primero tenía que entender las implicaciones. Le había gruñido a Alexander tres veces por un informe mal hecho, pero mi mente estaba en la habitación, con Bella.
Ella me había echado con ese tono de "Estoy bien, ve a trabajar" que no me convencía en lo más mínimo. Pero necesitaba demostrarle que confiaba en su recuperación.
Miré el reloj. Se habían cumplido los veinte minutos de mi autoimpuesta "tolerancia". El teléfono de la suite sonó una vez. Esperé. Sonó una segunda vez. Mierda. Nadie contestaba.
Un escalofrío me recorrió la espalda. Sentí el instinto primitivo de un hombre que sabe que le han robado lo más valioso.
Me levanté del escritorio con tal brusquedad que la silla giró y golpeó la pared. No esperé al ascensor. Bajé las escaleras a zancadas, mi traje crujiendo con la prisa. Atravesé la mansión como un huracán. Los guardias se apartaron de mi camino.
Llegué a la suite, abrí la puerta sin tocar.
La cama estaba vacía. Las sábanas estaban revueltas, pero no había rastro de mi gatita.
—¡Anabella! —Mi voz resonó en la habitación, un rugido de pánico puro.
Corrí al baño. Vacío. Al vestidor. La puerta estaba abierta. Su ropa de hospital ya no estaba, y una de sus maletas grandes no estaba en el estante.
Me acerqué a la mesita de noche. El teléfono desechable que le había dado para emergencias estaba ahí, envuelto descuidadamente en una manta. Lo agarré. Era una maniobra demasiado obvia. Ella era más lista.
¡Maldición!
Salí de la suite disparado. Encontré a la guardia de ese turno cerca del pasillo de servicio.
—¡Tú! —Gruñí, agarrando a uno de los hombres por el cuello—. ¿Dónde está la Señora De Angelis?
El guardia se puso pálido.
—Ella se fue hoy en la tarde, señor.
Solté al guardia.
—¡Llama a Anthony! ¡Bloquea todos los aeropuertos y carreteras! ¡Quiero saber dónde está cada puta persona que haya hablado con ella en los últimos tres días! ¡Ahora!
El miedo se había convertido en furia ciega, absoluta. No iba a permitirle huir de mí. Ella era mía.
Khristeen estaba en la sala de estar de la mansión. La encontré con Alice, que estaba intentando consolarla. Ambas se levantaron de un salto cuando entré.
Mi presencia llenó la habitación de una furia palpable.
—¿Dónde está Anabella? —Mi voz era un gruñido bajo y peligroso.
Khristeen parpadeó, y por un segundo, vi el miedo genuino bajo su furia.
—¿Qué? Está en su suite. Ordenaste que...
—¡No mientas, Khristeen! —Grité, golpeando la mesa de café de cristal con el puño—. ¡Salió de aquí hace menos de una hora! ¿Dónde se fue?
—¿Se fue? No lo sé. Ella me... me echó. Tuvimos una pelea, Andrey.
—¡Me importa una mierda tu melodrama, Khristeen! —La agarré del brazo—. ¡La sacaron del quirófano hace un día! ¡Perdió sangre! ¡Necesita atención! ¡Si le pasa algo, te juro que ni la organización ni Alexander te van a salvar de mí!
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Mafia Y Amor [+18]
RomanceAnabella de Angelis lo tiene todo: fama, belleza y secretos. Andrey Nikolaev no cree en el amor, solo en el poder. Él es la mente más temida de la Cosa Nostra. Ella, una mujer condenada por su propio cuerpo. Una pasión incontrolable. Y una verdad qu...
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