Anabella
Caminé por el pasillo con los talones golpeando el suelo, marcando un ritmo de guerra que Andrey intentaba frenar con su sola presencia detrás de mí. Lo vi a lo lejos. Alexander estaba de pie frente a un ventanal, con el teléfono pegado a la oreja y la otra mano hundida en el bolsillo.
A su lado, Alice lo observaba con esa mezcla de lealtad y cansancio que todos compartíamos. Sostenía unos documentos, esperando una orden que probablemente tenía que ver con sangre o dinero, las únicas dos cosas que a Alexander parecían importarle desde que Khristeen despertó.
—No me importa el precio, Romano —decía Alexander, y su voz era un látigo gélido—. Quiero que los rastrees hasta el último agujero de Italia. Si Camilo tuvo ayuda, quiero los nombres. Y luego, quiero sus cabezas en una caja.
—Alexander —lo llamé, pero él ni siquiera se giró.
—Te llamo luego —sentenció al teléfono y colgó. Se quedó mirando el cristal, ignorándome por completo. Alice me lanzó una mirada de advertencia: «No es el momento, Anabella». Pero para mí, ya no había momentos perfectos. Solo había una bebé en una caja de plástico que necesitaba a su padre.
—¿Hasta cuándo, Alexander? —solté, deteniéndome a un metro de él. Andrey se colocó a mi espalda.
—Ahora no, Anabella —respondió él, sin mirarme—. No tengo paciencia para tus quejas. Alice tiene asuntos de la organización que requieren mi atención.
—¡Me importa una mierda la organización! —le grité, y vi cómo Alice daba un paso atrás, asustada. Tu hija está a cincuenta metros de aquí, luchando por cada maldito respiro, y tú estás planeando matanzas por teléfono.
Alexander se giró lentamente. Sus ojos estaban inyectados en sangre, rodeados de ojeras tan oscuras que parecían moretones.
—Cuidado con lo que dices —siseó, acercándose a mí—. Estoy asegurando el futuro de este apellido. Estoy eliminando a cualquiera que se atreva a mirar a mi familia otra vez.
—¡Tu familia se está muriendo de soledad en esa incubadora! —le espeté—. Esa niña es una mezcla perfecta de Khristeen y tú. Tiene tus ojos, Alexander. Y tú no has ido a verla en dos semanas porque eres un cobarde que no puede soportar ver algo que no puede controlar con un arma.
—¡Basta! —rugió él—. ¡No te atrevas a llamarme cobarde! ¡He enterrado a un hijo que no llegué a cargar!
—¡Entonces no pierdas a la que te queda! —le grité de vuelta, ignorando el tirón de advertencia de Andrey en mi brazo—. Si Khristeen supiera que abandonaste a su hija por ir a cazar fantasmas, ella misma te pegaría un tiro. Ella está peleando allí dentro, Alexander. ¿Y tú? Tú te escondes detrás de tus muros.
Alexander me miró como si quisiera borrarme de la existencia. Dio un paso hacia mí, invadiendo mi espacio, pero yo no retrocedí.
—Andrey, llévatela —ordenó Alexander—. Antes de que haga algo de lo que todos nos arrepintamos.
—No me voy a mover —sentencié—. Andrey, suéltame. Alexander, vas a ir conmigo a ver a tu hija o te juro que...
—¿Qué? ¿Me estás amenazando? —su mandíbula se tensó peligrosamente.
—Te estoy advirtiendo, Alexander. Si no vas a ver a tu hija, haré que Khristeen se divorcie de ti.
—¿Me estás amenazando con mi esposa, Anabella? —su voz bajó a un susurro que me erizó la piel—. Khristeen es mía. Está unida a mí por la sangre, por la ley y por cada pecado que hemos cometido juntos. Ni tú, ni el cielo, ni el infierno van a separarla de mi lado.
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Mafia Y Amor [+18]
RomanceAnabella de Angelis lo tiene todo: fama, belleza y secretos. Andrey Nikolaev no cree en el amor, solo en el poder. Él es la mente más temida de la Cosa Nostra. Ella, una mujer condenada por su propio cuerpo. Una pasión incontrolable. Y una verdad qu...
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