Capitulo 14

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Andrey

Entré al gimnasio privado, que a estas horas de la madrugada estaba silencioso y oscuro. El aire olía a cuero viejo, metal y un rastro tenue de sudor.

Vi a Alexander sentado en el sillón de cuero, un sillón que normalmente estaba inmaculado. Desde que se casó ha estado más sentimental, más... volátil. Estaba bebiendo con furia directo de la botella. Había perdido el control, algo que rara vez se permitía. Su traje estaba arrugado y su corbata aflojada. La pose de Capo se había derrumbado.

Me senté a su lado. La luz de la luna que entraba por el ventanal se reflejaba en el vidrio ámbar de la botella de Branca Menta.

—¿Una mala noche?

Sabía que no se trataba de un negocio. Se trataba de un fracaso personal.

Alexander no me miró. Tomó un trago largo y fuerte.

—Estoy perdiendo el control, Andrey.

—¿Qué ha pasado?

Alexander dejó escapar un gruñido.

—Ella me hace perder el control. Ella me hace… mierda, hermano. Nunca me había sentido así. Es como si el maldito control de mi propia vida se hubiera ido. Ya no sé si tomo decisiones por el imperio o por ella.

Lo miré, sintiendo un escalofrío de reconocimiento. Conocía ese pozo. Lo conocía cada vez que pensaba en Anabella.

—¿Qué hizo esta vez?

Alexander finalmente me miró, y sus ojos estaban inyectados en sangre, no solo por el alcohol.

—Me amenaza, me desafía. Y luego me mira con esa jodida inocencia y me desarma. Me hace sentir débil. Me hace querer rendirme.

—Alexander, estás ebrio. Solo ve a dormir.

—¡No estoy ebrio! —gritó, golpeando el brazo del sillón—. Estoy jodidamente enamorado, y eso es una debilidad que no puedo permitirme. Ella me dijo que si quiero que me respete, debo empezar por respetar sus decisiones. ¡Y tiene razón, maldita sea! Me está forzando a ser mejor, y la odio por eso. La odio por necesitarla.

Alexander tomó otro trago, casi vaciando la botella.

—Solo dime cómo lidias con eso. Con Anabella. Con ese control de mierda.

Tomé la botella de su mano y di un sorbo, sintiendo el ardor mentolado.

—No lidiamos con eso, Alexander. Nos rendimos.

Él me miró con incredulidad.

—¿Qué demonios significa eso?

—Significa que ella es el centro de tu jodido universo ahora. Tienes que reorganizarte, tienes que construir el imperio alrededor de ella. Deja de luchar. La guerra que tienes que ganar no es contra ella, es contra ti mismo y tu necesidad de control. Te hace mejor. ¿No lo ves? Te hace humano.

Alexander me sostuvo la mirada.

—¿Y tú te rendiste con Anabella?

—Me arrodillé, hermano. Y me levanté más fuerte. Ella es el único punto de luz en esta mierda que llamamos vida. Y eso, Alexander, es la única cosa que vale más que todo este jodido dinero.

—Gracias, hermano. Necesitaba oír eso.

—Ahora, sé un hombre. Ve a decirle que la necesitas antes de que te quedes sin ella por tu estúpido ego. 

Entré a mi habitación y estaba vacía. Miré la hora. Anabella debería haber aterrizado hace una hora.

Tomé mi teléfono y marqué su número.

Mafia Y Amor [+18]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora