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Qᴜɪꜱɪᴇʀᴀ ɴᴏ ᴛᴇɴᴇʀ ᴍɪᴇᴅᴏ ᴅᴇ ᴅᴇᴄᴇᴘᴄɪᴏɴᴀʀᴛᴇ
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Creo que lo más jodido de despertar después de estar casi un mes inconsciente no es el dolor que sientes por las heridas o lo entumecidas que están tus piernas por el nulo movimiento que tuvieron en todo ese tiempo. Creo que lo más duro es darle una explicación a la persona más cercana a ti. No tienes ni idea del poder que tienes en las personas.
Abrí los ojos lentamente, la luz me cegaba y me costó unos momentos recordar dónde estaba y qué había pasado. Todo mi cuerpo dolía, pero el dolor más intenso venía de mi hombro. Escuché una voz y giré la cabeza con esfuerzo para ver al doctor a mi lado.
—Muy bien, Jin, es bueno que te hayas despertado. Mucha gente vino a visitarte mientras todavía dormías.
—Me duele mucho el hombro —murmuré, intentando moverme un poco para encontrar una posición más cómoda.
—Eso es porque tuvimos que poner sesenta y seis puntos en el hombro. Treinta y tres por delante y treinta y tres por detrás —explicó con una sonrisa que intentaba ser tranquilizadora.
Sentí una punzada de preocupación y otra de alivio. —¿Cómo está el niño?
—¿Hablas del muchacho? Él está en perfectas condiciones. Salió dos semanas después de que llegara. Por ahora preocúpate por ti misma. Ah, y ya llamé a tu padre, debe estar en camino.
—Minato no es mi padre, él es mi hermano —aclaré, sintiendo un nudo en el estómago al pensar en cómo le afectaría todo esto.
—¿Cuántos años llevan? —preguntó sorprendido.
—Catorce años —respondí incómoda, tratando de no pensar en cuánto me preocupaba Minato.
—Vaya... déjame decirte que eres su versión femenina —comentó con una sonrisa cálida.
—Me lo han dicho, varias veces —respondí, recordando las ocasiones en las que había escuchado eso.
—Voy a revisar si tu hermano ya llegó, y le diré a las enfermeras que te traigan de comer —me dijo antes de salir de la habitación.
Miré hacia la ventana, estaba empezando a atardecer. ¿Cómo le diré a Minato lo que pasó en esa misión? ¿Cómo le diré a todos...?
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