DESCONOCIDOS... CONOCIDOS

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Las sombras existen. Aún en medio de la oscuridad, se las ingenian para coexistir y difundir.

En el mundo humano, existen como personas que te arrebatan a quienes más amas. Aún sin ser su culpa, terminas odiando a esas manchas antropomorfas que clavan un puñal en la espalda.

Pero, ¿cómo luchas contra una figura que se materializa en otro hombre que, no tan solo te arrebata al amor de tu vida, sino que ha trabajado con empeño para sustituir tus recuerdos por los de él en su memoria?

En contados segundos, el tiempo se paró en aquel parque escondido, el espacio se suspendió en el vacío del mismo tiempo; una lágrima cayendo desde el borde del olvido hacia el suicidio del suelo, rompiendo con el encanto del encuentro y el relámpago de una voz insoportablemente preocupada. "¡Alma! ¿Estás bien?"

—Si, Juan, estoy bien—y su voz con marcado hastío me despertaba al aquí y al ahora, sin remedio.

—Vamos a casa. Tu madre está enloquecida.

—No es para tanto Jin. Siempre hago lo mismo. Si ella aprendiera a entenderme, no la pasaría tan mal.

Trataba de entender lo que decían. Recordé aquellos tiempos en que Alma escribía o hablaba en español para evitar que yo descubriera sus sorpresas. Fue así como aprendí a comprender algunas frases y palabras.

—¿El señor es...?—continuó el tipo que se hacía llamar Jin.

—Solo alguien que encontré aquí—se apresuró ella—solo me acerqué a preguntarle si estaba perdido. "¿Por qué dijo eso?" 

No estaba perdido, estaba confundido y dolido. Pero alguna razón tuvo en apresurarse a decirle a aquel sujeto que yo estaba perdido y le pedía indicaciones.

–¿Acaso entiende lo que le dices Alma?–habló Jin con un dejo de incredulidad en la voz.

–La verdad es que no se bien Juan. Creo que me habló en algún idioma asiático pues no le entendí. Comprendí que estaba perdido por ñas señas que hacía con sus manos. Me preocupé y quose ayudarlo.

Sinceramente no sé si ese hombre se había tragado toda la mentira que Alma le iba soltando.

–Trataré de ver si habla inglés. Quizás así pueda indicarle.

¿Por qué decía eso? Si ella hablaba perfectamente el coreano.

–Puede que yo lo ayude. Sabes que soy coreano y, quizas, él lo sea.

"¡Ah! ¡Ahora comprendo! Ella quiere comunicarse conmigo sin que el famoso Jin sepa", mi mente había hecho un clic demasiado drástico ¿Era esta una señal? Así que pensé en seguirle el juego a Alma para tratar de confundir a Jin y lograr ganar algo de tiempo y poder comunicarme con ella.

–Hangug saram hiehió? (Eres coreano?)–preguntó Jin en un perfecto hangul

Mi rostro solo reflejó una mueca de no entendimiento, haciéndole creer que no sabía hablar mi propia lengua materna.

–Deja Juanse, voy a intentar con el inglés–intervino ella mirándome fijamente. Pero, ¿por qué insistía con el inglés?

–Can you speak english?–me sorprendió la voz de Alma en ese idioma.

"Yes, a bit" Mi respuesta salia convincente.

"¿Qué dice, Alma?" Y ahí estaba la respuesta: Juanse no sabía inglés; Alma quería algo de mí y por ello lo despistaba.

"Que no sabe mucho" ¿Que quieres hacer, Alma? ¿Por qué lo desvinculas de esto?

Sin mediar más, ella le dió la espalda y, casi en un susurro, continuó hablandome.

–¿Puedes prestarme tu celular?–me dijo rápido y firme. Moví mi cabeza afirmativamente, mientras sacaba mi movil del bolsillo interno de mi chaqueta.

–¿Podrías desbloquearlo? Quiero anotar mi número. Necesito hablar contigo, por favor–y en su pequeña carita se reflejaba un brillo de anhelo y desesperación.

Hice lo que me pidió, tecleando su número y etregándome nuevamente el movil. En ese momento, Jin ya se acercaba a nuestro lado.

–¿Pudiste indicarle lo que necesitaba?

–Algo. Es muy difícil explicarle algo a un extraño y que sabe poco inglés. Terminé aconsejandole que vaya a la oficina de turismo–le contestó Alma en un lento español ¿Quería, acaso, que entendiese lo que le estaba mintiendo a su amigo?  ¿Cómo ella sabía que entendía español?

–Thank you, ladie–es lo único que le dije. Me volví hacia Jin y lo saludé con una reverencia y un claro "arigatō". Les dí la espalda y comencé a caminar apresuradamente, mientras a lo lejos escuchaba un reclamo de Juan Sebastian. "Si me hubieses dejado, habría llegado a saber que el tipo era japonés". Mi boca se curvó en una amplia sonrisa. Hacía tres interminables años que no me sentía tan vivo y Alma había logrado sacarme del sopor de la tristeza. Había una oportunidad y se estaba gestando. Me restaba no desperdiciarla.

EL GRAN PREMIODonde viven las historias. Descúbrelo ahora