CONFESIONES BAJO LAS ESTRELLAS

9 2 1
                                        

El cielo nocturno de Buenos Aires no es tan diferente al de Seúl, pero si al de mi Busán natal, con menos edificios, luminaria shockeante, smog asfixiante.

El Río de la Plata también está a orillas de esta ciudad, así como el río Han... pero, ahora, todo eso no es importante; lo único que me interesa ahora es hablar con mi amiga, con mi hermana de la vida, Alma.

En estos momentos, contemplo su perfil inolvidable, y que a la vez es totalmente desconocido para mi. Su cabello corto y teñido de negro azabache, hace que su piel se vuelva más lechosa y sonrosada; aún en la penumbra, la luz de la luna llena acompañada de la de las estrellas la vuelven un hada mítica en una ciudad suicida. Su fisonomía demasiado delgada no es de mi agrado, pero cuando mis ojos reparan en su vientre suficientemente abultado en sus cuatro meses, una sonrisa cálida se dibuja en mi rostro. Trato de recostarme en el respaldo del sillón de hierro, buscando que una sombra amiga cubra mi nudo en la garganta y el estómago, recordando que así debe haber estado cuando huyó de Nam, de omma Choi y de mí. "Amiga, ¿acaso tendrás miedo de que todo se vuelva a repetir?", mi mente divaga por la cornisa del balcón.

–No volverá a suceder. No te preocupes, no se repetirá–su voz me asusta por haber roto el silencio y por la sorpresa de coincidir con mi pensamiento.

–¿Cómo lo adivinaste?–mi voz se escuchaba sorprendida–hace más de media hora que estamos aquí sin decir nada y me sales con esa afirmación ¡Bueno! Por lo menos se que seguimos demasiado conectadas a nuestro hilo rojo–le digo mientras río con nostalgia y levantando mi lata de cerveza, para chocarla con su vaso de limonada.

–Era cuestión de observarte un poco, Lisa, y luego añadirle los años de conocimiento para saber lo que estabas pensando y...

–Tengo miedo, Alma–interrumpí su explicación.

–Yo también, solo que un poco menos del que tuve cuando estaba con Namjoon.

– Y eso, ¿por qué ahora?–de cierta manera sabía la respuesta, pero necesitaba entender el amplio trama de todo esto.

–Porque volví a encontrar mi norte, amiga. Jamás debí separarme de Seokjin. Él siempre me dió certezas más que incertidumbres. Con él no hay noches en vela dando vueltas alrededor de una casa que no es mía tratando de conciliar un sueño sin descanso. Con Jin no hay mañanas vacías en compañía de alguien que intentaba ser tu familiar pero no lo era. Kim Seokjin me da seguridad, tranquilidad, equilibrio; algo que Kim Namjoon nunca me dió, y cuando lo intentó solo fue para volver a equivocarse y echar todo por la borda.

Asiento lentamente a lo que dice, mientras la veo suspirar hondamente. Sé que ese suspiro no es de alivio, es más bien de pesar y de angustia.

–Pero aún así sigues angustiada, Alma–se voltea a mirarme asombrada–Sigues pegada a la identidad de Nam. No lo dejaste ir del todo, ¿verdad?–la veo abrir la boca y me apresuro a interrumpirle–¡espera! Antes de contestarme eso, reformulo la pregunta: ¿quieres dejarlo ir, amiga?

Vuelve su mirada hacia el horizonte oscuro. Su mano derecha sube rápida a atrapar un par de lágrimas que descuidadamente intentan escapar. Vuelve a suspirar, pero esta vez, el suspiro está plagado de tristeza desesperante.

–¿Cómo puedo dejarlo ir, Lisa, si él me hizo lo que soy? ¿Cómo olvidarlo y borrarlo si aún lo amo con todo mi corazón?– y un llanto copioso pero susurrante lava todo su rostro y su culpa.

–¿Y Seokjin, entonces?– mi angustia se torna una ansiedad desmedida. No estoy entendiendo a esta mujer, pero a la vez comprendo lo complicada que es la situación.

–Juanse es mi alma gemela, por eso me da tanta paz y sosiego. Por eso renuncié a seguir atada al suplicio de Nam, porque a Juanse también lo amo con todas mis fuerzas. Hay veces en que pienso en lo perfecto que hubiese sido Namjoon con una personalidad, carácter y calidez como las de Jin–me confiesa mientras se seca los ojos con la manga de su sueter.

–¡Ay, amiga! Qué complicada la hiciste, ¿eh?–digo, mientras extiendo mi mano para agarrar la suya.

–¿Lo viste antes de viajar?–me pregunta y yo le respondo asintiendo–¿Cómo está? ¿Cómo es su aspecto ahora?

–Pues... parecen haberle caído todos los años encima, amiga. Se nota que ha madurado por los golpes de la vida; su cabello es plateado en sus sienes. Sinceramente, es un viejo interesante–río al decir lo último, para poder mitigar un poco la pesadumbre de las palabras.

Alma ríe despacio, mientras toca su vientre de manera distraída, como si esa acción la remontara al pasado.

–¿Sabes? Botón de oro tendría cerca de tres años si no hubiese...–y sus labios se detienen abruptamente antes de decir lo que duele demasiado.

–Sino hubiese ocurrido el accidente‐ termino su frase.

–Alma, soy una fiel creyente de que nada se da porque sí o porque no. Creo que todos nacemos con planes trazados que vamos concretando a medida que vivimos. El plan de "Botón" se trazó hasta donde debía llegar, así como se está encaminando el tuyo, el mío y el de los dos hombres de tu vida.

–Lisa, yo...–y el llanto se vuelve a reanudar. Me levanto y me acerco, me acuclillo a su costado y la abrazo.

–Niña mía, nada fue tu culpa y tampoco de aquellos dos. Como te dije, era el plan que ya estaba trazado– y ciño mi abrazo pegando mi frente a su sien.

Estuvimos acunándonos por el espacio de otra media hora. Las estrellas parecían brillar mucho más que cuando nos sentamos aquí. Me levanto y sigo a mi asiento y estiro exageradamente mis piernas.

–Creo que Nam no es el único viejo. Ya no estoy en edad para estar tanto tiempo en cuclillas.

Alma suelta una carcajada cristalina que tranquiliza mi pecho y lo llena de alegre calor.

–¿Sabes qué podemos hacer?– le digo en un arrebato de espontaneidad–podemos planificar tu boda con Seokjin, ¿qué te parece la idea?

–¿Cccc...cccómo? ¿Planificarás conmigo mi boda? ¿Eso significa que te quedarás más tiempo?–y su voz se hace más fuerte y más chillona; eso ocurre cuando Alma está completamente feliz.

–¡Pues claro! ¿Pensabas que te ibas a librar de mí? ¿De tu mejor dama de honor? ¿De la madrina del bebé?–finjo estar ofendida, poniendo a Alma más divertida.

–Querrás decir "la" bebé, querida tía madrina Lisa.

Mi corazón no puede ser más dichoso; en una noche tan parecida a la de Seúl, de pronto, el cielo se vuelve similar al de Busán: las estrellas y la luna manchan nítidamente el negro extraviado del firmamento... o a mi me parece todo tan magnífico desde la perspectiva de la felicidad.

EL GRAN PREMIODonde viven las historias. Descúbrelo ahora