CELOS

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El departamento no era grande, pero tenía la paz, la luz y el silencio que necesitaba. Me fui de la casa de mi madre y lejos de Seokjin para poder cerrar el ciclo y la historia que habíamos tenido con Namjoon.

Después de su partida, mi vida había quedado hecha girones, en medio de un vendaval de verdades, confusiones, pérdidas y tristezas. Necesitaba un espacio vacío para encontrarme a mi misma y así poder preguntarme qué había hecho durante todo este tiempo.

Había leído hasta el hartazgo, una y mil veces, aquel diario en donde se reflejaba la felicidad fugaz de haber compartido un matrimonio a tropezones, la dicha de hacer magia con un hijo y el dolor de perder todo en un abrir y cerrar de ojos. Escuché hasta quedar sorda los latidos apurados del minúsculo corazón de mi pequeño botón de oro e imaginé una vida de cartón, brillantina e ilusión junto a mi bebé y su padre. Sin embargo, con los meses, esa fantasía se desdibujó pues, todo lo que existe continúa y... yo debía continuar... a pesar de no querer.

Me olvidé de todo y de todos; me acordé de mi e hice pie para impulsarme a salir a la superficie del mar negro en el cual había estado ahogada casi desde siempre.

Quise empezar a vestirme con colores, salir al mundo, escuchar algo más que palabras. Quise comenzar a quererme a mi misma posicionándome en el presente.

Cuando tuve la seguridad de todo ello, decidí ir en busca de Juan Sebastián. Nam me había dicho que apostara a un camino junto a él. De cierta manera tenía razón: Kim Seokjin era el otro amor de mi vida, el primer hombre que amé y aún amaba.

Me armé de valor y le envié un mensaje a su chat. Había dos opciones: que no me contestase y me dejara en visto (me lo merecía, lo había ignorado tanto que desistió en continuar escribiéndome y, seguramente, estaba molesto) o que lo hiciera: que me contestara. Apostaba por la segunda opción pero, tristemente, se decantó por la primera.

Luego lo llamé, pero parecía haber apagado el móvil. No niego que me molestó enormemente esa actitud: luego de que le escribiese, apagó el celular para que lo dejase de molestar; pero debía comprender, me había portado muy mal con él. Quizás, lo mejor hubiera sido dejar todo allí y desistir. Aún así, debía agotar todos los recursos; quería con ansias hablar con él y explicarle mi comportamiento, quería decirle que lo amaba y lo extrañaba. Me encontré tomando un taxi fuera de mi edificio y dirigiéndome a la casa de Jin.

Dentro de mí había una mezcla de sentimientos, nervios, euforia, miedos: al rechazo, a no encontrarlo, a
encontrarlo, a que no me rechace. Eran muchas cosas en tan poco tiempo, pero era lo que necesitaba. Él era el sello para finalizar mi ciclo con Namjoon.

Bajé del vehículo frente a su casa. Me quedé parada allí por el espacio de diez minutos aproximadamente. El nudo en mi estómago parecía una roca a medida que delante de mí aparecían algunos escenarios posibles al presentarme allí. Sacudí mi cabeza despojándome de las últimas conjeturas. "Alma Uribe... Kang Alma. No des más vueltas y ve hacia esa puerta. Del otro lado te espera el futuro que tanto soñaste. Es ahora tu oportunidad" mis pensamientos me empujaban hacia adelante.

Tomé coraje y caminé hacia la entrada de la casa. Presioné la campanilla de llamada y esperé. Creo que fueron los segundos más eternos de mi vida. Iba a apretar nuevamente, cuando la puerta se abrió y... mi alma... se estrelló en el suelo. Frente a mí no aparecía la imagen del hombre que buscaba; al contrario, la figura ante mi era la de una esbelta mujer de cabellera fuego, ojos felinos entre latinos y asiáticos y sonrisa gentil.

–¡Hola! ¿Buscas a Seokjin?– preguntó amistosamente. Se notaba que era buena gente, pero algo dentro mío me decía que era mi oponente ¡y vaya que lo era! Lo siguiente que experimenté –antes de contestarle–fue un calor, parecido al del infierno  en mis vísceras, y que se propagaba hasta mi cerebro. Sentía el crepitar de la materia gris fundiéndose en los celos, quizás infundados, quizás tontos, pero ahí estaban.

EL GRAN PREMIODonde viven las historias. Descúbrelo ahora