EL PESADO VELO DEL DESTINO

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"Desde la ventana de la que, alguna vez, fue nuestra casa" La caligrafía de Nam era inconfundible: rápida, precisa, pero delicada y bien cuidada.

Su carta había llegado hace una semana atrás, pero no me animaba a leerla. Elegí este día, nublado, con lluvia plomiza... el día de mi boda con Jin. Según las tradiciones supersticiosas de esta tierra latino occidental, si durante la jornada en la que se celebraba la boda caía lluvia, la novia lloraría profundamente. La superstición no se equivocó, solo se atrasó un poco; venía llorando desde mucho antes, luego de que el cartero dejase el sobre y yo leyese el remitente: "Para Alma Kang. De Kim Namjoon".

"Comencé a imaginar lo que podría haber sido nuestra vida juntos y con nuestro hijo o hija" "¡Por favor, no! ¡No me hagas esto Nam!" La voz dentro de mi cabeza gritaba empapada ya en llanto ¿Podía ser tan cruel y egoísta? ¿O yo era la única que tenía permitido soñar, imaginar, ser feliz o sufrir? Namjoon tenía todo el derecho de expresarse, de abrir su corazón y descargar todas sus miserias, dolores, ese cáncer que se llama arrepentimiento y que carcome en vida, pero este no era el momento.

"¿Entonces cuándo, Alma?" Las palabras de Lisa golpearon mi mente volviéndome hacia el día que recibí la carta "¿Cuándo sería el momento oportuno para que Nam se disculpara?" Tenía razón. Quizás en ese instante debí leerla, pero mi temor a dudar o a flaquear me habían retenido.

Cuando abrí el sobre, las manos me temblaban horriblemente, la cabeza me daba vueltas: un claro ataque de pánico se vestía lentamente con mi vestido nupcial. Me obligué a arrebatárselo a base de respiraciones profundas y pausadas, cerrando  los ojos y entregándome a la penumbra de un blanco mental.

Lisa estaba a mis espaldas, masajeando mis hombros en silencio. Ella había aprendido a captar el momento en que el pánico me estrangulaba y había aprendido también a rescatarme.

–Vamos, linda, no hay nada de qué lamentarse. Este era el momento de abrirla: con el vestido puesto, el velo sobre tu tocado y el ramo entre tus manos. Porque esta era la única forma de no renunciar a tu paz–susurró Lisa luego de unos minutos.

"Y me detuve en seco, cuando entendí que eso jamás iba a pasar.
Alma, en esta carta que te escribo, no trato de excusarme y mucho menos pedirte que no te cases y vuelvas conmigo, sería mezquino de mi parte; es solo para contarte que comprendo y acepto las consecuencias de mis actos. Fuí irresponsable, inmaduro, impulsivo, pero, sobre todo, fuí destructivo contigo"

Miré por la ventana mientras pausaba un momento mi lectura. La lluvia se había intensificado, como lo habían hecho mis lágrimas "Si no te amase tanto Nam, no estaría haciendo esto por mi felicidad y por tu tranquilidad" ¡Dios! ¡Amaba a ese hombre como jamás había amado!... Y amaba a Kim Seokjin casi con la misma intensidad. Pero, ¿cuál era la diferencia entre cada amor? Lo distinto residía en que el amor de Jin me había sanado y me había esperado desde la fe y el tiempo, sin lastimar, sin mentir. El amor de Nam se había nublado desde su dolor personal y todo aquel que se le acercara era su enemigo a quien debía exterminar; un amor que calcinaba desde la destrucción y las mentiras. Aún así, lo había amado bajo todo pronóstico desalentador.

"Deseo con toda mi vida que seas feliz mi amor. Deseo que tu hijo o hija sea el bálsamo del dolor que te causé."

"Deseo que Seokjin sea el triple de hombre que yo jamás pude ser contigo; pero, sobre todo, deseo que te olvides de mí y me borres de tu historia"  Reí amargamente ante esta última línea.

–Me pides que te borre, como si eso fuera tan fácil– susurré sobre el papel, como si recitara un sigilo de infinidad. Ya no me importaba el maquillaje, ni el vestido, ni el tocado, nada. Quería salir corriendo de allí y solo recluirme en el pequeño parque, aquel lugar que solo me traía consuelo, y que bajo la lluvia sería el escenario perfecto para volver a olvidar todo como antes.

Lisa me abrazó desde atrás, como tratando de retenerme y armarme a la vez. Sabía que me había terminado de romper por completo con las palabras escritas por Nam.

–Amiga, se de tu amor por ese tonto enorme; también se del que le corresponde al príncipe Juan Sebastian, pero lo que hizo Namjoon no me parece correcto–aseveró con tranquilidad Lisa.

–¿Y qué es lo correcto, ah? ¿Sus palabras o mis acciones? Creo que en esta situación, ambas cosas son correctas. Me he quebrado por completo con la confesión de Nam, Lisa, y estas lágrimas, si bien son de tristeza por el peso de las emociones de él, también son liberadoras. Me dan el pase justo para poder vivir mi amor con Jin sin fantasmas.

Mi amiga me dió vuelta y volvió a abrazarme aún con más fuerza. En ese momento, sentí un leve golpe en la puerta. "¡Amor! ¿Pasa algo? ¿Estás bien?" Era la voz de Seokjin entre suave y preocupada.

–Si te sientes mal, entraré a asistirte– elevó un poco el tono demostrando angustia. Me acerqué rápidamente a la puerta, echándole seguro. "¡Ni se te ocurra, Juan Sebastián Kim! Porque es de mala suerte ver a la novia antes" Mi voz sonaba con urgencia e imperiosa.

–Si de verdad estás en peligro, me importa poco la superstisión Alma–se lo oyó un tanto exasperado.

–¡Amor! ¡Mi Jin!– bajé mi tono endulzándolo y volviéndolo calmo– solo tuve un pequeño percance con el maquillaje. Lo corrijo y voy hacia ti. Aparte, ¿qué novia no se hace esperar?– bromeé para devolverle calma.

–Está bien–afirmó– entonces voy camino a la iglesia. Esperarte un poco más valdrá la pena, Alma. Eres, al fin, la felicidad plena con la que he soñado siempre– se sintió como su palma rozó tiernamente la superficie de la puerta, alejándose luego para irse.

Me senté nuevamente frente al espejo. El rimmel como un río oscuro había abierto un cauce en la máscara facial. Retomé y corregí lo corrido, mientras Lisa me colocaba el velo en el tocado otra vez. Levanté la carta, la puse en su sobre y la rompí en diminutos pedazos, con la idea de que así las palabras del amor de mi vida también se destruirían en mi mente y no volverían jamás. Alcé el ramo de lirios y rosas blancos y junto a mi amiga dejé la habitación del hotel.

"Alma, amor mío. Por último, y para despedirme, quiero que sepas que en esta vida y en las demás que se nos permitan vivir, no dejaré de amarte, no voy a olvidarte y siempre, pero siempre, voy a esperarte.
                         Quien te ama con su vida y es tuyo para toda la eternidad: Kim Namjoon".

La última parte de la carta no quise leerla. Mi miedo más profundo era arrepentirme, voltear y volver con Nam; así que, fuera del templo, no solo me puse el velo de encaje antigüo sobre el rostro, sino que todo vestigio de duda o equivocación también fueron cubiertos por mi futuro más inmediato: Kim Seokjin frente a mí y a Dios y su mano extendida, invitándome a escribir el libro nuevo de nuestras vidas.

¡¡¡AH!!! ¿LO SIENTEN? ¿LO PALPITAN? ¡POR FIN SE VA ACERCANDO EL DESENLACE DE ESTA HISTORIA! ¡GRACIAS POR SEGUIR AHÍ!

EL GRAN PREMIOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora