– ¿Te hiciste los controles, Jin? Sabes que cada tres meses debes hacer la rutina de...
–¡Ay, mi San Liz!– agarré su rostro con mis manos y acaricié sus mejillas con ternura–no deberías cuidarme tanto– bromeé sabiendo que se enojaría ante mi respuesta.
–¡Tú, Kim Seokjin!– me apartó con un leve empujón– ¡sabes bien que esto no es un juego! Y sus ojos destellaron ante la amenaza de lágrimas. Amaba a este ser, pero no de la manera que ella quería: fue mi sostén durante todo este tiempo que pensé que había perdido a Alma. Aún así, solo podía verla y quererla como mi más entrañable amiga. Sabía muy bien el daño que le causaba mantenerla a mi lado; sin embargo, era necesaria su presencia en mis días.
"No llores, linda, no lo valgo. Yo debería estar rendido a tus pies y erigirte en un altar. Haz sacrificado tanto por alguien tan egoista como este tonto", suavicé el momento mientras la abrazaba fuertemente. Sentí como un gran suspiro amortiguaba sus ganas de llorar y un pequeño temblor invadía su cuerpo.
– Liz, tengo miedo–le dije mientras permanecíamos abrazados.
–¿De qué tienes miedo?
–De que las cosas con Alma no salgan como espero; de que no llegue al lugar donde pactamos encontrarnos.
–A ver, Kim Seokjin– se incorporó y dejó de abrazarme– ¿por qué no iría? De lo poco que se de ella, se nota que es una mujer fuerte. No creo que tema por esta situación y te deje plantado.
No se por que razón, las palabras de Park San Liz siempre me daban el sosiego que más necesitaba "¿Por qué no me enamoré de esta mujer?" Mi pensamiento me golpeaba en las sienes y me hacía sentir culpable. Acaricié nuevamente su rostro y agradecí en mi interior contar con su amistad tan bella y pura como ella.
Tenía demasiado miedo. Alma había sido el único amor en mi vida; la había perdido una vez, dos ya sería demasiado. Pero, ¿cómo saber si todo resultaría? ¿Yo no escaparía? ¿Ella no me recjazaría? ¿Algo, acaso, podía darme seguridad?
El hueco en mi estómago ya alcanzaba mi pecho, y un mareo insoportable amenazaba con hacerme perder la cabeza. "¿Te acompaño?", y la voz de Liz me devolvió la estabilidad.
–No mi bella flor heráldica–amaba llamarla así: tan delicada, tan sensible y a la bez tan valiente, tan guerrera–Esto debo hacerlo solo.
–Cualquiera sea el resultado de este encuentro, luego cuéntame–decía mientras besaba mi mejilla y luego desaparecía tras la puerta principal de mi antigüa casa; si, la de nuestra primera vez con Alma.
Mis padres la habían vendido un año después de que Alma se había ido a Corea. En ese entonces, pensé que era lo mejor. Aquel lugar guardaba miles de recuerdos que me herían de muerte. Quería escapar de allí, del recuerdo amargo de la partida del amor de mi vida.
Años después, volví con el propósito de recuperar aquel lugar que me dió la felicidad plena en mi vida. Tuve la suerte de encontrar la propiedad en venta, y de inmediato la compré. El tiempo había hecho lo suyo y los últimos ocupantes no le cambiaron nada por suerte; lo único que faltaba era la hamaca colgada en los pilares de la galería del patio trasero, pero no hacía falta que esté físicamente, mis recuerdos la volvían a amarrar en un extremo y el otro de aquellas columnas viejas.
No sé cuánto pasó que solo me dí cuenta de ello cuando escuché a lo lejos unos golpes suaves y firmes en la puerta de enfrente. "Debe ser Alma. Ya llegó" escuchaba cómo mis latidos se volvían voces dentro de mi mente y repiques en mi pecho. Sentía como volvía a ser el adolescente de aquella primera vez, con los nervios a flor de piel.
Caminé despacio hasta la entrada; tomé el pomo de la puerta y sostuve mi respiración por unos largos segundos. Las palpitaciones ahora eran en mi cabeza y en mi corazón estallidos de temor por saber cuál sería nuestro futuro si abría esa puerta. Antes de que volviese a golpear, abrí la puerta. La imagen delante de mi era de una adolescente con cabello ensortijado y salvaje, con un vestido de verano que realzaba su tez blanca pero que ocultaba su bello cuerpo, ese cuerpo todo mío. Me restregué los ojos simulando que la brillantez de la luz me enceguecía para no demostrar que estaba alusinando y, allí fue cuando apareció Alma de ahora, la mujer delgada de cabello corto y renegrido, la del leve dejo de soledad y tristeza en su mirada. Aún así, seguía siendo a la que amaba desde hace mucho y seguiría amando... hasta donde me diese la vida.
Se sorprendió al verme y dudó en avanzar. "Linda, no muerdo" es la frase estúpida que se me ocurrió decir. Comenzó a reírse de la forma que solo ella sabía hacerlo: como miles de grullas de papel en estampida luego de pedir el deseo.
–¡Ay, Juanse! Sigues con el mismo humor tonto de siempre. Pero no serías tú si no contases chistes cursis–continuó riéndose como una campana de cristal.
No respondí nada, porque ya me encontraba acanzando hacia ella y cubriéndole la boca con la mía en un beso de liberación y agradecimiento. Alma no se resistió, al contrario, se dejó llevar yme abrazó con todas sus fuerzas. Comencé a caminar lento hacia atrás, llevándola conmigo hacia adentro de la casa y de mi vida.
Nos quedamos besándonos un poco más parados en medio de la sala. Cuando el beso finalizó, acaricié su rostro delineando cada detalle de sus facciones perfectas; ella era condenadamente perfecta y yo era imperfectamente feliz.
Tomados de las manos, caminamos callados hasta el patio de atrás.
–¿Recuerdas este lugar?–le pregunté.
–Si hay algo que la amnesia no borró jamás es nuestro pasado, Jin–su respuesta fue la confesión más hermosa que jamás habría pensado me haría.
–¿Lo dices en serio Alma?–y en mi voz se notaron las primeras lágrimas de emoción ante el regreso inesperado del ayer.
–Tan cierto como el amor que te tengo, Kim Seokjin.
Esa última frase detuvo todo el tiempo. La tarde dejó de avanzar, el reloj en mi muñeca se paró, mi existencia entera quedó en pausa.
–Yo también te amo, Alma Uribe–dejando que mi llanto fluyera sin contención.
Volvió a abrazarme mientras besaba mi frente. "Lo sé, amor ¿Me perdonas por todo lo que te hice pasar?", su voz sonaba entrecortada. "Si no me perdonas, lo sabré entender" y se quebró angustiada cobijándose en mi pecho.
–No tengo qué perdonarte, vida mía. Desde el principio entendí y comprendí que necesitabas reorganizar todo en tí para tener en claro tus cosas. Es por eso que esperé pacientemente tu decisión; sea cual fuere el resultado, yo estaría feliz.
Sin embargo, puedo alegar de que esta decisión me deja son poder decir nada de la felicidad que me invade.
–Te amo en todas tus formas, Jin. Como Juan Sebastian, como Seokjin, como Juanse, o solamente siendo tú ¿Podrías darme otra oportunidad?
Me sorprendió de sobremanera su petición, era lo mismo que yo le iba a pedir a ella.
–Pues, amor, parece que después de tantos años seguimos conectados. Iba a pedirte lo mismo: que me diese una oportunidad.
Ambos nos miramos y sonreimos. La tarde se teñía de rojos, naranjas y soles de veranos de juventud.
No solo la casa volvía a ser nuestra, sino que el amor que habíamos sembrado allí. aún continuaba floreciendo.
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EL GRAN PREMIO
FanfictionSolo unx sabe lo que habita muy adentro del ser. Alma sabe lo que su esencia esconde, mientras cubre con habilidad su amor y deseo por Namjoon. Nam no sabe que su compañera y subalterna es aquella mujer que lo excita y lo lleva al borde del delirio...
