Tres días se tarda en viajar desde Argentina hacia Corea del Sur, días en los que podría haberle dado el último adiós a Choi Ha Ra, mi madre del corazón. Ese era mi pensamiento. Reí amargamente: ahora me preocupaba perder ese tiempo... ¿y el año completo que la descuidé y la obligué a angustiarse por mi? Sin duda alguna, el peso de la culpa hacía mella en todo mi ser.
Tres días... tres, para poder también recordar el rostro de la mujer que había cargado conmigo durante nueve meses y que luego, a mis cinco años, prefirió dejarme en manos de desconocidos (mi padre también lo era).
¿Por qué ahora, justo en este doloroso momento, tenía que regresar? Después de treinta años, ella volvía a ofrecerme la peor de las noticias: mi omma, la mujer que había renunciado a una vida para construir su propia familia, su propia felicidad para criarme y amarme, había partido de este mundo ¿Cómo se conectaban ellas?
Hasta no llegar a mi destino, traté de obligar a mi cerebro a no pensar en nada, a dormir, más no sea, diez minutos... ninguna de las dos cosas pude hacer: mi mente seguía maquinando en la conexión entre Choi omma y mi verdadera madre, y eso hacía que pierda el sueño entre los vuelos.
Quizás también –de manera inconciente– le rogaba a mi cabeza hacer esas sinapsis para evitar pensar en Alma y en todo lo que volví a perder. Sabía perfectamente que volver una y otra vez sobre los pasos de mis errores no solucionaría nada; Alma no volvería, mi hijo tampoco... yo menos.
El dolor me fue adormeciendo de a poco y todo me daba igual. Ahora volvía a considerar la idea de que haber saltado desde el techo de aquel edificio hubiese sido el final para todos los males. Aún así, mi corazón se desgarraba peor con la partida de mi omma.
No sé en qué momento desperté de mis pensamientos y logré escuchar a la azafata decir que nos abrocharamos los cinturones, que estabamos a diez minutos de aterrizar en Incheon.
La ansiedad me carcomía por dentro. Quería salir corriendo del avión y tomar el primer taxi hacia la sala donde estaban los restos de Choi omma. Necesitaba llorar sobre sus cenizas y memorizar su foto para no olvidar su sonrisa, para honrar su sacrificio. Nos habían quedado tantas cosas por hablar, otras tantas por hacer; volver a la isla de Jeju a pasar otras vacaciones inolvidables, como aquellas que vivimos cuando estaba entrando en ña adolescencia y mis crisis existenciales amemazaban con quebrantarme y caer en el vacío de la vida. Choi Ha Ra se esforzó por demostrarme que vivir era maravilloso, que lo feo de esta existencia pasaba por las acciones de los seres humanos que solo trataban de seguir el camino que habían elegido y que, la mayoría de las veces, se equivocaban, causando daños colaterales.
Esa mujer lo era todo para mi: mi sustento, mi aire, mis penas y alegrías, mis aciertos y fracasos, mi muro y mi pilar. Ahora, ¿cómo encajaría la otra mujer que dice llamarse mi madre en toda esta trama? Ella no supo estar en mis peores o mejores momentos, ¿y ahora pretendía ocupar un lugar que le queda demasiado grande?
Mi desprecio era inmenso hacia Min Su Jin. Nada en este mundo me haría cambiar de parecer ante esa persona. La odiaba con todo mi ser, junto con mi padre, aunque él tampoco ya no esté. Amnos se encargaron de moldearme como un sujeto lleno de rencores y mucha violencia acumulada, pero, ¿ellos eran los culpables de mis decisiones? No, no lo eran... pero deseaba tanto que lo sean para evitar tener que mirarme al espejo y odiarme a mí mismo.
El impacto del aterrizaje me devolvió a la realidad. El carreteo del avión parecía interminable hasta que por fin se detuvo. Desabroché el cinturón y me levanté a buscar el bolso que traía conmigo. Era pequeño; no necesitaba cargar más que eso. Todo lo demás lo abandoné en Argentina.
Esperé pacientemente a poder salir havia la manga y de allí hacia el hall del aeropuerto. Estando allí, caminé hacia una de las salidas. Casi llegando a la puerta, sentí que alguien tomaba mi brazo. Intintivamente lo retiré de manera brusca, haciendo que la persona que me había sujetado trastabillara perdiendo el equilibrio. Antes de que cayera, la sostuve.
–Disculpe usted, señora. Pensé que querían robarme.
–Nam, no te disculpes–habló de manera confiable.
–Perdón ¿me conoce?–la miré confundido. Su rostro me parecía vagamente conocido.
–Hijo, soy yo, tu madre.
Luego de escuchar eso, la solté como si fuera una brasa ardiente. Me miró entre sorprendida y triste ¿Qué más podía esperar? ¿Que me arrojara a su abrazo emocionado y feliz?
–No se que hace usted aquí–mi respuesta fue fría y seca.
– ¿Podrías, por lo menos, tratarme de una manera informal? –su voz parecía un ruego.
–Lo siento, pero mi madre me enseñó a que a los extraños y mayores se los debe tratar con formalidad, y usted es ambas cosas.
Bajó la cabeza y suspiró. Luego volvió a mirarme; sus ojos estaban aguados. Sabía que la había herido y eso me daba un mínimo de satisfacción.
–Lo lamento, me precipité. Debí ser más cuidadosa.
–¿Qué hace aquí?–pregunté sin decirle "está todo bien" o "no se moleste". No quería ni tenía que ser considerado con ella. Sonrió apenas, quedándose inmóvil con las manos entrelazadas.
–Vine a buscarte porque necesito darte algo que te dejó Choi omma– me habló de manera directa y haciendo un esfuerzo por no llorar.
–¿Qué me dejó mi madre?– ahora mi tono era de ansiedad. Mi omma se había acordado de mí en sus últimos días; siempre tan considerada.
–Una carta–me dijo simplemente.
–¿La tiene aquí? Si la trajo, démela y liego puede irse– mis palabras era urgentes y duras.
–No, no la llevo conmigo. Las instrucciones de Ha Ra ssi fueron de que debías leerla en casa y frente a mi.
Me reí de manera irónica. "¿Delante suyo? ¡Por favor! No diga mentiras", es lo que me salió decir.
–Le dije a Choi Ha Ra que dirías algo similar. Que sabía que no me creerías. Aún así, insistió en que debía ser de esa manera. Escucha, Namjoon, no sé el contenido de lo que escribió. Tampoco me gustaría saberlo. Es algo entre tu omma y tú y lo respeto, pero también respeto sus últimos deseos– enfatizó Su Jin.
Miré su cara buscando un atisbo de falsedad. Quería que me estuviera mintiendo para así deeenmascararla y ridiculizarla. Era tanta la necesidad de dañarla que me frustraba ver que lo que decía era verdad.
–Está bien, señora. Creeré en lo que dice, solo, por la memoria de mi madre. Pero antes de ir a casa, quiero decirle adiós–sentencié serio.
Ella solo asintió y me indicó el camino hacia la salida. El viaje en taxi fue silencioso e incómodo. La sala velatoria no estaba muy lejos de allí, por lo que llegamos rápido. Bajé casi corriendo, precipitándome dentro del lugar.
Su foto me esperaba como la recordaba: sonriente y melancólica a la vez. Las lágrimas surcaron mis mejillas y el dolor me debilitó, cayendo de rodillas frente a su retrato. Me incliné tapando mi rostro pegado al piso y lloré sin consuelo. Un calor cubrió mi espalda y unos brazos me rodearon: mi madre biológica me sostenía y me consolaba. Una de las grietas en mi corazón me traicionaba: sentía cómo iba reparándose. No había olvidado a Min Su Jin. Aún la amaba.
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EL GRAN PREMIO
FanfictionSolo unx sabe lo que habita muy adentro del ser. Alma sabe lo que su esencia esconde, mientras cubre con habilidad su amor y deseo por Namjoon. Nam no sabe que su compañera y subalterna es aquella mujer que lo excita y lo lleva al borde del delirio...
