Déjà vu... Una escena que se volvía a repetir: Namjoon y yo parados, uno delante del otro, en aquel pequeño parque escondido en algún barrio perdido de Buenos Aires, solo que esta vez, ya sabía quién era él y qué pieza era yo en este rompecabezas.
–Intuyo que será un poco larga la explocación–dije mirando y señalando sus manos que sostenían un sobre manila.
–Si tienes tiempo y me lo permites, trataré de resumir lo más que pueda esta historia. Es demasiado el daño que te causé, que no me gustaría seguir provocando más–su voz sonaba extenuada y triste. Sus manos (en realidad, todo él) temblaban suaves, como tratando de manejar una situación que ya no ten>a control.
"Aún sabiendo lo terrible de sus actos, siento una gran pena por este hombre"; mis pensamientos abogaban por él.
–Sentémonos. Tiempo y disposición tengo señor Kim–esta vez solté ese apodo despectivo un tanto más liviano y compasivo–lo que más quiero es saber esta parte de la historia que todabía no logro recuperar.
Asintió como si fuese un chiquillo obediente. En eso no me equivocaba, seguía siendo un gigante pequeño con un corazón infantil. "Me recuerda a los mínimos tiempos felices que tuvimos, cuando Choi omma lo reprendía o solo le daba órdenes y Nam le obedecía sin chistar", mi mente vagaba por aquellas memorias recuperadas.
"Choi omma, Choi Ha-Ra, ¡que gran mujer! ¿Qué será de su vida? Seguro extraña a su hijo del corazón". No sé por qué, ese pensamiento me llenó de angustia.
–Alma, esto es para ti–Namjoon me savó de mi ensimismamiento cuando habló estirando la mano con el sobre. –En realidad, esto siempre fue tuyo. Se cayó entre el espacio de la cama y la mesita de noche de tu habitación, el día que te marchaste–las palabras le salían lentas, pesadas, resignadas.
–¿Qué es esto Nam?– le hice la pregunta aunque, muy dentro de mi, sabía bien qué era aquello.
–Es el diario que comenzaste a escribir la gestación de nuestro... (perdón) de botón de oro. Tu bebé–sabía también que su respuesta sería esa.
–No te equivocas. Era nuestro bebé. Lo concebimos juntos, solo que el ser padres, el ser pareja, no estaba en nuestro destino.
–¿Prefieres dejar todo en nombre del destino? ¿Crees en eso, Alma?– lo preguntó en un susurro.
–Creo en lo hechos, en las acciones... pero, esta vez, quiero mentirme y echarle la culpa al destino de nuestros errores.
Como si las fuerzas lo hubiesen abandonado, se desplomó en el banco más cercano y fijando la mirada en la nada, comenzó a llorar.
Me senté a su lado e ,instintivamente, lo abracé. Se aferró a mí como el niño abandonado que siempre fue. Su llanto era continuo y silencioso, como si temiera que, si por llorar a los gritos, viniese alguien y lo golpeara. En realidad, la vida le estaba asestando golpes insoportables y él solo se dejaba golpear.
Lloré con él: ambos estabamos siendo castigados y merecíamos ser salvados y nunca más abandonados ¿Este era el cierre que queríamos a nuestra relación, a nuestro amor?
Creo que ese, nuestro amor, esa herida sangrante, jamás se cerrará y, cada tanto, cuando las tormentas de los recuerdos aparezcan, volveremos a sentirlo ¿De verdad será así? ¿Tendremos la paz de, alguna vez, olvidar todo por completo o recordarlo con la menor tristeza posible?
La desolación permitió una grieta en mi odio y lo abracé, tan fuerte como pude. Él correspondió a ese abrazo, estrujándo mi cuerpo y mi espiritu. Nos mecimos por unos minutos, hasta que cesó nuestro llanto.
Se apartó de mi, suave y silenciosamente, y lo sentí a millas de mí. En ese momento, escuché como mi corazón terminaba de quebrarse por completo.
–Fue hermoso coincidir contigo en esta vida, Alma Uribe. Solo me hubiese gustado no ser cruel y entenderte un poco más. Espero que Seokjin te cuide como yo no lo supe hacer–su boca esbozaba una sonrisa genuina; sus ojos desbordaban una tristeza profunda.
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EL GRAN PREMIO
FanfictionSolo unx sabe lo que habita muy adentro del ser. Alma sabe lo que su esencia esconde, mientras cubre con habilidad su amor y deseo por Namjoon. Nam no sabe que su compañera y subalterna es aquella mujer que lo excita y lo lleva al borde del delirio...
