No era verano, pero nuestros cuerpos sudaban como si estuvieramos en pleno Ecuador. Su boca deliraba mi nombre una y miles de veces.
La penetré tanto que mi mente perdió la cuenta y mis labios solo musitaban gemidos susurrados y profundos.
–Te amo–recité aquella letanía no sé cuánto.
–Jin... Eres... eres... mío... Te... aaahhh... amo–su voz quejumbrosa y entrecortada se ataba como una cadena de besos alrededor de mi cuello. Yo era su esclavo, su aire, su capricho.
Sus piernas se atenazaban a mis caderas y ayudaban a que las penetraciones fueran firmes y certeras; sus brazos temblaban como los aleteos tímidos y vibrantes de un colibrí, mientras abrazaba mi espalda y mi humanidad.
Le ofrendé mi pecho y ella sació su hambre de mí. Sus mordiscos sembraron violetas en mis pectorales, pezones y garganta. Estaba eufórico ante tan delicioso dolor.
Y ella solo deliraba de éxtasis. Su vagina era cálida y suave. Mi miembro calzaba perfecto en ella, y a punto de estallar.
–No vayas tan lento, por favor– dijo en un hilo, así que aumenté el ritmo de la fricción. El calor subía conforme la velocidad de mis entradas y salidas. Mi cabeza explotaría antes que mi pene en la eyaculación.
–Jin... amor... no puedo... acabaré pronto– aquella confesión marcó el punto de quiebre para ambos.
–Yo... yo también... Alma... ¡Aaaaahhhh!– y con una dura estocada me derramé en su interior, mientras su espalda dibujaba un arco tenzado y un grito de triunfo final.
El ritual previo a fundirnos fue mágico. Su espalda contra la pared, mi cuerpo entero presionando el suyo y nuestras bocas en una danza desesperada, corriendo una carrera contra el tiempo perdido y la urgencia de reconocernos nuevamente.
Mis labios explorando el camino entre su mandibula y el cuello, saboreando aquel contorno delicioso.
Cada prenda comenzaba a caer como lava candente a nuestro alrededor; mis manos tomaban posesión de lo que era mío: sus senos, su abdomen, su cicatriz su clítoris y trasero. Las suyas ya habían conquistado toda mi geografía hacia el sur, despertando y endureciendo mi masculinidad, que atrapó entre sus labios, llevándome a la locura, mientras mecía gentilmente sus cabellos, guiando sus movimientos de avance y retroceso.
Todo eso nos despojó del miedo a volver encontrarnos, nos abrió a la posibilidad de volver y reclamarnos el uno al otro.
Tendidos en una improvisada cama donde sería la habitación principal, recuperabamos el aliento que nos había abandonado luego de semejante batalla, abrazados fuertemente, pues temíamos que, al separarnos, la vida nos volviese a perder; que desaparecieramos esta vez y para siempre; pero, por el presente, dejaríamos las tristezas guardadas en algún lugar; en el futuro las desempolvaríamos irremediablemente.
La abracé por la espalda y comprobé que eramos el puzzle perfecto: todas las piezas encajando, sin espacios sobrantes, sin la incomodidad de aristas sobrantes. "¿Será así la eternidad?" y aquel pensamiento se mezcló con dos lágrimas liberadas al azar de mi corazón.
En esa posición fetal que adquirimos inconcientemente los dos, deseé volver al inicio de mi vida, comenzar de nuevo y retenerla para que no se fuese y no sufriera. Hundí mi nariz en su nuca, inhalando profundamente su perfume y su existencia: toda ella me pertenecía; había ganado, aunque sea, esta vez... aunque todo esto signifique un tiempo corto y tirano.
De alguna manera u otra, el destino me había dado la nueva oportunidad de renacer en Alma y con Alma.
Contemplé extasiado su respiración lenta, tranquila y envuelta en el sueño pesado de cuando se construye el amor y quise protegerla y amarla y ser inmortal pero, ¿quién garantiza la eternidad? Apreté un poco más mi abrazo a su alrededor; no quería que este sueño se desvaneciera.
–Mmm... ¿qué pasa amor? Me abrazas como si fuese a escaparme–reía entre soñolienta y divertida –Me romperás si ajustas un poco más esos largos brazos, ¿eh?. "Romperla", y mi miedo se profundizó más. Sería incapaz de destruirla, al contrario, quería encerrarla en una caja de cristal y adorarla. Pero el futuro no es una opción, no para mí, así que le regalaría el presente, el hoy, más fuerte y plausible posible.
–¿Y ahora?–se dió vuelta enfrentándome.
– Ahora... ¿qué?– su pregunta me encontró en desventaja.
–¡Kim Seokjin! ¡No te hagas el tonto! Me refiero a cómo sigue la historia.
La miré profundamente "Como el cuento de hadas que siempre imaginé y que así quiero que quede para siempre" mi pensamiento me traicionaba ahogándome con un nudo en la garganta.
–Como tu digas, princesa. Yo estoy a tus pies y toda mi vida y mi atención son solo para tí–respondí de inmediato, evitando que las lágrimas dejaran al descubierto mi angustia y mi inseguridad. La mejor sonrisa la estaba gastando en este momento, una débil máscara encubriendo mi vulnerabilidad.
– Pues, quiero todo contigo, Jin. Quiero la mortalidad y la eternidad, la pobreza y la riqueza, la salud y el malestar, el enojo y la alegría pero, sobre todo, te quiero a tí y solo a tí ¿Entiendes cuánto te amo y cuán agradecida estoy porque me hayas esperado todos estos años, aún sabiendo que, quizás no volvería?– y sus ojos se cristalizaron, mientras su garganta se hundía en un suspiro ansioso y entrecortado.
Sus palabras llenaron el vacío de mi pecho, como lo hace el sol en una habitación en el momento sublime del amanecer y ya no sentí miedo a nada, me sentí el dueño del mundo. Sonreí una vez más, bañando mis mejillas de cálidas lágrimas de felicidad.
– ¡Tonto! ¿Por qué lloras? Me estás asustando–su carita se tornó un bello paisaje de misericordia y preocupación.
–Amor mío, no sabes lo que significan tus palabras para mí. Siento que renazco luego de un largo período de frío y oscuridad. Te amo más allá del universo y la realidad. También quiero todo contigo y mucho más– arriesgué a decirle desde mi incipiente valentía.
–¿Eso que significa Jin?
–¿Quieres casarte conmigo?
Y una tormenta se desató en sus ojos. Se abalanzó hacia mi, aplastándome bajo ella y arrasando con los últimos vestigios de temor.
–Si a todo. Kim Seokjin, quiero casarme contigo.
Y hacer el amor se nos hizo urgente y conocido. Ya no nos perderíamos o, por lo menos, hasta lo que el tiempo y la vida lo decidan.
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EL GRAN PREMIO
Fiksi PenggemarSolo unx sabe lo que habita muy adentro del ser. Alma sabe lo que su esencia esconde, mientras cubre con habilidad su amor y deseo por Namjoon. Nam no sabe que su compañera y subalterna es aquella mujer que lo excita y lo lleva al borde del delirio...
