"Un café irlandés, por favor", le pedí al chico que nos atendía. "¿El clásico o el soft?", preguntó él. Le contesté que el clásico; necesitaba una dosis de whisky extra, más no sea enmascarada por lo intenso del café. La canela le daría la gentileza y el engaño de un fresco y dulce momento que no existía. –Tú, ¿qué pedirás?–me dirigí a mi oponente de manera simple y casi despreocupada.
–Para mí un capuccino–respondió levantando sus ojos de la carta y fijándolos en los míos mientras sonreía.
–¿Algo más señoritas?– habló el mozo.–De mi parte no ¿Tú, Alma?
–Yo tampoco.
Después de eso, el muchacho se alejó de nuestra mesa. Quedamos unos minutos calladas, mirando por la ventana el tráfico apresurarse a pasar o angustiarse por parar en el semáforo. Dentro del café, el tiempo parecía no trasncurrir pero, ¿era el lugar o nuestras ganas de aplazar este momento y así evitar decirnos las cosas que había que decir? No lo sé, pero esperaba más que sea efecto del local.
–Pediste un irlandés. Interesante elección ¿Puedo preguntarte por qué? Y no me digas porque te gusta. Eso me lo imagino. Todos pedimos cosas que nos agradan y está bien, pero me gustaría saber el motivo de por qué te agrada–Alma rompió el silencio denso que se cernía sobre ambas. "Buena argumentadora... una excelente cualidad ¿Qué más tendrá para mostrarme y sorprenderme?", pensé mientras preparaba mi respuesta.
–Mmm... veamos... me gustan los sabores intensos, lo que tenga una profundidad; algo que me golpee, no tan solo el paladar, sino también los demás sentidos. El irlandés es todo en uno: dulzura, sutileza, frescura, intensidad y amargura. Como la vida misma.
Alma me observaba con interés y asombro. Quizás estudiar al enemigo a través de trivialidades le daba un panorama de como comenzar esta guerra fría.
–Disculpa si no te pregunto por qué escogiste capuccino, pero creo que no vinimos a charlar sobre cosas superficiales. Quizás suene un poco dura y grosera, pero soy así–disparé a quemarropa.
Alma volvió a sonreir, pero esta vez para sí misma; como si hubiera esperado esa contestación de mi parte. "Liz. Puedo llamarte así, ¿verdad?" Su voz separecía bastante al capuccino: suave como la espuma de la leche montada en vapor, que atenúa la oscuridad infinita del espresso y el toque amargo rasposo del cacao... simplemente fascinante. "Claro que si", y mi mano derecha se posó en mi barbilla, dándole al momento un interés superfluo ante tanta densidad.
—Bien, Liz. Se que vinimos a hablar sobre algo que tenemos en común.
–Más bien, alguien querrás decir–respondí.
–Así es, tú lo dijiste. Pero, creo que, más que en común, podríamos decir que es alguien que nos pertenece a ambas–cerró la idea.
Quedé helada ante semejante argumento: mi enemigo, la mujer frente a mí, el pasado del hombre que amaba con locura en mi presente, me había dado la estocada más original y más honesta que haya recibido en todas las batallas que tuve en mi vida.
–Liz, ¿estás bien?–vi en sus ojos una preocupación genuina.
–Es que... jamás pensé que ibas a decirme algo así. Te seré sincera: venía con todas las intenciones de pelear por...–y me quedé callada no sé por qué; quizás por vergüenza, quizás por sorpresa... quizás por gratitud.
–¿Cuál sería mi razón para atacarte? Creo que ninguna. Es lógico que la mujer que estuvo todo este tiempo al lado de Seokjin merezca ser parte de su vida, de su historia ¿Quién soy yo para reclamarlo como mío exclusivamente?–su argumento sonaba perfecto pero, ¿cómo creer en las palabras de quien es tu adversario?
–Tu eres su primer amor... y me arriesgo a decir que el único–mi voz sonó ahogada por el nudo que se me formó en la garganta.
–Ambas no podemos saber, a ciencia cierta, qué es lo que siente Jin por cada una.
–Yo podría decirte que a tí te ama más que al aire que respira–susurré amargamente–Si lo hubieses visto todo este tiempo que desapareciste; parecía una sombra entre las sombras. Ni mis abrazos y caricias le bastaban.
–Pero los recibió y se dejó querer, ¿cierto?–me dijo inesperadamente.
–Puuueeeesss...sssii... si lo ponemos en ese contexto, si–dudé en mi respuesta.
–¡Y ahí lo tienes! Si no sintiera nada por tí, no te hubiera dejado que te acerques. Juan Sebastian siempre fue así: cuando algo o alguien no le agrada, lo rechaza–me explicó con una naturalidad escalofriante.
¿Era así de fácil? ¿Así, como lo explicaba ella? Mis ganas de llorar porque sabía que estaba perdiendo iban en aumento, pero no le haría saber que quería gritarle a la cara que ya estaba bien y que había ganado.
–Liz, esto no es una guerra y yo no soy el enemigo. Tú no estás perdiendo nada y yo tampoco gano–sus palabras volvían a sorprenderme, como si estuviera dentro de mi cabeza leyendo mis pensamientos.
–Yo solo quería decirte que Jin es muy importante para mí. Lo amo desde siempre y para siempre, aunque su corazón no sea mío. No quiero que lo lastimes más de lo que ya lo has hecho. Por favor, si no lo quieres, aléjate–le dije mientras las lágrimas caían sin pudor desde mis ojos.
Alma llenó de ternura la expresión de su rostro y tomó mis manos entre las suyas; eran suaves y tibias.
–Lo que menos quiero es herirlo, Liz. Y si eso vuelve a ocurrir alguna vez, estarás tú para recordármelo y hacer justicia por su corazón. Quiero que continues en el día a día de Juan Sebastian; quiero que seas su guardiana y su protectora. Quiero que lo cuides de mí y por mí–me impresionaba su elocuencia y su lógica. Me pedía algo inmenso pero, a la vez, me mantendría cerca. "Ten cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos" mi pensamiento ponía la última pieza del encastre de este entramado vínculo.
El otoño estaba a la vuelta de la esquina, lo sabía porque algunas hojas ya se anticipaban a su llegada. En mi interior, unos tenues matices entre bordó, pardos y amarillos se posaban para siempre. Tal vez la primavera que había esperado con tanta ilusión se perdía con el vuelo de esa oportunidad de amar hasta el fin de mis días a Kim Seokjin. Aquella mujer del otro lado de la mesa había triunfado por sobre toda mis expectativas. Un digno oponente... una gran enemiga... y el café irlandés supo demasiado amargo.
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EL GRAN PREMIO
FanfictionSolo unx sabe lo que habita muy adentro del ser. Alma sabe lo que su esencia esconde, mientras cubre con habilidad su amor y deseo por Namjoon. Nam no sabe que su compañera y subalterna es aquella mujer que lo excita y lo lleva al borde del delirio...
