MALAS DECISIONES... MALOS SUEÑOS

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"¿Me odias?" Y su mano acarició mi mejilla. "Te odio"... y el eco de un cristal quebrándose se vuelve ensordecedor, al tiempo que la mano es devorada por la oscuridad.

Desde que Alma se fue, todas las noches sueño lo mismo: esa oscuridad cerrada, la mano de mujer emergiendo de ella y acariciando mi rostro, y aquel "te odio" tan helado que me estremece hasta el miedo. Mi cuerpo entero mojado en sudor, es prueba de que mis noches ya no me pertenecen. Mis largos silencios hablan que mi vida ya no es mía. Todo se fue con ellos.

Lo único que atesoro con recelo son aquellas pocas pertenencias que quedan de mi hijo y de ella. He tapizado una pared completa en mi despacho con réplicas a escala de las únicas imágenes que quedaron de mi bebé.

De ella no me quedaron imágenes. El día que nos casamos lo consideré el cierre de un mal trato, por lo que no hallé motivo para capturar el momento a través de fotos. Durante los meses en los que solo existíamos en las casas tampoco se registró nada y en el poco tiempo que fuimos felices y matrimonio tampoco pensé en retratar aquellos instantes; me convencí de que habría tiempo.

Ahora lamento todo esto; mientras me embriago, su rostro se va desdibujando de mis recuerdos de a poco. En los mínimos momentos de sobriedad, trato de rescatar, más no sea, el tintineo de su risa pero solo alcanzo a escuchar, vagamente, un murmullo que se disuelve en mi dolor.

He pasado meses yendo a ese lugar solo para sentarme frente a ese muro a contemplar todo lo bueno que perdí y que, quizás, jamás recuperaré.

Mientras reproduzco una y otra vez el ultrasonido de los latidos de mi hijo (o hija, eso tampoco jamás lo sabré), releo la bitácora que Alma llevaba sobre la gestación de "Botón de Oro"; lo hago tantas veces como puedan mis ojos aguantar el ardor de las lágrimas.

Prácticamente no duermo. No recuerdo bien lo que es alimentarse. Ni siquiera se si el tiempo pasa; en este punto, solo se que respiro.

Choi omma ha tratado incesantemente en sacarme de este penoso encimismamiento y no ha tenido éxito. Ella también sufre la partida de Alma y nuestro bebé. Ha tratado de ocultar su pesar simulando estar enojada y mostrandose estoica, pero las lágrimas dejan surcos aún más profundos que los que pueda llegar a dejar el agua en medio de una creciente. La he escuchado llorar y llamarlos ahogando su voz en la almohada.

Se que por las noches entra a mi habitación para cersiorarse de que esté durmiendo; se sienta en mi cama y acaricia mi cabello. Mientras, aprieto mis párpados fuertemente, tratando de creer yo también que duermo y para poder contener el llanto que, se muy bien, lastimará aún más a mi madre.

-Nam, sé que no duermes. Nam, abre los ojos.

-No quiero. Quiero estar así, en la oscuridad y solo.

-Hijo, si no sales de esto, ¿cómo vas a recuperar lo que perdiste?-suspira haciendo una pausa-¿Acaso no quieres a tu familia de vuelta?

Abro los ojos y me incorporo. Siento mi cabeza pesada y mi cuerpo tensado. Miro a Choi omma y su rostro es un paisaje de desolación; aún así, me muestra una sonrisa como un rayo de sol abriendose paso entre las nubes negras.

-Hijo, tu corazón se romperá aún más si sigues así ¿Qué será de mi si a tí te pasa algo?

Le doy la espalda a mi madre. No quiero escucharla, no quiero que me tenga pena ni lástima; soy digno de todo el odio que pueda caber en mi cuerpo. Sufrí, una vez más, el abandono al que siempre le tuve miedo. Esta vez, la culpa fue mía. Merecía la muerte... aunque aquello es un escape bastante fácil al dolor.

Mi mente se cierra a toda posibilidad. Lo que dice mi madre no me basta, no me da las fuerzas suficientes para continuar. Choi omma acaricia mis cabellos, logrando -por un instante-sacarme del sopor de mis lamentos.

Me incorporo a duras penas sobre la cama y la miro.

-¿Y cómo lograremos que vuelvan? Marruecos y Madrid son las escalas hacia Argentina. Hasta allí, es remotamente fácil seguir el rastro, pero...

-Pero Buenos Aires es grande y podría cualquier persona desaparecer ¿Eso me ibas a decir?-finalizó mi madre.

-Si-alegué bajando la mirada-es como buscar una aguja en un pajar.

-Pero eso no implica la imposibilidad de encontrar la aguja, ¿cierto? ¿Desde cuándo algo no es posible para ti, Namu?

Por un momento pensé en hundirme nuevamente en mi miseria, clamando en silencio que la mano de mis pesadillas tomara mi cuello y lo apretara lo más fuerte que pudiera y me llevara al olvido. Sin embargo, algo muy dentro de mí se encendía como una pequeña flama que luchaba por crecer y desterrar todo lo negro en mi existencia. Necesitaba con desesperación volver a creer, sopesar posibilidades y luchar contra esta adversidad.

-Omma, necesito hablar con Lisa ¿Tú crees que querrá decirme algo?-la miré con un atisbo de esperanza.

-Es solo cuestión de averiguarlo, hijo. Debe estar molesta y confundida con todo lo que pasó. Tendrás que soportar su enojo si es que de verdad quieres saber dónde está Alma. Ella debe ser la única que sabe de su paradero.

Mi madre tenía razón: Lisa era mi única fuente de esperanza en medio de todo esto. Debía enfrentarla a pesar de lo que, seguramente, tenía para recriminarme.

Ni siquiera el señor Kang, el padre de Alma, conocía sobre el paradero de su propia hija. Se había molestado demasiado conmigo, alegando que todo era mi culpa por no saber guardar mejor las apariencias.

Al señor Kang le pesaba más que mi infidelidad haya sido descubierta y perder parte de sus acciones, que el propio bienestar emocional y psicológico de su única hija. Menos motivos para confesarle que iba a ser abuelo; sería una verdadera pérdida de tiempo.

Mi madre besó mi frente, al tiempo que se despedía para irse a dormir. Sentí que mi alma lograba recuperar algo de aquella paz que pensé haber perdido para siempre.

Si bien al otro día debería enfrentarme con Lisa y su ira por la partida de Alma, puedo decir que esta sería la primera noche que conciliaría el sueño.

EL GRAN PREMIODonde viven las historias. Descúbrelo ahora