"¿Así se siente morir?" Fue mi pensamiento cuando me encontré en la oscuridad. "Es fría como la nieve, pero tiene una calma difícil de renunciar ¿Esto es la muerte?" Pero no lo era; solo fue la ilusión en la que me había sumido el ataque de pánico que acababa de tener. Poco a poco volví a la conciencia.
Mientras continuaba boca abajo en el suelo, los cristales de la primera nevada quemaban la piel de mi rostro, dejándolo anestesiado por el frío y el dolor. Las lágrimas se detenían en el puente de mi nariz, como si se estuviesen congelando. La nevada se intensificaba cada vez más y yo seguía allí sin moverme. Unas manos me movieron de repente y fue allí cuando me dí cuenta que había vuelto a la horrible realidad: alma contraería matrimonio con el hombre que amaba (y que no era yo) y estaba nuevamente embarazada (de un hijo o hija que no sería mío o mía)
Mi madre y el jardinero trataban de incorporarme. El cuerpo me pesaba toneladas e insistía en seguir pegado al suelo helado.
"Déjenme aquí un momento" les dije en un susurro.
–Pero, hijo, te enfermarás si continuas aquí. Vamos dentro y te tiras en el sofá de la sala a pensar y...
–No, mamá. Necesito quedarme un momento. Necesito sentir en mis huesos el frío de lo injusto. Es lo que sintió Alma todo el tiempo que estuvo conmigo–contesté a mi madre mientras me incorporaba y me quedaba sentado allí, en medio del patio.
Mi madre asintió y se alejó de allí con el jardinero. Miré sus siluetas desaparecer dentro de la casa y luego me volvi para mirar hacia la nada.
Todo estaba en blanco; la nevada comenzaba a ser intensa y casi nada se veía en el patio ya. Mi mente tambien estaba en blanco: el lienzo perfecto para dibujar futuros ficticios que jamás se concretarían.
Sentado en el suelo frío, sentí como todo me pesaba, como el vacío en mi pecho se abría aún más; como las ganas de llorar también se aproximaban y como los ojos comenzaban a arder como el previo aviso de las lágrimas. Un cansancio enorme me abrazó hasta los huesos, pero el llanto jamás llegó; era como si mi duelo estuviese en la antesala de la resignación.
Una sonrisa triste y agotada apareció sin aviso en mis labios, desanudando de a poco y con ternura el nudo en mi garganta. Era como si el cuerpo y el espíritu me dijeran: "aunque no quieras, es hora de avanzar".
Extendí mi mano y dejé que los copos cubrieran la palma. La sensación era extraña, pero a la vez consoladora: esas astillas de hielo diminutas se clavaban en mi carne sin lastimar pero causando un leve dolor, para luego convertirse en pequeñas gotas de agua, limpiando los años de tristeza y soledad.
"¿Es esto la vida?" Mi pensamiento había cambiado y no me había dado cuenta; tampoco del paso del tiempo. En esa blanca nada, todo se había detenido.
Comenzaba a oscurecer; mi pecho pesaba de una manera soportable y lánguida; había aprendido a no llorar, más bien, convertí las lágrimas en miradas largas y perdidas, que teñían mi mente de blanco, suavizando parcialmente el entumecimiento de mi estómago; aún así, la ansiedad era mi compañera de todos los días.
La calidez de una manta me volvió a la realidad. Mi madre había vuelto afuera, preocupada por mi permanencia debajo de la nevada. "Mi pequeño", reí al escuchar aquellas palabras de sus labios. A pesar de la tristeza, su voz me reconfortó; me sentí un niño otra vez.
–Pequeño amor de mamá, ¿por qué no te levantas y me acompañas a la sala? Allí está cálido y no quiero que pesques un resfrío. Será costoso para mí tener que cargar con tu inmensa humanidad– me decía de manera socarrona mientras hundía su dedo índice en mis costillas, provocándome cosquillas y haciendo que me doblase. Sin pensarlo, solté una carcajada, que sonó como a cascabeles, a alivio y nostalgia.
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EL GRAN PREMIO
FanfictionSolo unx sabe lo que habita muy adentro del ser. Alma sabe lo que su esencia esconde, mientras cubre con habilidad su amor y deseo por Namjoon. Nam no sabe que su compañera y subalterna es aquella mujer que lo excita y lo lleva al borde del delirio...
