¡Listo! Un chasquido de dedos y todo solucionado... suena magnífico, ¿verdad?
Si todo fuese así de fácil, el mundo sería distinto y yo no la odiaría. Pero la teoría de los universos paralelos la dejo para el cine y los superhéroes. Para simples mortales, como ella y yo, eso no califica.
Aparte, las personas no cambian: solo se muestran como son realmente. Y me encantaría creerle, pero no puedo.
Aunque, viéndola en el estado en que está, toda desilusión se me desvanece y siento un impulso irrefrenable de protegerla, de amarla... de hacerla mía.
Cuando me fijé en ella en la comisaría, solo pude ver una diminuta figura frágil. Eso bastó para que me gane la desesperación, la culpa y la angustia.
Podría decir que me precipité a sus pies buscando su mirada que estaba clavada en sus manos que habían quedado ajadas, como prueba de que la tumbaron en el suelo y la golpearon sin miramientos ¿Cómo podían ser tan desalmados?
Reprimí las lágrimas que amenazaban con volcarse fuera de mis ojos y aclaré mi garganta buscando poder pasar el nudo de tristeza que me asfixiaba.
—Alma, mírame. Necesito ver cuan magullada estás.
—Estoy bien. No era necesario que venga. Le supliqué al sargento que no lo molestara—fue su respuesta dura y ciega.
—¡Dios! Encima de taimada, orgullosa—me salió decir en un momento de desquicio.
—Si va a seguir insultándome como lo viene haciendo hace más de seis meses, señor Kim, por favor, le pediré que me dé espacio para retirarme. Creo que hoy ya tuve bastante castigo, ¿no lo cree?
—¡Mira, mujer! Que el papel de víctima no te queda—seguía encabronado por su manera de ser.
Fue ahí cuando recién me devolvió una mirada cargada de ira, frustración y cansancio.
—Señor Kim le...
—¿Desde cuando soy el "señor Kim"?—enfatizaba la pregunta añadiéndole mis dedos haciendo el gesto de comillas—¿Desde cuando tanta formalidad?
Solo bajó la cabeza y negó en signo de no querer continuar con esta batalla.
—Si me permite—agregó levantándose bruscamente y perdiéndo el equilibrio, mientras se doblaba sobre su flanco derecho y emitía un quejido lastimoso.
—¿Qué pasa? ¡Alma! ¿Qué pasa?— le dije mientras la ayudaba a no caer.
—Mme... me due - le, aquí—y puso su mano en ese costado.
—Déjame ver.
—Nn... no. Es... está... estoy bien.
—¡Por Jesús que me cabreas mujer!— dije con voz desesperada.
—¡Sargento! ¿Tiene alguna oficina que pueda prestarme para poder ver en qué estado se encuentra mi esposa? Quiero constatar si debo llevarla a un hospital o curarla en casa.
—Pase por aquí señor Kim—me indicó el policía abriendo la puerta de un espacio vacío.
Llevé a Alma, muy a su pesar, hasta ese lugar. Cuando cerré la puerta, inmediatamente comencé a levantarle la sudadera para poder ver cuan doloroso era aquello que la había desestabilizado. Ella se retiró rápidamente.
—¿Que hace, señor?
—¿Acaso no puedo tocar a mi esposa?
—¿Su esposa? No sabía que cumplía ese rol. Le vuelvo a repetir, pero esta vez le ruego, dejémonos de hipocresías y váyase. Yo sola puedo. Yo sola siempre pude.
ESTÁS LEYENDO
EL GRAN PREMIO
FanfictionSolo unx sabe lo que habita muy adentro del ser. Alma sabe lo que su esencia esconde, mientras cubre con habilidad su amor y deseo por Namjoon. Nam no sabe que su compañera y subalterna es aquella mujer que lo excita y lo lleva al borde del delirio...
