NUEVOS TRATADOS

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Cómo haces para enfrentarte a alguien que no ves hace más de tres años? Creo que la sensación es similar a una ablación de corazón: te quitan el tuyo que ya ha caducado para vestirte con uno nuevo; late, pero no al ritmo que avostumbrabas a llevar. Así se siente ver a Kang Alma... perdón, Alma Uribe. Se nota que está feliz, pero a mi no me engaña; muy en el fondo de su mirada hay una veta enorme de duda y, hasta diría, de arrepentimiento.

El abrazo en el aeropuerto fue interminable, como temiendo a que la mínima ráfaga de aire nos separara otra vez. Se sentía tan cálido, tan bien. Me pidió la maleta y comenzó a caminar delante mío pues, según ella, había "demasiada gente y te puedes perder".

La imagen de su parte de atrás me devolvía una figura desconocida: una mujer de cabello corto, como si el mutilar sus rizos fuera simbólico; vestía pantalones y camiseta ajustados, algo que ella odiaba con todo su ser; botinetas de tacos y todo, todo, todo, en un negro cerrado. "Esa no es Alma ¿Quién es esta mujer?", mi mente gritaba en silencio el dolor de haber perdido más que una persona, había perdido una parte de mi vida, un gran amor. Nam me había contado algo, pero había decidido no creerle. Quería seguir creyendo que mi amiga seguía tal cual la había visto la última vez; sin embargo, mi amigo había tenido razón: era un ser completamente distinto.

Ahora entendía la resignación de Namjoon: no solo había perdido la oportunidad, había perdido todo, recuerdos, identidad, fisonomía.

Se sentía tan cruel y raro a la vez. A Nam, la vida le había pasado por encima y se veía aquello reflejado en su cuerpo: cabello prematuramente cano, surcos profundos a los costados de sus ojos; su espalda encorvada y una postura de rendición. En realidad, la vida no había aplastado a ese hombre, una montaña de dolor llamada Alma Uribe lo había enterrado bajo su peso, y ver eso en primera fila dolía enormemente.

La seguí sin omitir sonido alguno. Un par de lagrimas se me escaparon cuando, en un momento, giró hacia la derecha y su cabello corto no pudo ocultar la gran cicatriz en su cabeza. "¡Dios mio! ¿Tan rápido alcanzó el karma a mi amiga que la dejó así?" Mis ojos se agrandaron y rápidamente se ciñeron ante semejante vista y extensos suspiros de angustia llenaban mi pecho sin alcanzar a oxigenarme. Me estaba ahogando en tristeza pero, ¿que podía hacer? Ya todo había sucedido, solo restaba acompañar a mi amiga en este nuevo camino.

Afuera nos esperaba un hermoso Audi negro y apoyado en él estaba, quien suponía, era su prometido, el famoso Kim Seokjin (¡vaya que la naturaleza fue generosa con el tipo!). Estaba poniendo en posición de ataque, cuando se incorporó del capó y me sonrió con aquella sonrisa perfecta; más que perfecta, cálida y franca.
"¡Uf! Mi amigo si que perdió en buenos términos. Este muchacho si que es un ángel", mi mente ya había hecho su juicio.

–¡Hola, Lisa ssi!–se acercó saludándome en un impecable hangul. –Encantado de conocerte. Soy Kim Seokjin, pero aquí, en Argentina, Juan Sebastian Kim–y luego se acercó aún más, envolviendome en un abrazo apretado y sincero. Alma comenzó a reír de buena gana, pues mi cara de asombro e incomodidad le resultó muy divertida. "¡Oh, Lisa! ¡Perdona amiga! Aquí en Buenos Aires es normal saludar de esa manera, y por más que Juanse es coreano, se crió casi toda su vida aquí y con estas costumbres", Alma trataba de explicar aquello que me pareció abrumador pero a la vez tan emocionante.

Mientras viajabamos en el auto rumbo a su departamento, observé a Seokjin por un largo rato; consideré que era un buen tipo y que no debería abrumarlo con mos amenazas. Definitivamente, era el antagónico de Namjoon: calmo, controlado, de carácter fuerte y temperamento débil, todo aquello que Alma necesitaba para curar sus heridas; y, obviamente, el plus de haber seguido amándola a pesar de todas las circunstancias en contra que tenía. Kim Seokjin (o como quiera que se llame en español) tenía un aura de sanación, la energía justa para el maltratado amor de mi amiga, era el encastre perfecto en su corazón semi armado.

–¿Hace cuántos años vives en Argentina, Seokjin ssi?–rompí el silencio cómodo del viaje.

–Desde mis doce años– contestó tranquilo sin dejar de mirar el camino.

Veía su sonrisa genuina a través del retrovisor. "Qué gran alivio para mi alma saber que mi amiga encontró la paz... pero esa paz, ¿será completa? ¿Para toda la vida?" Mi duda tiene un justificativo: Kim Namjoon. Se muy bien que Alma no lo ha olvidado y tampoco ha dejado de amarlo; de lo que si estoy segura es que tamnién ama a este hombre y con locura. No es casualidad de que, al haber perdido la memoria, Alma solo recordase el pasado y haya "preferido" olvidar su presente. Sin duda alguna, Kim Seokjin marcó a fuego su mente.

–¿Cómo es que se conocieron Alma?–mi interrogatorio seguía en curso.

–Pueeeeessss... no se muy bien. Creo que fue cuando inicié el bachillerato. Juanse es dos años mayor, así que cuando ingresé, él ya había cursado dos ciclos. Asi que a mis doce, Juanse tenía quince.

–A la edad que tu te fuiste a Corea, ¿verdad?–quería llegar al punto de integrar a la conversación el fantasma de Nam.

–Si, a mis diecisiete, Alma se fue ese verano después de cumplir sus quince años–el que contestó ahora fue Seokjin.

–¿Y por qué no la contactaste más Jin? ¿Puedo ser informal contigo, verdad oppa?–traté de ponerle un poco de picardía al momento; Seokjin se había dado cuenta hacia donde iban mis preguntas y mi charla. Solo sonrió, mientras me miraba sereno por el espejo.

‐¡Pues deberías haber sido informal desde el momento cero, Lisa! Aquí en Argentina no existe tales modismos como en Corea. Déja eso para cuando vuelvas–decía, mientras su risa extremadamente particular y contagiosa inundaba el espacio. –Y contestado a tu otra pregunta, no la contacté debido a que su madre me lo tenía terminante prohibido. Por mucho tiempo pensé que eran cosas de madre, pero luego entendí que eran cuestiones que –y mirando a Alma – tu amiga te podrá contar con mayor detalle. Quizas sepa algo de ello pues conociste al señor Kang.

Asentí a lo que decía. Era cierto, había conocido a ese hombre y todo lo que le había hecho padecer a Alma; como siempre decía, era su "botín de guerra".

–Cariño, ¿podríamos desbiarnos hasta el barrio de Flores? Quiero agasajar a Lisa con una buena comida coreana y sabes bien que en las tiendas de los alrededores de casa no hay nada así–pidió Alma a su novio mientras le apretaba el brazo con delicado afecto. Jin sonrió como si la luna hubiese salido con todo su esplendor. Él se asemejaba al satélite: era la Luna del planeta Alma.

Aparcamos frente a un supermercado de origen coreano. Alma bajó, mientras Jin y yo quedamos en el auto.

–Se que amenazarás y me dirás que no diga nada de... de... ya sabes quien–le dije sin rodeos y con algo de temor. Seokjin se dió vuelta y me miró seriamente. Creí en ese momento que la mínima relación que habíamos forjado se esfumaría y pasaría a ser su peor enemiga... pero mi predicción fue como la de mi móvil cuando le consulto sobre el clima: errónea. Comenzó a reírse con esa risa, mezcla de relincho con limpiaparabrisas ¡Era formidable! Ese sonido si que te curaba cualquier dolor en el corazón. Allí entendí que a Jin le encantaban las bromas y los chistes malos.

–No te asustes, Lisa. Jamás me sentiré amenazado por Namjoon. Se muy bien que es un buen oponente, pero yo gané y eso me basta. Solo te pido que, si vas a hablar de él, hazlo cuando lleguemos al departamento. Mientras yo cocine, tu puedes encerrarte con Alma en el estudio y hablar con ella sobre Kim Namjoon y todo lo que necesites saber. Por lo pronto, disfrutemos del viaje de regreso, ¿te parece?

"¡Dios! ¿En qué momento mandaste este pedazo de cielo a la vida de mi amiga?" Pensaba mientras me abalanzaba hacia él y lo rodeaba con mis brazos mientras lloraba. Sentí una risa tímida y una suave palmada y un "¡ya! ¡Tranquila! ¡Todo va a estar bien" Luego sabría que esa frase era común en Argentina y que quedaría en mí como un mantra de agradecimiento hacia ese ser tan maravilloso como Seokjin.

El cielo se estaba cubriendo de un gris plomizo y un viento agradable comenzó a correr. Jin bajó las ventanillas diciendo "se viene una tormenta ¡qué alivio!", sin saber que la tranquilidad me la había dado él.

Alma volvió al rato cargada de bolsas y in par de cajas. Subió y nos miró a ambos. "¡Ustedes! No se habrán amenzado con nada, ¿verdad?" Jin y yo nos miramos y ambos coincidimos en reír a carcajadas. Después de todo, la tormenta había pasado mucho antes de que se desencadenara afuera; dentro del auto, el sol brilló para los tres.

EL GRAN PREMIOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora