Sentada en el balcón del departamento en donde ya convivo con Juanse, disfruto de los rayos de un tímido sol de primavera que baña generosamente mi vientre que ya se va redondeando de a poco. Esta vez no debo esconderlo; no habrá sorpresas desagradables, ni amantes, ni huidas, ni accidentes que lamentar.
Acaricio mi piel apenas estirada y sonrio descuidada hasta que, inevitablemente, detengo mi mano cuando el nudo en la garganta se nota aún más que mi panza. Los ojos se me cristalizan cuando un recuerdo vagamente más triste que afortunado aparece en mi mente: Kim Namjoon ¿Qué será de él? Y sin querer se escapa una lágrima mojando uno de los recuerdos ya acomodado en alguno de los espacios de mi palacio mental.
"Este podría haber sido nuestro segundo hijo o hija" y el susurro vuela de mi boca hacia la brisa que acaba de comenzar a correr ¿De qué me sirve pensar en él y en lo que podría haber sido si todo gabía terminado ya?
Seco mis ojos de manera torpe y rápida, sacudo mi cabeza intentando despejarla de los fantasmas del "¿y si?", y prefiero seguir recorriendo la galería de recuerdos que volvieron; ahí me topo con uno que tenía pendiente de revisar y volver a reflotar: mi única y mejor amiga en Corea, la que me había sostenido y a la que dejé cobardemente sin explicarle nada. Había pasado mucho tiempo, quizás hasta no quiera saber nada de mí, aún así, es fastidioso esto, pues el accidente no solo había roto mi memoria, sino que el celular de entonces también había muerto en aquel suceso.
Lisa se había acomodado en primera fila de mis memorias recuperadas. Era un dolor crónico que necesitaba sanar pero que no sabía cómo; no tenía dónde comunicarme ni a quién pedirle, ni siquiera a Namjoon, así que mi tristeza se asentuaba a medida que pasaba el tiempo.
"Mi querida Lisa, ¿cómo estarás? ¿Qué será tu vida? ¿Acaso me habrás perdonado?" Cada segundo que pasa, aquellas preguntas se agolpan en mi mente sin descanso. "¡Qué hipócrita eres, Alma Uribe! Vives llorando abandono, cuando tú escogiste la misma salida con tu amiga, tu única familia en Corea"
El silencio me abrazaba al igual que el tenue calor de la tarde; el nudo en la garganta se había vuelto imposible de deshacer y amenazaba en el horizonte un incipiente ataque de pánico. "¡No, Alma! ¡Cálmate! El bebé no debe sufrir las consecuencias de tus decisiones. No seas cobarde y no te escondas tras un miedo que no existe. Dios dirá si Lisa sigue en tu destino", apasigüé mi pecho agitado, ofreciéndole respiraciones profundas y en tiempos lentos y sabios.
La quietud se rompió con una llamada entrante en mi móvil. Levanté el teléfono y en la pantalla figuraba un número desconocido pero de característica familiar: Corea del Sur. Generalmente, cuando el número es desconocido no suelo contestar, pero esta vez mi corazón decía lo contrario: debía contestar, era alguien a quien necesitaba escuchar.
-¿Yeoboseyo?-contesté. Del otro lado había silencio -¿Yoeboseyo? ¿Lisa?- no sé por qué, pero mi intuición me guiaba hacia mi amiga. Un sollozo profundo se escuchó y mis lágrimas comenzaron a caer sin control.
-¿Alma?-susurró suavemente-¿Realmente eres tú amiga?-preguntó conteniendo el aliento al final.
-La misma, a quien no deberías llamar así. Te dejé sin explicaciones. Si llamaste para reclamarme y maldecirme, adelante, estoy dispuesta a recibir todo lo que venga de ti-solté mientras hipaba como una niña perdida.
Nos quedamos calladas una vez más; las emociones podían más que las palabras. Era tanto por procesar, tanto por recuperar que no sabíamos por dónde comenzar o cómo hacerlo.
-¡Ay, Alma! ¡Cuánto te he extrañado! Cada día luego de tu partida fue difícil y agonizante- por fin, Lisa rompía con ese silencio tan significativo.
-Perdóname por haberte dejado fuera de mis planes. En ese momento pensé en que, si tú me decías la mínima cosa, abandonaría todo y me quedaría. Pero ahora pienso que hubiese sido mejor.
-¿Mejor qué? ¿Quedarte? Hiciste bien en dejar este lugar que te consumía y te hundía cada vez más.
Cuando Nam volvió y me contó por todo lo que habías pasado, no hubo día en que no te pensaba. De verdad, Alma, quería estar contigo, pero no sabía dónde encontrarte o como comunicarme. Amiga mía,sentí que vivía sin vivir.
Las palabras de Lisa estaban calando muy hondo en mi ser. Ella era una parte importante de mi rompecabezas que aún seguìa completándose y acomodándose.
-Amiga querida, me encantaría tenerte aquí ¡Tengo tanto para contarte! Si tan solo pudiera verte- mi anhelo era intenso y se notaba a través de la línea.
-¿Tú crees en el destino?- me preguntó si bacilar. Aquella pregunta me pareció extraña; sin embargo le contesté con "si" bastante dubitativo.
-Pueeeeeeeessssss... ¿Podrías decirle al destino que te pida un taxi, así me buscas del aeropuerto?
Creía estar escuchando mal. "No juegues conmigo, Lisa. Esto no es gracioso", le dije largándome a llorar nuevamente. "No es justo que me castigues así". Una tímida risa se escapó a través de la línea y eso me dió la certeza de que no me jugaba una mala broma.
-Entonces, Uribe Alma, ¿me vienes a buscar?- y mi grito, más allá de romperle el tímpano, le confirmó a mi amiga que ya estaba camino hacia el aeropuerto.
Todo se estaba acomodando, todo estaba marchando bien; Lisa había vuelto a mi mente y a mi corazón... aún así, una parte enorme de mí misma quedaría para siempre incompleta y en el aire, la del amor de mi vida, la de mi némesis y génesis: Kim Namjoon.
ESTÁS LEYENDO
EL GRAN PREMIO
FanfictionSolo unx sabe lo que habita muy adentro del ser. Alma sabe lo que su esencia esconde, mientras cubre con habilidad su amor y deseo por Namjoon. Nam no sabe que su compañera y subalterna es aquella mujer que lo excita y lo lleva al borde del delirio...
