CONEJO DE MONTAÑA

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Los primeros tres meses después de nuestro encuentro reafirmaron la intención de estar "juntos para siempre". Lo sé, suena a cuento de hadas, pero así lo vivíamos: intensamente.

Durante el último tiempo habíamos estado planificando una pequeña ceremonia de compromiso, íntima, familiar, pues no necesitabamos más. El entusiasmo de Jin me animaba a no pensar en la incertidumbre que me provocaba pensar en una vida con él... en una existencia mejor que la que Namjoon jamás me había dado. Era triste pensar que el amor de mi vida me había destrozado cada milímetro de esperanza, cada tramo de futuro junto a él, mientras que mi alma gemela me había esperado tanto, aún sopesando la posibilidad de que yo jamás volviese a Argentina, y mucho menos, a sus brazos.

Era inevitable no compararlos: cada paso de Seokjin era un reflejo contrario al de Namjoon; el trato, principalmente: Jin jamás me había recriminado el tiempo en que nos distanciamos, y luego volver como si nada hubiese pasado. Namjoon se escudaba siempre tras la excusa de todos aquellos que lo habían dejado de lado; su resentimiento lo había vuelto un ciego y la violencia de sus palabras no ayudaban en nada. Vivía en una constante autodestrucción, se miraba hacia adentro sus propias miserias, culpando al resto de su suerte. Así fue como terminamos en donde terminamos: uno en un extremo del otro. En su afán de ser víctima perdió demasiado: dos madres, un hijo, una mujer que lo amaba más que a sí misma... una vida completamente feliz.

Sinceramente todo eso me provocaba una profunda tristeza, pero también había una alegría que disipaba todo lo demás. Quizás me daba culpa pero, ¿que podía hacer? Había sufrido tanto que  merecía ser amada genuinamente y seguir con mi vida al lado de un gran hombre como lo era Jin y no a la sombra del egoísmo de Nam.

Ahora teníamos un hogar, historias cálidas qué rememorar; eramos pareja y pronto seríamos esposo y esposa. Tal vez ibamos demasiado rápido; había algo extraño, pero no quería pensar en eso, lo más probable era que fuese imaginación mía. Nada podía salir mal de ahora en más... ¿o si? Es lo que me pregunté hace dos tardes atrás, cuando me encontraba sola en nuestra casa vieja. Hacía un par de semanas que comencé a tener ciertos síntomas poco agradables: náuseas matutinas, poco apetito, dolor de estómago y muchos mareos. Los atribuía como una consecuencia tardía del accidente, pero habían pasado casi dos años de ello, ¿y recién reaparecerían?

Decidí consertar una cita con un médico clínico fuera de la clínica de Seokjin. No quería preocuparlo y, mucho menos, que se distrajese de su trabajo.

La consulta era hoy a las 16 horas, en un centro médico en San Telmo, lo más lejos posible, pues si los resultados de los estudios no eran buenos, prefería alargar la vuelta a casa y así tendría mucho que reflexionar para poder poner de sobreaviso a mi futuro marido. Si todo estaba bien, también me dría mi momento para considerar varias cosas... como el matrimonio. Muchas cosas me tenían aterrorizada, pero no tanto como el hecho de arrepentirme una vez subida al barco del compromiso. Pero había un miedo aún más persistente que el del arrepentimiento: el del embarazo. Temía volver a quedar encinta y que se repitiera la historia que tuvimos con Namjoon. Sabía de sobra que Jin no haría lo mismo, pero cuando el miedo supera la realidad todo es posible.

¿Por qué tantas dudas? ¿Por qué tanto miedo? Simplemente, porque ya había comenzado a sentirme extraña, como cuando estuve en Corea. Prefería no pensar pero era imposible; casi todas las noches me levantaba a hurtadillas y me encerraba en el baño que estaba al final del pasillo. No quería que Jin escuchase mis hipidos y mis ahogos por la angustia que me estaba matando. Sabía de sobra que algo pasaba dentro mío, pero no lo quería reconocer. Aún así, decidí terminar con ello: debía visitar un médico.

Al día siguiente llamé a la clínica y concerté una cita con un clínico; sería ese mismo día a la tarde. Me pasé toda la mañana sin probar bocado , llorando y con los nervios crispados; tuve suerte de que Seokjin disertaba en un congreso y volvería dentro de dos días.

EL GRAN PREMIOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora