Izuku Midoriya había escuchado los lamentos toda su vida. Su madre le contaba historias antiguas, leyendas de espíritus que anunciaban la muerte con un grito desgarrador: las Banshees. Al principio, pensaba que eran solo cuentos para asustar a los niños, hasta que su propio destino quedó enredado con el de esos seres etéreos.
La primera vez que escuchó el llanto, tenía seis años. Estaba solo en su habitación, una noche de tormenta, cuando sintió una brisa fría que atravesaba las ventanas cerradas. El aire se volvió denso, casi asfixiante, y luego, un grito agudo cortó el silencio. Izuku se tapó los oídos, pero la angustia resonó en su mente. A la mañana siguiente, su abuela había fallecido.
Desde entonces, había sido testigo de muchas más muertes. Cada vez que escuchaba ese grito, la muerte no estaba lejos. Al principio, su madre intentó protegerlo, pero pronto quedó claro que Izuku tenía un vínculo especial con las Banshees. Era capaz de verlas, de escuchar sus advertencias y, lo peor de todo, era incapaz de detener lo que anunciaban.
Ahora, con 18 años, había aprendido a vivir con la maldición. No podía evitar las muertes, pero había logrado entender los patrones. Sin embargo, el peso de cada pérdida se acumulaba en su alma, haciéndolo más reservado, más distante.
Una tarde lluviosa, mientras caminaba de regreso a casa, sintió esa sensación familiar: el aire frío, los murmullos en el viento, el anuncio de algo inevitable. Sus dedos se tensaron alrededor del paraguas cuando escuchó la voz que más temía. Era diferente a las otras veces. Era un grito lleno de rabia y dolor, y su corazón se detuvo cuando se dio cuenta de a quién pertenecía esa voz.
"Katsuki...", susurró, su corazón latiendo con fuerza.
Katsuki Bakugou, su compañero de clase y la persona que siempre lo había empujado a ser mejor, aunque de una forma dura y brutal. Pero Izuku no podía negar que, en el fondo, había algo más profundo entre ellos, algo que nunca había sabido cómo enfrentar.
El día siguiente fue una pesadilla. Bakugou, con su arrogancia característica, llegó a la clase sin sospechar nada, completamente ajeno al hecho de que su destino estaba sellado. Izuku no podía soportar la idea de perderlo, pero ¿qué podía hacer? Nunca había logrado salvar a nadie antes.
Durante el descanso, Izuku se acercó, incapaz de reprimir más la ansiedad que lo consumía. "Kacchan...", comenzó, con la voz rota. "Hay algo que necesito decirte."
Bakugou levantó una ceja, claramente irritado por el tono serio de Izuku. "¿Qué demonios te pasa, nerd? Pareces haber visto un fantasma."
"Es algo peor que eso", respondió Izuku en voz baja, mirando a su alrededor. No podía simplemente decirle la verdad, pero al mismo tiempo, no podía quedarse callado. "Tienes que tener cuidado... algo está por suceder."
Bakugou bufó, su ceño fruncido en una mezcla de frustración e incredulidad. "¿Estás jugando conmigo, Deku? ¿Qué clase de tontería es esa?"
Pero Izuku no respondió. Sus ojos se oscurecieron, y por primera vez en años, Bakugou vio algo en él que no pudo ignorar: un miedo profundo, genuino. No era el típico temor que había visto antes en Deku. Era algo más oscuro, algo que caló en su propia piel.
Antes de que pudiera decir algo más, el timbre sonó, y el momento se esfumó. Izuku se quedó de pie, viendo cómo Bakugou se alejaba, sabiendo que el tiempo corría.
Esa noche, Izuku no pudo dormir. Sabía que el lamento de la Banshee no se equivocaba, pero, por primera vez, quería desafiar su destino. Quería salvarlo.
Decidió ir a la colina detrás de su casa, donde las Banshees solían aparecerse ante él. Quizás, si las enfrentaba directamente, podría hacer algo, cualquier cosa para evitar lo inevitable. Cuando llegó, el aire se sentía pesado, cargado de energía oscura. Y allí estaba ella, una figura etérea, flotando entre los árboles, su cabello largo y plateado moviéndose con el viento, su rostro cubierto por un velo. La Banshee lo observaba con ojos vacíos, pero su presencia hablaba de la muerte inminente.
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Inktober Bakudeku monsters
FanfictionInktober sobre el Bakudeku en diferente universos, teniendo en cuenta la temática del día. Las imágenes utilizadas no son mías, créditos a sus respectivos dueños. -Nikol
