El aire acondicionado de la sala de prensa no había sido suficiente para enfriar la rabia que aún me quemaba la piel. Salí de allí caminando rápido, con la cámara golpeando contra mi costado y los ojos todavía escoceses, rogando que las luces bajas del estadio ocultaran el rastro de mis lágrimas.
Jenna y Rob me esperaban junto a la puerta de salida, cerca del enorme autobús del equipo que ya rugía, listo para llevarnos de vuelta al hotel.
—Liv, por fin —dijo Jenna, dándome un vistazo rápido—. ¿Estás bien? Tienes una cara de...
—Es el cansancio, Jen. Solo quiero llegar, ducharme y dormir diez horas —mentí, tratando de forzar una sonrisa mientras subía el primer escalón del autobús.
—¡Espera! —Rob me puso una mano en el hombro, señalando hacia el estacionamiento privado—. Creo que alguien no quiere que te subas a ese camión.
Me giré, y el corazón me dio un vuelco.
James Mason estaba de pie junto a una suburban negra blindada que parecía una fortaleza de elegancia. Había dejado atrás la chaqueta del traje y ahora solo vestía la camisa de lino, con el cuello abierto y una expresión que mezclaba la paciencia con algo mucho más atento.
Caminó hacia nosotros, ignorando por completo el autobús lleno de jugadores que curioseaban por las ventanas. Christopher seguramente estaba ahí dentro, observando desde la penumbra.
James llegó hasta nuestro pequeño grupo. Sus ojos se clavaron en los míos de inmediato. No necesitó que le dijera nada; sus cejas se contrajeron apenas un milímetro al notar el ligero brillo de mis ojos y la tensión en mis hombros. Pero, fiel a su estilo, no hizo ni una sola pregunta. No me pidió explicaciones frente a mis compañeros.
—Olivia —dijo, su voz profunda actuando como un ancla—. He decidido que la cena del hotel no es lo suficientemente buena para ti esta noche.
Miró brevemente a Jenna y a Rob. No conocía sus nombres, ni parecía importarle demasiado en ese momento, pero les dedicó un asentimiento cortés, casi protocolario.
—Supongo que ustedes pueden encargarse de su equipo, ¿verdad? Me la llevo conmigo.
Jenna se quedó con la boca abierta, alternando la mirada entre el dueño del equipo y yo. Rob simplemente asintió, con una media sonrisa de complicidad.
—Claro, señor Mason. Nosotros nos encargamos —respondió Rob, dándome un apretoncito en el brazo—. Ve, Liv. Te vemos mañana.
James no esperó a que lo pensara demasiado. Dio un paso más hacia mí, rompiendo mi espacio personal de una forma que no se sentía invasiva, sino protectora. Me ofreció su mano, un gesto silencioso que me ofrecía una salida de ese estadio, de Christopher y de la tristeza que me asfixiaba.
—¿Vienes? —preguntó suavemente.
Miré el autobús. Sabía que Christopher nos estaba mirando. Sabía que mañana el equipo sería un nido de susurros. Pero luego miré a James, a su calma imperturbable y a la forma en que me miraba, como si yo fuera lo único importante en ese estacionamiento de concreto.
—Sí —respondí, dejando que mi mano se deslizara en la suya—. Sí, voy.
James me escoltó hasta su coche, abriéndome la puerta con esa caballerosidad impecable que Christopher había olvidado por completo. Una vez dentro, el silencio del habitáculo, aislado del ruido del estadio, me envolvió como una manta.
Él rodeó el coche, se sentó al volante y, antes de arrancar, puso una mano sobre la mía. No me preguntó por qué estaba triste, ni quién me había hecho llorar, ni qué había pasado en aquel pasillo. Simplemente apretó mi mano con firmeza.
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LA FORMA EN QUE TE AMO
Novela JuvenilOlivia es una recien egresada de la universidad de Chicago, su sueño siempre ha sido trabajar como publicista para las mejores marcas del mundo. Le ofrecen la oportunidad de trabajar con uno de los equipos mas importantes de la NFL. Sin dudarlo, el...
