Luego de mi discusión con Christopher, decidi darle espacio, por lo que yo también me encerre en mi habitación estaba molesta con él. ¿En que momento se le habia ocurrido que podia dejar todo por mi? Estaba completamente loco. Yo no quiero cargar con eso. Sin embargo es verdad que yo... lo quiero, ha sido mi mejor amigo desde que llegue a Boston y no quiero perderlo.
Me quede dormida y horas después, sali de mi habitación con la esperanza de que Christopher estuviera en la cocina o en la sala, tal vez preparando café o simplemente evitando hablar conmigo. Pero la casa estaba en completo silencio, tan vacía que el eco de mis propios pasos se me hizo ensordecedor. Mi pecho se encogió de forma extraña, como si ya supiera lo que iba a encontrar.
Fui directo a la habitación de huéspedes, llamándolo.
—Christopher... ¿estás ahí?
Nada. Solo silencio.
Giré el picaporte y empujé la puerta. Lo primero que noté fue la cama perfectamente hecha, las sábanas lisas y estiradas como si nadie hubiera dormido en ellas. La maleta que Christopher había dejado en la esquina cuando llegó ya no estaba. No había ropa sobre la silla, ni su reloj en la mesa de noche. El cargador que solía dejar enchufado junto a la cama también había desaparecido. Todo. Se había llevado todo.
Mi estómago se revolvió y un sabor amargo me llenó la boca. Bajé la vista al suelo, como si eso pudiera ayudarme a procesar lo que acababa de ver. Entonces lo noté: la sudadera que a veces me ponía cuando tenía frío seguía colgada del respaldo de la silla. Fue lo único que dejó atrás.
Me acerqué y la tomé entre las manos, sintiendo la tela gruesa y suave. Aún olía a él. Cerré los ojos y la acerqué a mi rostro, incapaz de detener el nudo que se formó en mi garganta. Me odié por haber sido tan cruel. Por no haber sabido manejar lo que sentía. Por haberlo empujado a irse sin decir nada.
—Idiota... —murmuré, pero no sabía si me refería a él o a mí.
Mis padres llegaron a la hora de la comida, como era de esperarse preguntaron por Christopher y yo simplemente les dije que se había ido, sin mas explicaciones. Por suerte ellos no insistieron en indagar.
El sonido de los cubiertos chocando contra los platos apenas lograba llenar el silencio en la mesa. Mi madre intentaba disimular la incomodidad con charlas triviales, pero yo apenas podía concentrarme. Christopher no estaba en el rancho, y aunque había tratado de convencerme de que no me importaba, la verdad es que una parte de mí no dejaba de preguntarse dónde estaba y si estaba bien.
Entonces Gina entró por la puerta principal, su bolso colgando del hombro y el ceño fruncido como si ya supiera que algo andaba mal. Saludó rápidamente y se dirigió directo a la cocina por un vaso de agua. Cuando volvió, ni siquiera se molestó en sentarse.
—¿Y Christopher? —preguntó de golpe, mirándome fijamente.
—Se fue. —me encogí de hombros intentando parecer indiferente.
—¿Cómo que se fue? Creí que volverían juntos a Boston.
—Pues no.— Respondí molesta. ¿Por qué siempre tenia que ser tan entrometida?
—Entiendo... Por cierto Olivia, queria ver si podias ayudarme con algo en las caballerizas.
¿Gina pidiendo ayuda? Y sobretodo ¿Ayuda en las caballerizas? Eso si que era extraño, sobretodo porque desde que se había convertido en madre, habia dejado de lado la cabalgata y los trabajos en la hacienda. Ella se dedicaba al ciento por ciento a mis sobrinos.
—Bien. Vamos.
Salimos de la casa en silencio, caminando hacia las caballerizas. El aire olía a heno y a tierra húmeda, y el sonido de los caballos resoplando llenaba el ambiente. Gina iba a mi lado con el ceño fruncido, claramente preocupada por algo.
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LA FORMA EN QUE TE AMO
Fiksi RemajaOlivia es una recien egresada de la universidad de Chicago, su sueño siempre ha sido trabajar como publicista para las mejores marcas del mundo. Le ofrecen la oportunidad de trabajar con uno de los equipos mas importantes de la NFL. Sin dudarlo, el...
