El miércoles por la mañana, mi teléfono vibró sobre la mesa de noche con una insistencia que no era la de mi alarma. Alargué la mano, esperando un recordatorio de calendario o, en el peor de los casos, un mensaje de mi madre preguntando si ya había comido verduras.
No era ninguna de las dos cosas.
Desconocido: Espero que el café de ayer haya estado a la altura del recorrido. Entonces...¿Cena el viernes a las ocho? Pasaré a buscarte.
Me senté de golpe, apartando el cabello de mi cara. Mi pulso, ese traidor, se aceleró instantáneamente. Solo había una persona en Boston que escribiera con esa seguridad gramatical y ese tono de mando implícito.
Olivia: ¿James? ¿Cómo conseguiste mi número?
La respuesta llegó en menos de diez segundos. Podía imaginarlo perfectamente: sentado tras su escritorio de madera de caoba, con una media sonrisa ladeada y esa mirada de "soy el dueño del mundo".
James: Soy el dueño del equipo, Olivia. ¿Acaso lo olvidas? Tengo acceso a los archivos de recursos humanos. Y a tu contrato. Y, afortunadamente, a tu número de contacto.
Rodé los ojos, pero no pude evitar la pequeña sonrisa que tiró de la comisura de mi boca. Era arrogante, sí, pero era una arrogancia pulida, sin el sudor y la testosterona mal gestionada a la que estaba acostumbrada.
Olivia: Eso es un abuso de poder flagrante. Pero acepto. Solo porque tengo curiosidad por ver si eres tan intenso fuera de la oficina como dentro de ella.
James: No tienes idea. El viernes a las ocho. Sé puntual, Olivia Zannier. No me gusta esperar.
Lo primero que hice fue llamar a Briana. La extrañaba tanto que dolía, y su ausencia en el escritorio de al lado era un agujero negro en mi rutina diaria. Cuando le conté lo de James, casi pude oírla escupir su café al otro lado de la línea.
—¡¿James Mason?! —gritó, y supe que estaba gesticulando salvajemente—. Olivia, ese hombre es básicamente un Christian Grey, pero con mejores modales y más dinero. ¡Tienes que ir!
—Bri, es el jefe —dije, mordiéndome las uñas—. Si salgo con él, voy a ser "la chica que se acuesta con el dueño" antes de que termine el primer plato. He trabajado demasiado duro para que mi carrera se resuma en un chisme de pasillo. La gente va a pensar lo peor de mí.
—Escúchame bien —la voz de Briana se volvió seria, esa voz de hermana mayor que no acepta tonterías—. Que la gente se vaya al diablo. Que se vayan directo al infierno sin escalas. Has pasado semanas llorando por un tipo que decidió, en tiempo récord, que su ex era una mejor opción. Christopher se dio una oportunidad con Victoria sin importarle cómo te sentías tú. ¿Por qué tú tienes que pedir permiso para ser feliz o, al menos, para tener una cena decente?
—Tengo miedo de que parezca que estoy tratando de trepar...
—Olivia, eres la mejor en lo que haces. Tu trabajo habla por ti. James no te invitó a salir por tus tablas de Excel, te invitó porque eres fascinante y no le tienes miedo. Date la oportunidad. Deja que te consienta un hombre sin sentirte culpable.
Colgué sintiéndome un poco más ligera. Briana tenía razón. Christopher estaba viviendo su vida perfecta con su "princesa de Instagram". Era hora de que yo dejara de ser la viuda de una relación que nunca existió.
Los días siguientes fueron extrañamente amenos. James no volvió a aparecer por el estadio se comportaba como un buen dueño de élite: operaba desde su complejo de oficinas, dejando que el equipo respirara. Eso ayudó a calmar mis nervios.
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LA FORMA EN QUE TE AMO
Novela JuvenilOlivia es una recien egresada de la universidad de Chicago, su sueño siempre ha sido trabajar como publicista para las mejores marcas del mundo. Le ofrecen la oportunidad de trabajar con uno de los equipos mas importantes de la NFL. Sin dudarlo, el...
