~26~ Solos

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Los jóvenes habían estado caminando por varias horas por el bosque, observando y analizando varias huellas o más bien, el joven Vegetta con sus conocimientos de caza podía distinguir las huellas y saber a qué animal pertenecían, mientras que el joven Rubius se maravillaba con el entorno a su alrededor.

Cómo culparlo, las cascadas aún estaban algo congeladas pero el paisaje frente a el era casi mágico, los grandes hielos que llegaban hasta la vertiente le daban una iluminación de sueño al agua cristalina dejando varios brillos de colores a su paso, mientras a las orillas varias flores salían de la delicada nieve.

Al llegar a una cima observo el resto de las montañas a su alrededor, intimidantes y serenas llenas de nieve en las puntas, grandes y majestuosas mientras muy a lo lejos recordaba el camino al que fue su hogar y una melancolía se poso en sus verdes ojos.

Algo que llamo la atención de Vegetta, pues en todo este tiempo el joven cura seguía sorprendido y alegre ante cualquier cosa que viera, lo que había alertado a algunos animales, más que nada las libres habían salido corriendo y algunas aves.

Pero ahora miraba el horizonte con gran tristeza en su rostro lo que hizo que se sintiera incómodo, mientras una cruda necesidad de acabar con esa expresión en el rostro del cura se formó en su mente.

Por lo que le hizo una seña y saco un arco, lo que de inmediato hizo que el cura cambiará de actitud y lo viera curioso mientras el le pasaba el arma con cuidado.

Rubius la tomo como pudo pero rápidamente Vegetta corrigió su postura, acomodando su abdomen, espalda y codos para sostener el arma como debía.
Luego se acercó a su rostro con cuidado mientras el fino arco los separaba ligeramente mientras Vegetta miraba concentrado a dónde debía apuntar la flecha.

Cuando se percató de su cercanía se alejo con rapidez y le hizo una señal para que disparará, la flecha salió con rapidez quedando enterrada en uno de los árboles más lejos de dónde Vegetta había puesto la mira, lo que lo dejó sorprendido mientras Rubius celebraba con entusiasmo.

Lo que le causó algo de gracia, eso aligeró el ambiente de camino al lugar de los lobos, donde dejaron varias trampas llenas de carne y el perfume para ver si en verdad podría funcionar.

Aunque los lobos tardaron de salir de la cueva una vez el aroma de la sangre se impregnó, comenzaron a aparecer por el lugar de las trampas mientras Rubius y Vegetta observaban de lejos.

Muchos de los lobos solo rondaban cerca de la trampa pero no parecían acercarse mucho, varios simplemente olfateaban el suelo antes de llegar ante la presa y se retiraban lo que los alegro, significaba que el perfume funcionaba.

Cuando los lobos se fueron comenzaron a llegar algunos gatos de monte, con los que ocurrió la misma situación. Por lo que volvieron a casa con rapidez, intentando evitar estar afuera del pueblo en el comienzo de la Noche, ahora tenían que saber la cantidad exacta que debían poner en el muro.

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