En este pueblo la nieve azotaba con fuerza, mientras que en las noches abundaba el terror hacia una gran bestia que corrompía las tierras.
La gran bestia nocturna causo grandes problemas en el pueblo, pero todo cambiaría con la llegada de un nuevo "...
El joven cura se había adentrado al bosque completamente solo, intentando hayar a Vegetta, pero entre la nieve y la niebla que se esparcia entre los árboles le era demasiado difícil seguir el rastro.
Para su mala suerte la nieve comenzó a caer de nuevo desde el cielo haciendo que aquella sensación de frío se adentrará hasta sus huesos, observo como la punta de sus dedos tenía un tono rojizo mientras el aire quemaba sus pulmones.
Pero se negó a volver al pueblo, tenía que encontrar a Vegetta, debía hacer algo para que estuviera a salvo, debía hacerlo el era el único que sabía su secreto y aunque aún no sabía cómo detenerlo lo debía intentar.
La pequeña antorcha en su mano osilaba ante la ventisca de nieve dejando un leve detello de luz a su alrededor mientras la oscuridad del bosque se apoderaban del lugar, adentrandose cada vez más a lo profundo.
Observo la pequeña hoja que había traído consigo, lo que le había dado esperanza de que aquello podía acabarse, una simple nota que podía darle un nuevo rumbo a las cosas.
Las bestias alfa al tener una pareja pueden calmar sus instintos animales, si está es un Omega incluso podría sellar a la bestia.
Ese pequeño párrafo le hacía seguir adelante, aunque no sabía bien a lo que se refería debía tener algún antídoto o algo que pudiera darle para que ya no tuviera esa maldición en su ser.
El aria lo que fuera para que Vegetta volviera a la normalidad, para que estuvieran juntos, no sabía desde cuándo aquel sentimiento por el se había fortalecido pero ya no podía negarlo más.
El lo amaba, lo había hecho desde que se habían mudado a su nuevo hogar, después de cada charla, cada discusión y cada mirada, había tardado en darse cuenta pero no podía seguir así.
El lo amaba y si estaba en sus manos salvarlo iba a hacerlo aunque aún no entendía cómo lo aria sin importar que, lo arriesgaria todo por el.
* * *
En lo mas profundo y escondido del bosque se encontraba la gran bestia nocturna, bajo las raíces retorcidas de un gran y viejo pino, donde la nieve se acumulaba en montañas suaves y traicioneras. Estaba acostado entre las raíces ante el cansancio con su respiración lenta y densa saliendo en grandes nubes de vapor a su alrededor, como si cada exhalación le costará más que la anterior junto al punzante dolor por sus heridas.
Tres flechas estaban incrustadas en su flaco izquierdo sobresaliendo entre el pelaje negro mientras de lado derecho otras dos estaban hundidas hasta la mitad, con las plumas aplastadas y manchadas por su sangre que había quedado pegada en su pelaje en finos hilos oscuros de carmesí.
Sus brillantes ojos rojos parecían arder incluso entre la oscuridad más profunda del propio bosque, con su mirada fija hacia un punto lejano entre las sombras de los árboles poniendo atención al suave movimiento de las ramas de los árboles a su alrededor, aquel aroma a leña quemada y metal se había desvanecido por lo que sabía que los humanos ya no estaban cerca, además la nieve comenzaba a caer cada vez más por lo que su rastro se borraría fácilmente.
Sin embargo el lento y pesado latir de su corazón aún lo tenía acomplejado, porque aquellas heridas le habían dolido más de lo que quería admitir, su cuerpo estaba cada vez más roto, sientiendo en su espalda y extremidades aquel ardor en sus músculos tensos.
Sus amigos lo había atacado a matar, suspiro pesado mientras el aire a su alrededor se volvía cada vez más afilado ante aquella idea que rondaba en su mente, sus amigos y sus conocidos buscaban darle muerte, en eso más copos de nieve empezaron a caer cada vez con más frecuencia y más gruesos como si el bosque se hubiera apiadado de él, o como si los mismos dioses quisieran cubrirlo, como si alguien sintiera lastima por él.
Dejó caer su cabeza con suavidad en el suelo frío de la pequeña cueva entre las raíces, cuando un relámpago de dolor recorrió su columna arrancándole un grunido bajo y áspero lleno de dolor pero a la vez inaudible, perdiéndose entre el bullicio del viento en la tormenta de nieve afuera.
Su sangre dejaba un leve recorrido desde su cuerpo hacia el suelo del lugar generando un pequeño charco de aquel espeso líquido carmesí, dejando un leve rastro de manchas sobre la nieve bajo el.
Aún con el dolor punzante en su cuerpo el seguía alerta aún con las fechas caldas a su cuerpo desprendiendo aquel olor metálico de su sangre mezclandose con el aroma a pino del lugar, sin embargo, en el fondo de esos ojos color sangre había algo más, su mente no dejaba de recordar a Rubius.
Como si nada de lo que había pasado importará realmente aún cuando su cuerpo estaba herido y su mente estaba dividida había algo en el que seguía buscando recordar aquellos ojos verdes.
La ventisca rugió más fuerte a su alrededor haciendo que los copos de nieve se volvieran una especie de cortina imperciptible, sabía que los cazadores se habían ido al pueblo, aunque se sentía culpable por tener que haberlos atacado no se le había ocurrido nada más para alejarlos de él.
Aún así no podía dejar de sentirse culpable, porque le había hecho daño a más gente, suspiro profundo porque ya se había resignado a sufrir mientras siguiera de aquella forma, no había forma de que el prosperará con aquella condición sobre sus hombros.
No había salida para él, un fuerte y profundo suspiro salido desde sus entrañas, que se supone que aria en el bosque cuando volviera a ser un hombre.
Sus ojos se quedaron fijos en la lejanía, porque ya no se sentía un hombre, ahora el solo podía ver a la horrible bestia que le había hecho tanto daño a sus seres queridos, incluso a la persona que más amaba ahora la había lastimado.
Sintió sus ojos arder con fuerza, el casi había matado a Rubius, en dos ocasiones el le había lastimado y hecho sufrir de maneras tan brutales y horribles que le soprendia que aquel joven le hubiera dicho aquellas palabras cuando se había ido de la casa del sabio dejándolo a solas y lejos de él.
Rubius lo amaba pero el era un peligro, tal vez el si debía morir, aquel pensamiento lo puso tenso porque solo una persona llegó a su mente, solo una persona podría matarlo mientras fuera un hombre.
Lo había decidido si debía morir, prefería morir a manos de la persona que amaba.
Rubius tenía que matarlo siendo Vegetta para que la bestia nocturna desapareciera por completo.
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