En este pueblo la nieve azotaba con fuerza, mientras que en las noches abundaba el terror hacia una gran bestia que corrompía las tierras.
La gran bestia nocturna causo grandes problemas en el pueblo, pero todo cambiaría con la llegada de un nuevo "...
Los gritos de Rubius eran fuertes y agonizantes ante el ardor que sentía sobre su lastimada pierna mientras varios brazos lo sostenían con fuerza.
Cuando aquel líquido dejo de vértice sobre el su cuerpo cansado y débil sintió un ligero alivio uno que no duró demasiado, pues antes de que pudiera reaccionar un dolor punzante comenzó a recorrer su herida.
Dejándole una sensación quemante por su pierna mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y sus gritos se incrementan con fuerza, el dolor era agonizante quebrando su garganta mientras sus amigos lo abrazaban con fuerza.
Luzu suturaba la herida de manera cuidadosa, lo que hacía que fuera más lento de lo que debía dejando que el dolor se expandiera sobre el cura, pero no quería cometer errores por lo que debía aguantar, solo un poco más.
Vegetta observaba el rostro lloroso del cura quien se aferraba a su brazo dejando pequeñas marcas de uñas sobre el, sus lágrimas recorrían su rostro adolorido mientras su cuerpo permanecía inmóvil.
Sabía que Luzu hacía todo lo posible por curarlo, pero aún así sentía una gran impotencia al verlo sufrir de esa manera, quería que aquel dolor desapareciera de sus ojos, quería ser quien tuviera que pasar por aquel agonizante dolor.
El ver sufriendo a Rubius le dolía pero aún así se mantuvo quieto observando todo con suma atención, aunque cada vez que esté gritaba podía sentir como todo su cuerpo se tensaba, su dolor era un llamado que no podía ignorar, pero si intervenía las cosas saldrían peor, por lo que solo podía estar allí, cerca de el.
Cuando sus miradas se cruzaron por unos breves minutos antes de que Rubius cerrará los ojos ante el dolor, Vegetta sintió como su pulso se aceleraba con fuerza mientras su respiración se volvía cada vez más pesada.
Rubius ante el agonizante dolor cayo en un profundo sueño por lo que mientras lo limpiaban y arreglaban las cosas para irse Vegetta no podía dejar de míralo y a pesar de que todos se encontraban felices por haber encontrado a Rubius un sentimiento diferente seguía brotando en Vegetta.
Ni siquiera dejo que alguien lo tocara después de que Luzu cubriera con cuidado las heridas, el se quedó allí al lado de Rubius sin decir una palabra, mientras limpiaba con suavidad el rastro de lágrimas que habían caído por su rostro.
Miro detenidamente el rostro del cura, unas grandes y profundas marcas moradas se posaban bajo sus ojos resaltando sobre su pálida tez, su rostro tenía leves heridas, como en su frente casi cerca de una ceja un pequeño corte comenzaba a resaltar.
Su delgado cuerpo parecía romperce al mínimo tacto mientras su pecho subía y bajaba con suavidad mientras su ropa ahora sucia y descuidada parecía no cubrirlo del frío.
Vegetta lo cubrió de mantas con sumo cuidado mientras esté aún seguía dormido, las heridas y rasguños en su piel resaltaban ante su pálida tez, mientras sentía la mirada fija de los demás en el.
Al estar listos, el joven Vegetta tomo con suavidad al cura entre sus brazos cargando lo con sumo cuidado mientras los demás se quedan viendo aquella escena, caminado fuera de aquellos matorrales y arbustos, era obvio el porque no podían llevarlo en la hamaca aún pero era extraño ver qué Vegetta haya sido el que levanto a Rubius en brazos a la salida.
Una vez el terreno mejoro Vegetta acercó al cura con suavidad y lo coloco sobre la hamaca, su delgado y pálido cuerpo se veía pequeño, mientras su pecho subía y bajaba con suavidad, no podían dejar de observar aquellos rasguños resaltando sobre su piel.
Los demás lo observaban callados, dejando que su descanso fuera tranquilo mientras el sonido de sus pasos crujían bajo la nieve, su cuerpo se recostaba sobre la hamaca con suavidad mientras Vegetta era quien lo llevaba con cuidado.
Los demás se enfocaban en volver al pueblo despejando el camino para que Rubius descansará, después de varios días de haber estado sobreviviendo en el bosque.
Cuando llegaron Auron pidió que dejarán al cura en su casa para cuidar de el, lo que no le agrado tanto al joven Vegetta sentía que el chico debía de estar bajo su cuidado, en su casa, completamente protegido pero decidió no hacer nada.
Sabía lo mucho que sus amigos lo habían extrañado y lo preocupados que estaban, al igual que el, pero tal vez lo que necesitaba Rubius era estar rodeado de su gente para poder olvidarse de aquellas terribles noches y por fin descansar a salvó.
Al llegar a la casa de Auron todo el grupo entro con ellos, dejando a Rubius en la pequeña cama descansando, mientras los demás se quedaban en la sala, el ambiente había cambiado pero está vez para bien.
Todos estaban más tranquilos y la gente del pueblo los había recibido con emoción y calidez al ver que habían llegado a salvó y está vez entre ellos, se encontraba el cura después de tantos días de búsqueda.
Aún así los amigos del cura ahora parecían estar más alertas a cada movimiento que el hiciera aún mientras se encontraba en ese profundo sueño el grupo de jóvenes parecía no querer alejarse de su amigo.
Cómo si a cualquier momento pudiera desaparecer frente a sus ojos, ninguno se movió de su lado, Luzu quien observaba al grupo noto como sus facciones se habían relajado desde que lo habían encontrado y ahora solo se encontraban descansando.
Después de tantos días donde casi no habían dormido, dónde su humor solo empeoraba y dónde la culpa los carcomía por dentro, al fin esa agonizante tortura había llegado a su fin y ahora estaban juntos.
Sin embargo aún parecían agotados, las horas que habían dormido eran muy pocas y tampoco se habían alimentado bien, aún así ellos se encontraban al lado del cura esperando pacientemente a qué despertara y así por fin respirar con tranquilidad.
Pero aún con la alegría del momento habían cosas que aún no tenían respuestas y que seguían sin resolverse, ya que la bestia, la terrible criatura que habitaba el bosque seguía allí y parecía no haber sido afectada por el perfume ni por las flechas o armas que habían intentado detenerla.
~¿Qué harían ahora? ¿Acaso habría algo que pudiera parar a la temible bestia nocturna~
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