En este pueblo la nieve azotaba con fuerza, mientras que en las noches abundaba el terror hacia una gran bestia que corrompía las tierras.
La gran bestia nocturna causo grandes problemas en el pueblo, pero todo cambiaría con la llegada de un nuevo "...
Advertencia el siguiente episodio contiene escenas subidas de tono, se recomienda discreción.
—No estoy mintiendo— la voz de Rubius salió en un susurro mientras Vegetta seguía allí frente a el, sujetando sus manos y estando demasiado cerca, más de lo normal.
—Padre...no me mienta— su voz era profunda, casi como una orden cuando empezó a acercarse más, Rubius se puso nervioso intentado liberarse hasta que Vegetta se apoyo en el dejando su nariz en su cuello haciéndolo temblar.
Su piel se erizo y sintió como una corriente recorría cada parte de su cuerpo, Vegetta solto el agarre de sus manos con suavidad y le abrazo con fuerza mientras seguía enterrado en su cuello, tomando su aroma con fuerza.
Rubius llevo su mano a su boca ante la extraña sensación de cosquilleo que llenaba su cuerpo, el calor solo se extendía, pero de alguna forma en su parte baja el calor parecía acumularse.
Vegetta se alejo un poco para poder verlo, Rubius estaba ruborizado desde sus orejas a gran parte de su cuello e incluso la yema de sus dedos tenía un leve rosa, aquella imagen frente a el lo puso estático.
La respiración de Rubius era lenta, su pálida tez ahora con leves tonos rojos, mientras su pecho subía y bajaba con rapidez, sus ojos grandes y cristalinos lo miraban con algo diferente, todo en el ahora parecía tan tentador.
Vegetta sonrió mientras agarraba la cintura del "cura" y lo acercaba a él, sintiendo algo diferente entre ellos, lo que hizo que Rubius se tapara la cara nervioso y su piel se volviera más roja, pues podía sentir lo duro que se había puesto ante su cercanía.
Vegetta se acercó a su oido sin dejar sus manos sobre sus caderas, —Se me hace muy difícil controlarme... Padre— aquello salió como un gruñido, como si un predador estuviera a punto de devorar a su presa.
—Vegetta ...esto no— pero antes de terminar, Vegetta comenzó a besar con suavidad el cuello del "cura" haciendo que un jadeo saliera de sus labios.
Vegetta se quedó quieto unos segundos ante la sorpresa de escuchar aquel sonido, tan tentador y prohibido venir del "cura", pero no sé detuvo, siguió besando el cuello del cura dejando algunas pequeñas marcas sobre su piel.
Mientras esté intentaba acallar cada jadeo y gemidos que salía de su boca, pero parecía inútil, apenas y sabía cómo habían llegado a eso, pero su cuerpo no dejaba de reaccionar ante el toque de Vegetta, aquella sensación de calor jamás la había sentido.
De pronto los besos cesaron y las manos de Vegetta comenzaron a moverse entre su ropa dejando su abdomen al descubierto, las manos de Vegetta lo recorrieron por completo mientras su espalda se arqueo y sus gemidos aumentaban con fuerza.
Puso sus manos sobre sus labios buscando hacer el menos ruido posible mientras Vegetta seguía tocando lo y apoderándose de su cuerpo, pero no podía negar que le gustaba, cada caricia y cada beso solo libero más esa sensación de calor en el.
Hasta que sintió las manos de Vegetta sobre su pantalón y se quedó tenso, lo que hizo que Vegetta se acercara a él, mirándolo a los ojos. —¿Quieres... que pare?— Rubius apenas y podía respirar mientras un gran rubor se posaba en su rostro.
Comenzó a negar con la cabeza de a poco mientras Vegetta tomaba con suavidad su rostro, —Dilo— su voz áspera y profunda lo hizo temblar, observando aquel sonrojo en su rostro y como sus ojos lo observaba con un brillo uno que no podía describir bien.
—No pares— dijo con dificultad haciendo que Vegetta lo besara con fuerza, era un beso hambriento y necesitado, que lo dejo sin aliento unos segundos, cuando sintió como Vegetta buscaba más de el, apenas abrió su voz buscando hablar, este la exploró con su lengua.
Aquella sensación de necesidad y de calor lo estaba volviendo loco, porque aunque estaba disfrutando de cada beso y caricia su cuerpo parecía no estar del todo satisfecho, aún quería más.
Sus caderas casi sin darse cuenta se estaban balanceando sobre el, haciendo que Vegetta se tensara, pudo sentir que no era el único que buscaba más contacto aún si la forma en la que Vegetta lo miro le hizo sentir poderoso.
El estaba allí, acariciándolo sin piedad pero apenas el se había acercado buscando más Vegetta había liberado su agarre y su control, haciendo que Rubius disfrutara de aquel poder, en especial cuando un hombre como Vegetta es quien ahora es controlado.
Rubius tocó su cuerpo con suavidad mientras esté lo miraba de forma fija, mordiéndose los labios ante cada caricia y beso hecho por el pelo blanco.
Hasta que llegó a ese lugar, dónde aquel bulto se dejaba ver entre su ropa, Rubius acaricio el lugar con una lentitud casi tortuosa mientras leves jadeos eran liberados por Vegetta.
—El líder de cazadores se quedó sin palabras— susurro con suavidad mientras sus miradas se cruzaban, Vegetta le dió una leve sonrisa.
—No me tientes o el poco control que me queda se ira— dijo con brusquedad mientras un gruñido salía de sus labios.
—Prueba me— aquellas palabras llenas de confianza y reto, habían liberado algo en Vegetta como si esa fuera la forma de romper aquel límite que poseían entre ambos.
Ni siquiera hablo cuando volvió a juntar sus labios con los del pelo blanco, mientras sus manos recorrían su cuerpo y cada prenda era sacada con rapidez.
Ni siquiera se habían percatado de como se habían adentrado en la pequeña cabaña pero ahora estaban en la habitación, dónde Rubius estaba recostado en la pequeña cama con Vegetta sobre el.
Rubius parecía avergonzado de su rápida desnudes mientras Vegetta lo miraba sin pudor y descaro, cuando interrumpió —Por que el único desnudo soy yo— le reprochó al pelinegro haciendo que esté liberará una risa áspera.
Se sacó la camisa con rapidez dejando ver su abdomen musculoso, mientras Rubius recorría su abdomen sin descaro con su visita y sus manos, hasta que se quitó el resto de ropa quemado al descubierto ante el.
Rubius miro al pelinegro lleno de nervios al observar su gran tamaño, tragando saliva con fuerza, su cuerpo lleno de músculos y cicatrices parecía esculpido por los dioses.
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Se que esto es algo muy diferente a lo que se estuvo leyendo anteriormente, de verdad espero que les guste.