~34~ Melancolía

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Cada vez que se adentraba en aquel oscuro y profundo bosque parecían estar en un laberinto, uno espeso y profundo del que no pareciá haber una salida, los días pasaban con rapidez y a cada hora en la que no encontraban nada eran solo más angustias.

El grupo seguía tanto como podía, pero no parecía ser suficiente aún si buscaban todo el día parecían no estar avanzando hacia nada y en las noches cuando debían volver solo seguían con aquel pesar en su pecho.

Pero no tenían más opciones, en la oscuridad y profundidad de la noche no podían mirar bien, las cosas se confundían con facilidad y la esperanza de encontrarlo en esas condiciones eran muy pocas.

Solo debían esperar al amanecer, para volver a buscar en el espeso y amplio bosque, pero sus cuerpos no podían seguir el ritmo, el descanso aunque era casi obligatorio por Luzu no parecía estar funcionando.

La mayoría tenía horribles pesadillas apenas cerraba los ojos, con cientos de escenas horribles en dónde Rubius era devorado por aquella bestia, eso los tenía aterrados evitando su descanso.

Después de todo quien podría dormir al imaginar tan terrible destino para un amigo, cada uno de ellos tenía ese terrible pesar en las noches, pero para Auron eran las mismas escenas de aquel recuerdo que habían quedado grabadas para siempre en su memoria.

Rubius entres los dientes y comillos de aquella terrible bestia y sus gritos llenado cada parte de su ser, una agonia que lo carcomía cada vez más.

Se sentía solo, decepcionado de el mismo y de como se habían llevado las cosas, tal vez si no hubieran ido a las montañas, si tan solo hubieran cambiado su dirección.

Sus pensamientos lo estaban atormentando, sin rumbo y dirección buscando algo que lo mantuviera lejos de quella horrible realidad. Aún con sus ojos cerrados las imágenes comenzaron a desvanecerse y una dulce y suave voz comenzó a susurra cada vez más.

-Conoces el mar- aquella suave voz la reconocía bien, una alegre y curiosa que había escuchado años atrás cuando era un niño.

Miro de nuevo a sus pies a un pequeño de cabello blanco y grandes ojos verdes quien lo miraba curioso en un jardín.

-¿Me puedes decir que es?- pregunto de nuevo el pequeño, Auron lo recordaba fue después de conocerlo cuando le prestó un libro de viajes fantásticos.

-Mmm, ves aquella posa de agua- dijo el pelinegro mientras el niño asentía.

-El mar es mucho más grande que eso- los ojos de aquel peli blanco brillaron mientras se acercaba al pequeño poso de agua.

-De verdad- pregunto entusiasta dándole una dulce sonrisa. -Y que tan grande es- pregunto curioso.

-Es tan grande que se pierde en el horizonte- aquellas palabras solo le dieron más curiosidad al pequeño.

-Y está muy lejos- pregunto de nuevo acercándose a él.

-Bastante mi mamá dice que es casi un mes para llegar a él desde aquí- con eso aquella sonrisa se devancio poco a poco.

-No creo poder caminar tanto- dijo con un pequeño puchero en los labios.

-No te preocupes cuando seas grande voy a mostrarte todo el mundo- dijo confiado el pelinegro mientras el peli blanco salga de emoción.

-De verdad- dijo lleno de alegría.

-Claro, princesa- dijo sin pensar y cuando quellas palabras habían salido de sus labios su rostro se había puesto rojo intenso.

Aquel pequeño de ojos verdes lo vio confundido pero sin embargo pregunto de manera curiosa. -Que es una princesa- su mirada quedó fija en el.

El peli negro se quedó unos momentos pensativo, lo había dicho sin pensar mucho pero luego hablo- Las princesas son alguien muy hermoso, tierno y delicado- cuando el niño frunció un poco el ceño.

-Tu eres muy bonito, como una muñeca y  no puedes salir afuera porque es peligroso- respondió lleno de orgullo mientras el otro se cruzaba de brazos.

-Tu también eres bonito y pequeño como yo, porque no eres una princesa- eso lo había sorprendido pero sin embargo no dejo de defender su idea.

-Yo no puedo porque soy un caballero, los caballeros cumplen promesas y sacan a las princesas al mundo- hablo el totalmente serio.

-Cuando sea grande voy a llevarte al mar si fuera una princesa no podríamos ir a ninguna parte- aquel pequeño de ojos verdes se quedó pensativo por un momento y luego asintió.

-Esta bien, a qué otros lugares podemos ir- le pregunto mientras se acercaba a él.

-No se, Dónde más te gustaría ir- pregunto curioso.

-Mi papá dice que cuando nací callo nieve, no se lo que sea eso pero podemos ir a verlo- el pelinegro sonrió complacido.

-Yo se dónde se puede ver por ahora- dijo lleno de entusiasmo mientras tomaba la mano del niño y salían del jardín.

En eso se quedó frente a la puerta de salida que estaba cerrada y miro la niño algo entristecido, -Solo se verlo desde afuera- dijo con tristeza.

-Oh que mal- dijo cabiz bajo el peli blanco.

-Necesitaremos altura para verlo desde el jardin- dijo pensativo el pelinegro cuando vio al pequeño de ojos verdes negar y sonreír.

-Yo se cómo ir al segundo piso- con eso lo tomo de la mano llevándolo por un pasillo a las escaleras del segundo piso, pero las ventana solo daban al jardín hacia que buscaron entre las habitaciones una que diera hacia afuera.

Y en eso el pequeño de ojos verdes observo a la lejanía unas montañas cubiertas de blanco, mientras el pelinegro le agarraba con fuerza para que no callera.

Aquel recuerdo le lleno de melancolía y tristeza en su corazón, ya que no podía cambiar lo que había pasado y el como se habían dado las cosas.

Pero lo que más le entristecía era saber que había roto una promesa, el le había dicho al padre de Rubius que lo cuidaría y sin embargo ahora estaba en total peligro.

No podía dejar de culparse por la situación, tal vez si hubieran pensado mejor antes de huir de casa o si hubieran tenido más tiempo la historia sería diferente.

Suspiro mientras Alexby se acercaba a él con lentitud, mirándolo con tristeza. -Tampoco puedo dormir- susurro a su lado quedando ambos en un gran silencio.

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