~32~ Prohibido

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Días Antes.

Habían pasado un par de días en los que su mente y cuerpo le estaban dando una mala pasada, haciendo que su imagen pulcra y perfecta se desvaneciera en el viento preocupando a sus amigos, mientras el solo se asilaba cada vez más del grupo, encerrado se en su casa.

Pero no era del todo su culpa, tenía que mantenerse al margen pues la voz que aparecía cuando el cura estaba cerca se había vuelto cada vez más difícil de ignorar y tomando en cuenta como el cura se había integrado en su circulo de amigos era difícil actuar con normalidad cuando aquel chico estaba cerca.

Y no solo era ese problema si no que en las últimas noches sus sueños no eran como antes, aunque ya tenía experiencia con las pesadillas y dolores de cabeza, esto era completamente diferente, sus mañanas ya no tenían ningún rastro de aquellas dolencias sin embargo ahora se sentía mareado con una situación inusual ocurriendo cada mañana.

Ahora sus sueños habían cambiado por completo de rumbo, dejándose llevar por sus más profundos deseos, los cuales habían surgido por una persona, aquel chico de cabellos blancos y ojos verdes como esmeraldas lo había embrujado o hechizado de alguna forma inexplicable, siendo el único protagonista de cada fantasía y deseo nocturno.

Lo que no comprendía del todo, pero cada noche su cuerpo entraba en un calor sofocante impidiéndole dormir a su hora habitual mientras que una extraña sensación se expandía por su cuerpo, una ola de calor lo recorría con intensidad, una vez que conciliaba el sueño la complicación surgía durante la noche.

Cada noche y en cada sueño el protagonista de aquellas fantasías era el cura, el que lo provocaba y se exponía ante el de manera seductora perdiendo el control de su buen juicio cayendo ante la tentación y dejándole una sensación de placer que no había sentido con anterioridad.

En la mente del joven Vegetta solo una imagen rondaba con claridad frente a el, aquellos labios rosados que le besaban con suavidad y ternura dejando un calor en su piel mientras sus manos recorrían aquel suave y blanco cuerpo con total descaro mientras unos leves gemidos eran susurrados cerca de su oído por aquel chico.

Ante tal situación cada mañana sentía las consecuencias del profundo sueño, despertando agitado, con sudor y una mala sensación en el cuerpo, exhausto; debido a sus fantasías involuntarias con el cura, lo que solo lo ponía más incómodo.

Aún con las largas duchas de agua fría que parecían no tener el efecto esperado en las mañanas, ya que su cuerpo se había acostumbrado al frío de cada despertar y el tener que ver al cura entre sus amigos o pasar tiempo cerca de el era una tortura para todo su ser, pues su mente solo recordaba aquellos sueños llenos de deseos e intimidad que provocaba aquel joven sobre el, lo que lo estaba volviendo loco.

Su frustración crecía con el pasar de los días, ya que su mente parecía no querer olvidar aquellos vividos sueños donde el cura sucumbía ante su tacto y su ser, liberando cada fantasía y deseo por hacerlo realidad, por tener un momento a solas solo para tenerlo a él.

Había perdido la razón por completo, lo que lo agobiaba y frustrada con fuerza, ya que mientras todos se enfocaban en el plan, el arreglo de las casas o investigar más sobre la bestia el solo seguía sumido en sus fantasías con el cura, lo que no solo era una gran pecado, aunque no era muy religioso, también su mente estaba dispersa, alejada de todos lo que le tenía profundamente angustiado, no se reconocía y eso no era lo que más le aterraba.

Debía recordarse que ese era el cura y no debía ser visto como otra cosa más que como un hombre de dios, pero simplemente su mente no parecía obedecer aquella importante etiqueta de su oficio, lo que no solo lo hacía más complicado para el, si no que también había notado que su grupo de amigos también parecía no verlo como un cura, al menos no uno completo, lo que lo hacía sentirse menos culpable, aunque no tenían la misma percepción, pues solo el lo veía de una manera completamente diferente, de una forma prohibida.

Y como no iban a notarlo los demás, las actitudes de Vegetta habían cambiado por completo, se notaba ante los demás que estaba distraído y que algo había cambiado pero no recibían ninguna explicación por parte del pelinegro, aunque habían notado que aquel cambio se había dado desde que el cura pasaba más tiempo entre ellos, lo que solo se hacía más complicado.

Aún así había decidido mantener la distancia con el cura, quien parecía no conocer o saber el significado de espacio personal, ni de como respetar a la gente a su alrededor y mucho menos controlar sus palabras, pues varias veces parecía ser más una niño travieso que un cura.

Lo que era contradictorio, ya que la mayoría de curas solo servían y vivían por la iglesia, lo que hacía a Rubius único y extraño ante ellos, no solo por su forma infantil de actuar fuera de la iglesia, sino que muchas de sus bromas podrían tomarse de otra forma casi como una insinuación, lo que solo provocaba un caos dentro de la mente de Vegetta.

Su comportamiento no parecía ser el de un cura y el grupo de jóvenes lo había notado, su personalidad dentro de la iglesia era plano, sin vida y tal vez aburrido en comparación a como se veía ahora, lleno de alegría le hacia más difícil la idea de no mirarlo.

Dentro de Vegetta había empezado a crecer una obsesión, una profunda y inquietante necesidad de tenerlo solo para el, de no compartirlo y aunque esa idea lo asustaba no podía ignorarla por completo.

El desastre se había desatado y nadie estaba siendo consciente del caos que se podía producir aquella pequeña idea sobre el.

~¿Sería capas de probar aquella fruta prohibida, de caer ante la lujuria y el pecado?~

~¿Sería capas de probar aquella fruta prohibida, de caer ante la lujuria y el pecado?~

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YOUR MINE || rubegetta||Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora