~ 45 ~ Acorralado

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Por unos momentos Rubius se había quedado estático en su lugar, sin poder moverse, se le notaba tenso y algo nervioso, pero quién no lo estaría.

Acababa de pasarle algo extraño y nadie sabía que hacer, después de todo lo que habían intentado de alguna forma la bestia nocturna se había fijado en el de alguna manera extraña y peculiar.

Aún no podía superar lo que había pasado anteriormente y en las noches siempre se encontraba despertando asustado, aunque antes tampoco dormía profundamente pues quien lo aria si a veces una feroz bestia puede atacar a sus amigos, tampoco dormía tan mal como ahora.

Pero había sido tan inusual todo desde que había llegado a aquel lugar en las montañas, que es lo que podía hacer ahora, suspiro pesado.

Tenía que saber que es lo que ocurría pero sabía que sus amigos no lo dejarían hacer algo tan loco como lo que estaba pensando, mientras el frío aumentaba el se quedó mirando aquel muro imponente frente a la casa.

Lolito se quedó viéndolo, sabía que estaba tramando algo por lo que se acercó. —Si vas a hacer algo estúpido, no te dejare solo— Rubius lo vio sorprendido.

—Fui tan obvio— dijo en un susurro apagado.

—La sutiliza no es lo tuyo— respondió Lolito intentado aligerar el ambiente.

—Tampoco tu— respondió mirando de nuevo el muro, asiendo que Lolito se preocupara.

—¿Qué aras?— dijo casi de golpe.

—Probar tu teoría— su voz fue un susurro apagado y débil, mientras Lolito se tensaba ante sus palabras, sabía lo que significaba y también lo que había pasado la última vez.

—Hablemos con los demás— respondió casi de inmediato con una brusquedad que sorprendió a Rubius, pero antes de que esté respondiera Lolito se ganó frente a el negando con la cabeza.

—No dejaré que hagas esto solo y no le mentiremos a nuestros amigos— hizo una pequeña pausa antes de continuar. —Tienen derecho a saber, somos familia ahora— eso los dejo en un gran silencio, era la primera vez que Rubius lo escuchaba decir eso aunque si sentía que lo eran, después de todo lo que había perdido aún estaban ellos, sus amigos, sus mejores amigos.

Llamaron a los demás y se juntaron en casa de Alexby, al principio ninguno de ellos sabía el porque, al menos no con certeza, pero sabían de que podrían querer hablar después de todo era de Rubius de quién hablaban, desde que había llegado a ese lugar siempre estaba buscando ayudar y enfrentarse a la temible bestia nocturna, aún cuando ellos le negaban la participación.

Está vez no fue la excepción, Rubius hablo de seguir y probar la teoría de Lolito, sobre cambiar su aroma, pero Mangel interrumpió la charla de pronto.

—Ya se intentó una vez Rubiuh y salió pésimo— la mirada fría de su amigo le hizo vacilar un momento.

—Lo se, pero si funciona esa cosa no va a acercarse más— el silencio se incremento después de esas palabras, Auron seguía sin decir nada estaba tenso y apenas lo miraba, Alexby por su parte hablo directo.

—Esto es suicida, ¿Qué quieres?, buscar a esa cosa y ver si puede olerte— el tono de su voz era cortante, estaba enfadado y su ceño estaba fruncido.

Rubius no dijo nada y se quedó inmóvil unos segundos hasta que Auron hablo. —Si te dejo hacer esta estupidez solo una vez y descubres que no funciona ¿Qué aras?— el silencio volvió a llenar la habitación.

—Dime que otro plan loco y suicida tienes... ¿por qué mierda tu tienes que...— sus palabras se cortaron y sintió un gran nudo en su garganta mientras Rubius lo miraba con melancolía.

—Nada, no tengo más planes, no tengo nada más que esto— aquella honestidad y sinceridad  los había dejado abrumados.

—No te ayudaré a que te mates— y con esas palabras Auron salió de la casa, mientras Rubius se quedaba allí con una gran tristeza, pero que más podía hacer.

Después de unos días Rubius aun seguida con aquella idea suicida, aún cuando todos sus amigos se habían negado a ayudarlo, Lolito y el parecían los únicos dispuestos a cometer tal locura.

Hasta que Vegetta lo acorraló en la iglesia, había esperado a que se fueran todos y cuando Rubius fue a la pequeña cabaña detrás este lo siguió de cerca y cuando quedaron totalmente solos.

Vegetta freno su paso, quedando frente a el, mientras sus brazos estaban a cada lado de su cuerpo, Rubius se sorprendió ante el acto y su cercanía sintiendo un leve rubor en sus mejillas.

—¿Qué está pasando?— sus aliento cálido erizo su piel mientras su corazón latía con fuerza.

—¿De que hablas?— dijo nervioso mientras la fija mirada de Vegetta estaba sobre el, haciendo que el rubor de sus mejillas creciera con fuerza.

—Aun no lo sé, ¿Qué es lo que tramas Rubius?— el tono en su voz cambio al decir su nombre, haciendo que su corazón diera un vuelco, no sabía cómo describirlo pero aquel tono tan demandante era... atractivo.

—No se de que me hablas— intento alejarse empujándolo con ambas manos  pero Vegetta no siquiera se movió.

Las manos de Rubius estaban sobre su abdomen mientras Vegetta solo soltó una  pequeña risa, —Yo creo que si— en eso el se acercó más quedando a centímetros de su oreja.

—No debería mentir...padre— su voz profunda y cálida choco contra su piel haciéndolo estremecer, aquellas palabras ahora tenían algo diferente.

Rubius se quedó en silencio sintió como su corazón amenaza con salir de su pecho, mientras el calor por su rostro se extendía con fuerza y Vegetta solo lo observaba con aquella sonrisa en los labios.

Las manos de Vegetta se movieron sobre su cuerpo justo sobre sus manos que estaban a su costado, y se acercó con lentitud. —No es un pecado mentir... padre— Rubius se estremeció, había algo en la forma en la que Vegetta lo llamaba.

Algo que le hacía estremecer, algo en sus palabras que sonaba tan prohibido y tentador, que su cuerpo reaccionaba de inmediato ante el.

Espero disfruten del capítulo

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Espero disfruten del capítulo.
Nos vemos en la próxima actualización.

YOUR MINE || rubegetta||Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora