~ 56 ~ Gravedad

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La luz de la luna estaba siendo opacada por las nubes, por lo que la visión en el bosque se había vuelto más difícil, mientras la niebla seguía esparcida entre los árboles volviendo todo a su alrededor en siluetas difusas.

El frío les helaba la sangre.

Y las tormentas de nieve cada vez eran más seguidas.

Su respiración cada vez era más errática, sus pulmones ardiendo con fuerza a cada paso.

Debía de esconderse en lo más profundo del bosque, pero estaba siendo difícil, la breve luz de las antorchas avanzaba cada vez más hacia él, dándole aquel escalofrío en su columna, tenía miedo, estaba completamente asustado.

Aún así no podía dejar de correr y ocultarse entre los árboles mientras los murmullos de la gente eran cada vez más cercanos, podía escuchar como las espadas chocaban ante cada paso que daban.

Sus grandes garras se aferraban al suelo y su hocico liberaba pequeñas nubes de vapor mientras observaba a su alrededor, tenía que apresurarse y perderse en la espesura de la noche. pero mientras aun lo siguieran persiguiendo le era difícil mantener el control.

Entre las espesas ramas de los árboles, los arbustos y el sentir sus piernas flexionarse y saltar con rapidez su mente parecía perdida ignorando por completo la situación de peligro en la que se encontraba, porque aunque su respiración se agitaba ante la rapidez de su andar su corazón latía desbocado sin dejar de pronunciar su nombre, sin darle descanso a su mente.

Rubius.

Él era en lo único que podía pensar, en lo único que su mente parecía enfocarse cuando se encontraba bajo aquella piel, cuando su lado más animal, salvaje y despiadado era presentado en la noche, como una bestia en busca de algo que solo le pertenece a él. 

Su mente estaba inundaba por el recuerdo de la última vez que lo había visto, el dolor en sus ojos, el sonido quebrado de su voz al gritar su nombre, el como había tenido que forzarse a irse de su lado.

Lo odiaba, aquella distancia que el se había impuesto, pero no tenía otra opción, si se hubiese quedado con el su consciencia no lo hubiera dejado en paz, el que sus amigos ahora lo estén cazando era prueba de eso.

Pero no los culpaba, había causado tanto daño y ahora estaba a punto de recivir su castigo, aunque una cosa era segura, ya no causaría más daño, el se adentraria en lo mas profundo del bosque y se alejaría de ellos y los dejaría libres de el.

Aún así en lo mas profundo de su mente algo lo detenía, quería ver a Rubius una última vez, decirle el porque de su partida el porque lo dejaría y poder despedirse.

Pero no tenía la fuerza para hacerlo, estaba seguro de que si Rubius estaba frente a el, no sería capaz de decírselo y menos de dejarlo, pero que otra cosa podía hacer.

El ya lo había lastimado demasiado incluso si en las hojas que el sabio le mostró salía que al ser lobo el estaría más tranquilo nada de eso había pasó, el lo había llevado al bosque con tal brutalidad que había sobrevivido de milagro.

Y está vez no había sido diferente, suspiro cuando un fuerte olor lleno sus fosas nasales, metal y leña quemada, se habían acercado con rapidez mientras el se había quedado perdido en sus pensamientos.

Los hombres del pueblo avanzaban en formación irregular, rompiendo el silencio con el crujido de sus botas bajo la nieve y el chisporroteo de las antorchas. Llevaban hachas afiladas, lanzas improvisadas con puntas de hierro forjado en la herrería y un par de ballestas que temblaban ante el frío.

Al frente iba Willy, buscando cada rastro para llegar a la bestia, detrás de él estaba Auron con una ballesta mientras Luzu les seguía de cerca, Fargan estaba al final con una lanza murmurando maldiciones que nadie respondía. El resto eran granjeros, leñadores pero todos compartían el mismo terror disfrazado de coraje: la bestia nocturna había convertido sus noches en pesadillas colectivas y por eso debía morir.

Oculto entre la niebla y los troncos de los árboles la gran bestia nocturna buscaba alejarse del númeroso grupo, sus brillantes ojos rojos permanecían atentos a su alrededor mientras esperaba no hacer ruido y escabullirse entre la maleza.

Pero su mente seguía consiente bajo aquel pelaje azabache, maldiciendo en su interior aquella crueldad que ocurría cada noche, una maldición que le había hecho derramar demasiada sangre como para ser perdonado.

Aquello lo carcomía por dentro, como si cada noche algo de él se perdiera con el tiempo siendo solo un monstruo horrible como el que todos conocian. Sin embargo está noche sabía que si llegaban a atraparlo no tendría salida.

Un crujido seco rompió el silencio a su alrededor ante una rama seca que Lolito había pisado sin cuidado lo que hizo que se detuvieran en seco.

—Alto —susurró Alexby, alzando la antorcha mientras un leve vapor salía de sus labios.

El silencio que se formó después de aquel crujido fue abrumador, incluso paracia que las ramas de los árboles se habían quedado quietas.

Entonces lo vieron.

Primero fueron los ojos, dos brasas suspendidas a una gran altura a unos cuantos pasos de ellos se extendían entre la oscuridad, no gruñó ni se movió solo se quedó allí unos momentos observando los de manera fija mientras su presencia parecía partir su cuerpo congelando la sangre de su piel.

Los jóvenes apuntaron de inmediato sus armas hacia la gran bestia, cuando Mangel dió un paso al frente y grito con fuerza.

—¡Bestia nocturna! —gritó, la voz quebrada por la furia—. ¡Esta noche termina tu vida!

La gran bestia nocturna los observo mostrando sus colmillos para luego moverse con rapidez mientras las flechas le rozaban su pelaje como si leyera cada movimiento antes de que pudieran darle con certeza.

En eso llegó a ellos rompiendo la pequeña formación que habían hecho, un grito desgarrador los tomo por sorpresa cuando la bestia empujó a varios hombres, lanzando los con fuerza haciéndolos chocar contra los troncos liberando varios quejidos agudos y cortantes, cuando las antorchas cayeron y rodaron al suelo se quedaron apagadas ante la nieve que les rodeaba.

Los demás se dispersaron buscando ayudar a los heridos mientras intentaban seguir alejándolo con sus armas pero las flechas se quedaban incrustadas en su piel sin una reacción de la bestia, cuando Willy se quedó solo frente a la criatura, sosteniendo fuertemente la hacha entre sus manos.

El lobo lo miró fijamente a los ojos con la mirada llena de tristeza, lo que dejó a Willy perplejo por unos minutos hasta que volvió en si al escuchar a sus amigos gritando su nombre.

Pero la bestia lo esquivo y agarro su hombro con sus grandes colmillos para lanzarlo hacia ellos cayendo de golpe en la nieve con aquel punzante dolor sobre el, mientras Fargan buscaba levantarse de nuevo, Luzu observo su arco roto mientras Mangel intentaba ayudar junto con Auron y Alexby a los heridos, Lolito busco levantar a Willy.

Todos estaban buscando volver a sus posiciones para darle frente a la gran bestia pero ante las lesiones y heridas de los demás se les había vuelto más difícil, en eso el lobo se giro con rapidez dando un gran salto para volver a ocultarse en el bosque.

Parecía que aquella gran bestia se había desvanecido entre los árboles, como si el bosque mismo lo hubiera tragado de vuelta a sus entrañas.

Parecía que aquella gran bestia se había desvanecido entre los árboles, como si el bosque mismo lo hubiera tragado de vuelta a sus entrañas

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Nos vemos en la próxima actualización.

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