Acostarme con Adhara había sido la experiencia más extraordinaria de mi vida. Había estado con otras chicas antes, pero nada se comparaba con lo que tenía con ella. Aún me costaba creer que realmente había sucedido. Adhara era una chica tímida y reservada, y había echo todo lo posible por hacer de ese momento algo especial. Sentirla bajo mi cuerpo, acariciarla a mi antojo, me había proporcionado un placer indescriptible. Ahora ella era mía y no pensaba dejarla ir jamás.
Con todo lo que había pasado con nuestros padres, no entendía cómo habíamos llegado a este punto. Era solo el comienzo de muchas cosas que estaban por venir y sabía que debía estar preparado, consciente de que los padres de Adhara no me querían cerca. Ella se esforzaba mucho para que sus padres la apoyaran, y aunque lo negaba podía ver que estaba cansada.
En ese momento Adhara dormía plácidamente entre mis brazos. Mi mente regresó a lo que habíamos echo y casi la despierto. La luz del sol filtraba suavemente por la ventana, y no podía evitar admirar lo hermosa que era. Y su cuerpo...tocarla como quería y brindarle placer habían sido dos de las experiencias más maravillosas de mi vida.
Adhara se movió un poco aún soñolienta, hasta que finalmente abrió esos hermosos ojos azules. Me sonrió y con ternura le aparté un mechón de cabello de la cara.
—Hola—saludó con ese tono agradable que siempre me llenaba de calidez.
—¿Te he dicho que eres perfectamente hermosa? — le respondí colocándome sobre ella y disfrutando de que estuviera despierta. Había estado ansioso por besarla desde hacía al menos dos horas.
Ella me devolvió el beso con esa dulzura única que la caracterizaba, y me abrazó presionando suavemente mis hombros.
—¿Te encuentras bien ? ¿No te he echo daño verdad? — le pregunté un poco dudoso. Había tenido tanto cuidado, tenía haberle causado alguna incomodidad.
— Estoy perfectamente bien Alec, en serio, no te preocupes — me dijo acariciando mi mejilla con sus manos suaves. Luego me dio un beso en la frente—. Lo que quiero ahora es darme una ducha y desayunar, tengo hambre.
La observé detenidamente; sus mejillas estaban teñidas de un ligero rubor, casi febril, algo que era normal después de la noche que habíamos compartido.
— Puedo preparar la bañera, ¿te gustaría? — le pregunté besando su mejilla y luego su cuello en ese punto que sabía que la volvía loca.
Soltó una carcajada y me tomó del pelo suavemente, obligándome a mirarla.
— Me encantaría— puntualizó sonriéndome.
Me levanté y abrí la llave para llenar la bañera, añadiendo unas esencias que perfumaron el aire con fragancias cálidas y relajante.
Después que llené la bañera con agua caliente y generosa cantidad de espuma. Adhara y yo estábamos disfrutando de nuestra mañana, sumergidos en la calidez y el aroma relajante. Con una sonrisa traviesa agarré la cámara y empecé a tomarle fotos a Adhara, que estaba sentada en la otra punta de la bañera con la espuma cubriéndole la piel.
—¡Para Alec! —me dijo riendo —. No me mojes la cámara podrías dañarla.
— Una más, otra...—le respondí riéndome mientras intentaba capturar su sonrisa.
Adhara soltó una risita encantadora y dijo:
— A ver, préstame la cámara yo también quiero hacerte una foto.
Le pase la cámara con cuidado, asegurándome de que no se mojara. Ella la agarro con delicadeza y sonriendo , tomó una foto de mí capturando ese momento perfecto. Luego la colocó en el suelo lejos del agua.
Mientras permanecíamos en la bañera, llenos de espuma y jabón, Adhara miró hacia el frente, su expresión se tornó más seria.
— No quiero irme nunca —dijo, su voz en un susurro —. Quisiera quedarme aquí para siempre.
— Yo también... pero hay que afrentar la realidad.
Entonces la jale hacia a mí, sintiendo su cuerpo desnudo contra el mío y le dije:
— He pasado unos días maravillosos contigo en esta isla.
— Yo también —respondió—. Nunca voy a olvidar estos momentos tan maravillosos que hemos vivido juntos.
Mientras terminábamos de bañarnos, decidimos salir de la bañera. Nos secamos rápidamente y nos acomodamos en la cama donde disfrutamos del desayuno.
Ya en la tarde nos dirigimos hacia el aeropuerto, despidiéndonos de la hermosa isla Bora Bora. Tomamos un vuelo de Tahití a Los Ángeles y luego otro hacia Caracas. Durante el viaje el cansancio comenzó a hacerse sentir; el ajetreo de la semana nos había dejado agotados.
Finalmente llegamos a Caracas en la noche. Mi chofer nos estaba esperando en el aeropuerto. Al llegar a casa, caímos en un profundo cansancio. Estábamos exhaustos pero también contentos.
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Amor Imposible
RomanceAdhara lleva una vida tranquila y ordenada, siguiendo el camino que sus padres han trazado para ella. Alec parece tenerlo todo: lujos, viajes y una vida perfecta, pero las apariencias engañan. Cuando sus mundos colisionan inesperadamente, surge una...
