Habíamos salido temprano de Caracas y tomado un avión hacia Los Ángeles. Ahí teníamos una escala larga antes de tomar nuestro próximo vuelo hacia Tahití, con otras ocho horas de trayecto por delante. Finalmente, aterrizamos en Tahití y tomamos otro avión hacia nuestro destino final: la isla Bora Bora
Al llegar al hotel, nos recibieron con cócteles frescos y collares de flores. Adhara parecía encantada; verla sonreír así hacía que cada hora de viaje valiera la pena. Nos instalamos en la habitación y nos cambiamos para salir, le dije a Adhara que le tenía una sorpresa.
— Vamos a ir a bucear— le dije, notando el brillo en sus ojos—. Pero antes, vamos a comer algo.
Almorzamos en el restaurante del Hotel, donde Adhara no dejaba de admirar el paisaje. Después de comer, nos dirigimos al muelle donde nos esperaba el guía . Ayudé a Adhara a subir a al lancha y nos pusimos los chalecos salvavidas antes de partir.
Cuando llegamos al lugar de buceo, nos pusimos los trajes de buceo y el Señor nos explicó lo que debíamos de hacer. Finalmente, nos sumergimos juntos en la aguas cristalinas. El mundo submarino era impresionante; nadamos entre van bancos de peces de colores, mantarrayas deslizándose majestuosamente, corales vibrantes, y hasta vimos tortugas verdes.
Después de un rato volvimos a la superficie. Estábamos agotados, así que regresamos a la habitación. Nos bañamos y, al rato. Le propuse ver el atardecer.
— ¿Quieres ver el atardecer? — le pregunté
Ella sonrío y sintió. Salimos a la terraza y nos recostamos sobre una recae colgaba justo sobre el agua mientras el sol se escondía en el horizonte, nos dedicamos a intercambiar susurros y caricias, perdiéndose en el momento. Esa paz, ese instante con ella, me hacía sentir que no cambiaría esto por nada del mundo.
***
Nos levantamos temprano al día siguiente, listo para aprovechar cada segundo. Desayunamos frente a la playa, con el sonido del mar acompañándonos, y Adhara me dijo que estaba emocionada por conocer más de la isla y ver los delfines.
— Yo yo también estoy emocionado— le respondí—. Primero haremos un Tour por la isla en moto.
Sus ojos se iluminaron.
— ¡ Qué emoción!— exclamó
Poco después, cada uno tomó una moto y empezamos a recorrer los caminos que rodeaban la isla.Adhara no para de tomar fotos con su cámara y aproveché para tomarle alguna de ella también. Cada lugar era más impresionante que el anterior, con vistas que parecían salidas de una postal.
Más tarde, fuimos a la playa y nos unimos a un grupo para ver los delfines. El guía nos llevó a un área donde varios nadaban, y Adhara estaba fascinada cuando uno de ellos se acercó lo suficiente para que pudiera tocarlo suavemente. Verla tan emocionada me hacía sonreír.
Después de la excursión con los delfines, nos quedamos en la orilla de la playa para tomar el sol. Adhara se había puesto un traje de baño blanco de dos piezas, cubierto con un vestido corto que apenas dejaba entre ver su figura. No recostamos en las sillas y me dejé llevar por la calma de aquel lugar, hasta que de repente escuché a Adhara gritar.
—¡Alec, mira, hay una mantarraya!
Me levanté de la silla y vi la mantarraya cerca de la orilla . Un guía, un hombre mayor que estaba cerca, se nos acercó y no sonrío tranquilizadoramente.
— No se preocupen, la mantarraya no hace nada— nos aseguró el guía.
Adhara me miró con una mezcla de nerviosismo y emoción.
— Tengo miedo Alec... me da como miedo — dijo Adhara en tono divertido. Aunque sus ojos reflejaban algo de inquietud.
Le tomé la mano y la acompañe hasta que estuvimos un poco más cerca de la superficie, donde la mantarraya nadaba tranquila . Con cautela, ambos empezamos a tocarla suavemente.
— Tengo miedo, Alec— murmuró Adhara , mientras se aferraba a mi brazo—, que me vaya a pullar o algo.
— No te va a pullar, Adhara . Es solo una mantarraya, no hace nada si la tocamos con cuidado.
De repente, la mantarraya se deslizó cerca de las piernas de Adhara, lo que hizo dar un pequeño salto y hacer una mueca de incomodidad.
—No quiero, no quiero— dijo ella rápidamente—. Vámonos, Alec.
Más tarde mientras estábamos en la playa, le traje a Adhara jugo de coco bien frío. Se lo tomó con una sonrisa, agradecida por el detalle. Después de un día increíble, volvimos a nuestra habitación a atardecer, alrededor de las seis de la tarde.
Al entrar, no sé como sus ojos se posaron a una caja negra que había dejado sobre la cama, decorada con un lazo rojo. Adhara ar se giró hacia mí, curiosa.
— ¿Qué es esto? — preguntó, señalando la caja.
Le sonríe.
— Es algo que compré en Los Ángeles. Me encantaría verte con ese vestido esta noche.Me acerqué lentamente, rozando su cuello con un suave beso que le hizo estremecer. Era uno de sus pequeños momentos que parecían de tener el tiempo.
Adhara me miró con un brillo divertido a sus ojos.
— ¿Y para qué ocasión voy a usar este vestido?
— Para una cena especial— le dije, sin apartar la mirada—. Quiero invitarte esta noche.
Ella sintió como una son, claramente emocionada.
— Está bien, voy a arreglarme entonces.
Me dedico una última mirada y luego desapareció en el baño para prepararse
Cuándo Adhara se fue al baño para arreglarse, decidí que yo también me alistaría. Sabía que las chicas suelen tomarse su tiempo, así que tenía margen para prepararme tranquilamente. Me cambié, asegurándome de qué todo estuviera perfecto para nuestra cena.
Antes de salir, le dejé una nota sobre la cama. Quería sorprenderla y agregar un poco de misterio en la noche. Con una última mirada a la habitación, salí rumbo al restaurante, anticipando la emoción de verla llegar. Sabía que el vestido le quedaría espectacular, y no podía esperar para ver su reacción al plan que había preparado.
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Amor Imposible
RomanceAdhara lleva una vida tranquila y ordenada, siguiendo el camino que sus padres han trazado para ella. Alec parece tenerlo todo: lujos, viajes y una vida perfecta, pero las apariencias engañan. Cuando sus mundos colisionan inesperadamente, surge una...