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Habían pasado solo tres días desde que recibió la noticia, sin embargo para Doyoung se habían sentido como meses, largos y oscuros. Aún no tenía el valor de hablarlo con nadie que no sea su propia conciencia en momentos de soledad. Ciertamente incluso le asusta pensar en eso cuando está cerca de su hermano, como si este pudiese leer su mente de un momento a otro.

Evitar el tema se ha convertido en su estrategia principal. Por las mañanas, se levanta antes que Jeno para preparar el desayuno, desayunan juntos y las charlas en la mesa son triviales, el clima, las clases de Jeno, o comentarios tontos sobre programas el drama que solían ver juntos. Todo está cuidadosamente planeado para mantener bajo la alfombra esa conversación profunda. Una vez que Jeno se marcha, Doyoung se va al trabajo y regresa tarde y agotado, lo que les deja poco tiempo para hablar por la noche. Eso es lo correcto, sin embargo, Doyoung no pensó qué pasaría cuando llegase el fin de semana.

Doyoung despierta más tarde de lo habitual, sorprendido por el aroma del café y el sonido proveniente de la cocina. Se estira lentamente y sale de su habitación, caminando hacia allí, encontrándose con Jeno preparando café y tostadas. Él se detiene en la puerta, sintiendo una punzada de náuseas al inhalar el olor a pan tostado que usualmente disfrutaba mucho.

—Buenos días —Jeno lo saluda brevemente mientras sirve dos tazas de café.

—Buenos días —Responde Doyoung con voz apagada, tomando asiento en la pequeña mesa de la cocina.

—¿Tienes planes para hoy? —Jeno lo mira mientras le ofrece las tostadas, Doyoung niega rápidamente. Jeno parece un poco sorprendido, pero aleja el plato con tostadas, gracias a dios.

—No... probablemente voy a limpiar un poco y dormir.

Doyoung no tiene mucho ánimo últimamente, llevaba semanas cansado, pero ahora que sabe la razón, es como si su cuerpo comenzara a hacérselo notar con más fuerza.

Jeno lo mira de reojo y se acomoda en la mesa de dos sillas que tienen en la cocina como comedor improvisado. Parece estar pensando entre en decir algo o no, pero finalmente termina hablando, Doyoung contiene el deseo de rodar los ojos cuando escucha sus palabras.

—¿Te pasa algo? —La voz de Jeno es suave, se nota que no quiere presionar, pero a la vez se encuentra confuso, no sabe lo que le pasa a su hermano últimamente y esta no es la primera vez que nota los cambios.

—¿No? Jeno, estoy bien... solo quiero descansar, trabajo toda la semana, no es raro querer dormir durante mis días libres... no exageres, por favor.

Doyoung ponuncia esas palabras tratando de sonar casual, aunque en lugar de eso suena a la defensiva, e incluso para él mismo se escuchan como una excusa demasiado forzada, otra vez.

Su corazón late con fuerza y siente que tiembla, no lo entiende. Jeno claramente se ve sorprendido y él lo está aún más... Ciertamente no esperaba reaccionar así, sin embargo siente una fuerte necesidad de defenderse y por alguna razón los cuestionamiemtos de Jeno le molestan y lo hacen sentir tonto. No quiere que lo mire como lo está mirando.

—¿Qué te pasa? Solo estaba preguntando... Además lo decía porque me parece raro que no hables con tus amigos últimamente, sé que el trabajo te lo hace aún más difícil, por lo que pensé que hoy saldrías con ellos o algo así... ¿Enserio te encuentras bien? Te ves... raro, de verdad... Doyoung —Jeno deja de lado su café y lo mira aún más serio, sus ojos muestran preocupación y Doyoung se siente desnudo, como si en cualquier momento Jeno pudiese notarlo, darse cuenta de su secreto.

El omega siente que algo dentro de él se rompe con esas palabras. Te ves raro. Lo sabe. Sabía que no podía ocultarlo para siempre, pero escuchar a Jeno ponerlo con esas palabras, lo deja sintiéndose expuesto. Doyoung se levanta de la mesa sin medir la fuerza y termina haciendo que la mesa se tambalée un poco. Jeno lo miró sorprendido, y luego frunce el ceño con molestia.

play date.  johndoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora