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La luz azulada de la televisión parpadea en la pequeña sala del apartamento, iluminando suavemente el rostro de Jeno. Doyoung lo observa de vez en cuando y sonríe, feliz de estar finalmente bien con él.

Ambos hermanos están sentados en el sofá, uno en cada extremo, viendo una película. Jeno está completamente absorto en la película que claramente él mismo eligió, su mirada no se aparta de la pantalla, y de vez en cuando suelta un comentario sobre las escenas de acción. Doyoung, en cambio, no puede concentrarse, aunque aprecia pasar tiempo con Jeno, así que no se queja tampoco.

El omega tiene los brazos cruzados, la espalda ligeramente encorvada, y sus ojos se mueven entre la pantalla y su hermano. Aunque mire la película siente que no termina de entender nada, como si algo más estuviera ocupando su mente.

Ciertamente se encuentra pensando en el día siguiente ya que es el día de recibir la paga y ademase también tiene en mente un par de cosas que debe de acomodar en su vida. Sus amigos, la universidad... el trabajo, el dinero. El simple recuerdo de todo lo hace soltar un suspiro, las cuentas no se pagarán solas, eso es seguro.

Doyoung sabe que aún tiene el dinero que le transfirió Johnny la última vez que lo contactó y aunque no le gustase, tendría que usarlo en algún momento u otro y este parece ser el momento.

Jeno suelta un insulto hacia el protagonista y Doyoung ríe al verlo tan inmerso en la película. A pesar de todo lo que pasa a su alrededor, las cosas no están tan mal, Doyoung conoce la verdadera miseria después de todo, y sabe que aún le está dando una buena vida a su hermano y probablemente, si todo se acomoda a su alrededor y tiene mucha mucha suerte, también podrá darle una buena vida a su bebé.

Sus manos bajan a su vientre y acaricia suavemente. Él sabe que puede.

De repente, el sonido de su teléfono interrumpe la película. Sin querer interrumpir la película, Doyoung lo toma y observa la pantalla, el nombre que aparece hace que su corazón dé un salto.

Es Johnny.

Su cuerpo reacciona mucho antes que su mente. Siente una presión en el pecho y un nudo en la garganta y por un momento no puede hacer nada más que mirar la pantalla casi como si se tratase de una alucinación. El teléfono vibra suavemente en su mano, mientras su cabeza se llena de pensamientos caóticos.

¿Por qué está llamando? ¿Qué quiere? ¿Por qué ahora?

No responde. Claramente no puede. No con Jeno ahí. No cuando todo está tranquilo.

Su pulgar titubea sobre la pantalla, pero finalmente decide dejar que la llamada se pierda y dejar el teléfono nuevamente sobre el sofá. Le da un rápida mirada a su hermano, pero el alfa parece no haber notado su corta, pero intensa crisis.

Su pecho se siente pesado, su respiración es entrecortada y sus ojos pican, queriendo dejar salir las lágrimas que está intentando retener. No, no puede, está haciendo lo correcto, lo sabe.

—¿No vas a contestar? —Pregunta Jeno, sin apartar la vista de la televisión. Doyoung tiembla.

—No parecía nada importante.

Pero, casi como si el universo quisiera dejarlo en evidencia, la pantalla vuelve a iluminarse, y el nombre de Johnny aparece de nuevo. Doyoung siente como si el aire en la habitación se volviera más denso. ¿Por qué insiste? piensa, mientras su corazón late a un ritmo preocupante.

Ignora la segunda llamada con la voluntad por el piso, y cuando la tercera llega, sabe que ya no puede seguir fingiendo. Su cuerpo y su mente no se conectan y aunque sabe que no debe, sede ante la necesidad.

play date.  johndoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora