Sangre en la arena y un nigromante para dos

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"Ansel"

Allí estaba, otra vez en mi fría celda, curando mis heridas y suplicando por salir, tras lo que hice a ese pobre tipo supe que algo me estaba pasando, algo horrible, no sabía que era... Solo que él estaba relacionado, Malduim...
Sentí miedo, no había otra cosa que sentir más allá de vergüenza por lo que hice, era yo, era yo deseando hacerlo sufrir, ¿por qué lo hice?

Bastante me tardé intentando convencerme de que era matarlo o morir, pero con eso que pasó no me era posible perdonarme, sobre todo por como gritó, a pesar de que lo que todos veían era a mi disfrutando su dolor, sintiéndome alegre por haberle hecho daño.

Lloré, no por haber matado a alguien que me quería muerto, sino por mí, por haber disfrutado el momento y desear absorber su alma, a pesar de que la rotura de mis brazos estaba sanada, y ahora solo parecían ligeras grietas de porcelana, no sentía más que disgusto por esto.
Al igual que la otra noche aquél gran maestre llegó, y se sentó junto a mí, ofreciéndome un poco de fruta, unas tangerinas y manzanas. Me negué a comer, no me sentía merecedor de aquel alimento por la culpa que sentía.

Se sentó junto a mí, a pesar de mi rechazo inicial, motivado por mi necesidad de autocastigo. No lo habría culpado de querer irse por no soportar mi grosería.

Aún con todo él estuvo ahí, y esperó a que tomara una fruta de la bolsa, con dicho acto de generosidad me quedé desconcertado, pues sentía que algo así era impropio para alguien como yo, por todo lo que hice, y sigo cometiendo. No merecía esa fruta y aún con todo la tomé, pues era tal mi hambre esa noche que tomé la tangerina.

—Está mal matar, sí, pero lo que importa es por qué lo hiciste y cómo reaccionaste después... La verdadera justicia no es la que se sirve por mano propia, hiciste mal en matar a aquel hombre para drenar su alma. ¿Pero sabes que es lo que hace que te salvó de dejarte caer por tus deseos?

Una pregunta rara, él sabía más de lo que mostraba, no sabía que contestar, ni siquiera estaba seguro de si podría ser sincero sin morir, pero... Decidí decir la verdad, de todo lo que sentí, y lo que viví en ese enfrentamiento, los demás combatientes no fueron tan difíciles a pesar de que seguía con ese pesar en mi mente.

—No he parado de matar, y aquel hombre, lo vi, vi como su mente y su cuerpo se distorsionaban, sentí el deseo de matar... Algo en mi interior me hizo sentir un deseo de sangre, de sembrar en él sufrimiento y dolor... Hasta que escuché una voz, era la de... —Me detuve, no pude seguir, había un nudo en mi garganta, no quería decirlo, pero no sé por qué, quizás por la culpa o el miedo de lo que hice, quizás ese era mi castigo al final de todo.

—No temas, siento un gran poder en ti, pero aún es muy débil, ella te enseñará cuanto debes saber, ella te ayudará.

De mi parte te he de confesar que recuerdo esos días de gloria, esos días de dolor, y como mis hermanos y yo peleábamos contra las fuerzas caóticas, contra aquellos demonios. Pero solo hizo falta una maldición para jamás volver a verlos. —Comentó aquél caballero que tomó su yelmo y lo vio durante unos minutos, en su reflejo en dicho metal pulido se pudo ver aquél verdadero rostro de su alma, por fuera despreocupado y enérgico, pero por dentro... Solo deseaba volver a su orden y saber de aquellas tierras que, a pesar de haber salvado, aquellos demonios lo privaron de volver.

—Como lo siento, señor... Me imagino que... —Me interrumpió para seguir hablando.

—No sabrás cuál es tu poder hasta que te liberes de aquél ser... Sé quién es... Azrael también lo sabe, aquellos poderes, aquellos dioses de la magia son falsos, y son el lastre que has cargado. Incluso los nigromantes que conoces los despreciaban. Solo te queda una opción, jovencito.

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⏰ Última actualización: Feb 07 ⏰

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