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-Ahora-dijo de repente Borens-, dejen que me vaya. Yo no les sirvo para nada. Les dije todo lo que podría interesarles.

-Respecto al nuevo mecanismo de reproducción de las esporas-dijo Colt-, me ha quedado bastante claro ese asunto. Pero, me pregunto, esa cuarta variante, además de esta característica, ¿qué efecto puede provocar en nosotros? Usted dijo que era la peor de todas. ¿A qué se refería exactamente?

Un ruido violento y súbito hizo que los tres hombres que estaban en ese sótano miraran hacia arriba. Se mantuvieron inmóviles, en silencio. Colt deslizó su mano debajo de la solapa de su chaleco y tomó su arma. La extrajo, suavemente. Louis retrocedió, sin dejar de mirar el techo. Alguien estaba caminando por encima de ellos, buscando pistas, o quizá buscándolo a Borens. Un ruso, o un norteamericano. También podía tratarse de una mujer. No lo sabían, ninguno de ellos sabía qué estaba ocurriendo allá arriba, y la mente de cada uno de ellos elaboraba su propia hipótesis.

Los pasos a veces sonaban con fuerza, y a veces se escuchaba el rumor áspero de unos pies que se arrastraban, de manos que revolvían papeles. Y después, nada, sólo silencio. Louis y Colt se miraron, y entonces Colt empezó a caminar muy lentamente hacia la escalera. Subió, con el mismo sigilo, cada uno de los peldaños, hasta que emergió en ese sector de la residencia en el que sólo había un viejo piano y una mesa.

Pasó a la siguiente sala, revisó el cajón del escritorio y los de la biblioteca. Tuvo la impresión de que algo faltaba, o algo sobraba, pero no sabía qué. 

Las flores del silencioStories to obsess over. Discover now