Recorrió con una larga mirada la línea del horizonte, hasta donde sus ojos pudieron vislumbrarla, sin que ningún árbol o vehículo se interponga entre ella y su visión. Allí sólo había tierra, continua y elemental tierra.
El cielo también se dilataba casi sin variaciones. Alguna nube, muy ocasionalmente. Pero por lo general nada, solamente el cielo al borde de la noche que empezaba a modificar su color y que sumergiría al doctor Collins en la oscuridad absoluta. Aunque tenía una linterna, y un encendedor, porque afortunadamente era un hombre precavido, y también fumador, si bien sabía controlar este vicio al punto tal de que muchas de las personas que lo frecuentaban no lo habían visto nunca fumar.
Miró los surcos en la tierra, por última vez durante ese día. Otras líneas, que también se prolongaban sin variaciones demasiado significativas. Líneas, como las de su mano, como las líneas que atravesaban los pasillos del Centro de Cardiología, y se entrecruzaban formando cuadrados en el suelo.
Años, años caminando sobre esos cuadrados, revisando legajos, respondiendo consultas, ideando secretamente un proyecto muy superior al que todos le veían ejecutar allí diariamente. Pero ahora estaba mirando esa línea que lentamente se disolvía en la creciente oscuridad, intuyendo que había algo en ella, algo que debería conocer, y que no lograba distinguir. Tal vez la clave estaba en su misma desnudez, en el hecho mismo de que no hubiera nada importante allí.
Se retiró un poco de la ventana. Se frotó los ojos. Tanto vacío lo había ofuscado. La oscuridad se apoderó de toda la casa y del campo que la rodeaba, y Collins la recibió con serenidad.
Buscó a tientas una silla y se sentó en ella. Durmió unas pocas horas. Cuando despertó todavía faltaba bastante para el amanecer.
Encendió un cigarrillo. Se sorprendió de no sentirse atemorizado. El viento empezaba a soplar con cierta intensidad y podía oír el ruido de un objeto metálico que golpeaba contra una de las paredes de la casa. Pensó en alguno de esos platos de metal donde suelen abrevarse los animales de campo. Pero la hipótesis no lo convenció, porque no había visto otros animales en esas regiones más que ese perro. Salió afuera. Caminó alrededor de la casa, iluminando con la linterna, hasta que se topó con una lámina de metal muy delgada que, efectivamente, estaba causando ese sonido al estar apoyada contra esa pared y ser frecuentemente movida por el viento.
Era sólo eso. Un pedazo de chapa.
Apagó la linterna. La imagen de los sucesivos cuadrados volvió a él. Dallas solía caminar sobre ellos casi en punta de pie. No le gustaba hacer ruido, o quizá a sentía obligada a no hacerlo.
Casi nunca hablaba con ella. Se cruzaban a veces, en la sala, en algún pasillo, y se saludaban con una mirada simpática. Nada más. Pero a veces pensaba en ella cuando estaba en su casa, cada vez con más frecuencia. Se preguntaba si ella se comportaba así exclusivamente ante él y sus inminentes pacientes, o si, fuera del Centro, también mantenía esa actitud taciturna. Si debería preguntarle si se sentía cómoda en su puesto de trabajo, si el sueldo le resultaba provechoso, si vivía lejos del instituto y tenía un medio adecuado para llegar hasta allí y regresar luego a su casa. Pero nunca se lo preguntó. Se limitaba a abrir parcialmente la puerta de su consultorio y examinar lo que ella estaba haciendo en la sala contigua, donde, por lo general, si no había ningún paciente, ella simplemente estaba sentada en el estrecho banco adherido a la pared donde había algunas revistas con las que podía entretenerse. Revistas, y algún periódico. Una luz muy blanca la iluminaba, resaltando su aspecto huraño y casi ajeno al ámbito en el que se encontraba. Entonces cerraba inmediatamente la puerta y regresaba a sus quehaceres, antes de que ella advirtiese que la estaba espiando.
Pero en una ocasión tuvo que salir del consultorio y dejarse ver por ella. No pudo evitarlo. Escuchó una discusión. La voz de Dallas se entremezclaba con la de un hombre evidentemente exasperado, uno de esos pacientes psiquiátricos que cada tanto pasaban por ese instituto para un examen de rutina.
