Capítulo 21.

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Lorena

Ha pasado ya un mes desde que nacieron los mellizos, y me atrevería a decir que han sido los 30 días más felices y duros de mi vida. No exageraba mi madre cuando nos decía que la maternidad es una de las cosas más complicadas y emocionantes de la vida. Son sensaciones contrarias, pero es súper bonito sentirse así.

-Buenos días -susurro besando el cuello de Dani y tumbándome encima de él.

-Buenos días -contesta con voz ronca, revolviéndose en la cama y sonriendo con los ojos cerrados.

-Despierta, dormilón, que son las nueve -río besando su mejilla sin parar.

-Hoy me toca a mí no madrugar -me recuerda abrazándome aún sin abrir los ojos-. Es miércoles, los niños te tocan a ti.

-Es que me aburro yo sola -sonrío contra su mandíbula.

-Tengo sueño, ayer estuve componiendo hasta tarde -se queja mirándome por fin-. Veinte minutos más, porfa.

-Estaré abajo con los niños -sonrío después de darle un largo beso en los labios.

-Ahora voy -susurra abrazando la almohada y volviéndose a dormir.

Ahogo una carcajada al verle y cojo a Martín y a Lucas, que llevan un rato despiertos en su habitación escuchando música, para bajar. Rápidamente les preparo los biberones y después de desayunar, les dejo en una misma cuna del salón con un disco de Leiva sonando.Es increíble la pasión que sienten por la música siendo tan pequeños.

-¿Qué haces? -pregunta Dani cuando ve que me empiezo a desnudar frente a él-. Lore, insinuaciones a estas horas de la mañana no.

-Tengo calor, voy a darme un baño -río acercándome a él-. Hace mucho que no estamos los dos solos, ¿no crees? -susurro contra su boca.

Asiente sin decir nada y busca mi boca con necesidad, gesto que me hace sonreír rendida contra su piel.

-¿Qué te parece si les dejamos los mellizos a tu madre y nos vamos este fin de semana por ahí? -propongo rozando intermitentemente sus labios.

-No creo que sea buena idea, todavía son muy pequeños -me hace notar mientras sus manos se dirigen a mi cintura-. A lo mejor dentro de unos meses...

-No, mira -sonrío dándole un pico-. Les dejamos el sábado por la tarde y les recogemos el domingo por la mañana. Una sola noche.

-Una sola noche -repite derretido-. Hablaré con mis padres -sonríe para besarme.

Le sigo el beso hasta que un llanto nos interrumpe.

-Tienen un radar, te lo digo yo -se queja Dani dejando caer la cabeza hacia atrás-. Voy yo -susurra antes de darme un pico.

Después de bajar con él y darme un bañito rápido en nuestra increíble piscina, me acerco a una de las tumbonas y me pongo a tomar el sol mientras Dani está con el portátil y los mellizos en la cocina.

-Lore, me ha llamado mi hermano. Dice que van a comer en su casa con Miriam y Lucas, por si nos animamos -informa Dani saliendo al jardín-. ¿Te apetece?

-A mí sí -sonrío poniéndome las gafas de sol para mirarle.

-Genial, pues hemos quedado dentro de cuarenta minutos en su casa -informa antes de darme un beso cortito-. Voy a cambiar a los niños.

-Te ayudo -decido poniéndome una camiseta y entrando en el salón con él.

Mientras él les cambia los pañales en el cambiador de su habitación, yo me entretengo en su armario decidiendo qué ropa les pondremos. A Dani le gusta que vayan vestidos iguales, pero yo lo odio. Son niños diferentes, así que tienen que vestir diferente.

 -Vete a arreglar, ya les visto yo -ordeno mirando a Dani-. Sois igual que vuestro padre -sonrío mirando a mis hijos cuando mi novio desaparece de la habitación.

Me entretengo unos minutos haciéndoles pedorretas y haciéndoles comentarios, hasta que Dani vuelve a aparecer por la puerta completamente vestido y arreglado.

-¿Ya están? -pregunta de buen humor-. Pero si siguen solo con los pañales y los bodis puestos.

-Es que estaba hablando con ellos -río poniéndole los pantalones cortos que he elegido a Martín.

-¿Y te han contestado? -me vacila ayudándome con Lucas.

-Termina de vestirles tú, que yo voy a prepararme -contesto después de soltar una carcajada.

-Ey -susurra cogiéndome de la muñeca cuando me doy la vuelta para irme-. Dame un beso.

Niego divertida ante su petición y me acerco a besarle los labios muy lentamente.

-Te quiero -susurra cuando nos separamos-. Pero ve a vestirte, que vamos tarde -ordena dándome un pequeño azote de buen humor.

Siempre Tú II [RESUBIDA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora