Paseo

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Los días transcurrían con calma para Jimin. Su rutina se había estabilizado en una agradable monotonía, y aunque Yoongi aún se preocupaba cada vez que Jimin salía para supervisar detalles de la cafetería —que por fin había terminado su remodelación—, la pareja había encontrado un equilibrio que les permitía mantenerse tranquilos. Especialmente Yoongi, quien insistía en cuidar de la salud de su omega ahora que estaban esperando un segundo hijo.

Cuando Jimin no estaba ocupado con pequeños encargos o supervisando a Byul, solía quedarse en casa, descansando. Taehyung visitaba con frecuencia, dispuesto a ayudar con cualquier cosa que Jimin necesitara. Aunque le parecía un poco excesivo, sabía que resistirse a sus atenciones sería inútil. Su mejor amigo y Yoongi parecían haberse confabulado para mantenerlo lo más cómodo posible.

Últimamente, uno de los mayores placeres de Jimin era salir a pasear con Byul al parque. Observar a su pequeño correr y reír con otros niños era una fuente de alegría pura. Esa tarde, mientras Byul jugaba en los columpios, Jimin estaba sentado en una banca, disfrutando de unos dulces que se habían convertido en su nuevo antojo favorito. Desde ahí, mantenía la vista fija en su hijo, asegurándose de que estuviera bien.

El sonido de pasos acercándose lo distrajo. Sintió cómo alguien tomaba asiento a su lado, lo que lo llevó a desplazarse instintivamente hacia la esquina de la banca para dar más espacio.

—Jimin, ¿cómo has estado?— preguntó una voz que conocía muy bien. Aunque no sentía miedo, tampoco podía decir que estaba precisamente contento de tener a esa persona a su lado.

Jimin giró la cabeza, encontrándose con el rostro del señor Min. —¡Señor Min! ¿Qué hace usted aquí?— inquirió con una mezcla de sorpresa y formalidad. No quería ser irrespetuoso, especialmente porque estaba hablando con el padre de su prometido y abuelo de su hijo.

—He querido ver cómo está mi hijo —contestó el hombre, cruzando los brazos mientras dirigía la vista hacia Byul—, pero no responde a mis llamadas ni mensajes. Supe que estaba de guardia y no quise interrumpirlo en el trabajo.

Jimin asintió lentamente, intentando comprender el motivo de su presencia en el parque.

—Entiendo... —dijo con cautela. —Yoongi ya no toma turnos nocturnos, así que quizá pueda hablar con usted durante la cena.

El señor Min suspiró, acomodándose mejor en la banca. —En realidad, estaba camino a su casa cuando los vi aquí. Pensé que era una buena oportunidad para acercarme un poco más a mi nieto... y a ti.

Jimin inclinó ligeramente la cabeza, tratando de ocultar su desconfianza. Aunque apreciaba el gesto, no podía olvidar las tensiones del pasado. La última interacción con el alfa había dejado claro que no aprobaba su relación con Yoongi ni el hecho de que hubieran formado una familia.

—Bueno, si quiere pasar a visitarnos, es decisión de Yoongi si desea hablar con usted —contestó finalmente, con un tono neutral. Se puso de pie, mirando hacia el parque. Byul seguía jugando, pero el cielo comenzaba a teñirse de tonos naranjas y rosados. —Creo que es hora de regresar a casa.

Antes de que pudiera dar un paso, el señor Min alzó la mano, deteniéndolo.

—Espera, Jimin... —su voz sonó más suave de lo habitual, lo que sorprendió al omega. —Debo pedirte disculpas.

Jimin frunció el ceño, confundido por el cambio de actitud. —¿Disculpas? —repitió, girándose para mirarlo de frente.

El alfa asintió, soltando un pesado suspiro. —No he sido justo contigo ni con Byul. He cometido errores y quiero enmendarlos.

Jimin se quedó inmóvil, procesando sus palabras. Era difícil creer que aquel hombre orgulloso estuviera bajando la guardia de esa manera. Su mano, casi por instinto, se posó sobre su abdomen apenas abultado. Tras unos segundos de silencio, decidió hablar.

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