Fiebre

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No había visto jamás una cocina tan impecable como la que tenía ahora frente a sus ojos, pareciese como si nunca hubiese sido usada, sobre todo porque en el refrigerador sólo había unas cuantas provisiones sin tomar en cuenta las que había comprado Jieun. La batería de cocina acomodada cuidadosamente en gabinetes también parecía intacta, era casi como si Yoongi no cocinara, sólo había un par de platos, vasos y tazas en el escurridor, Jimin sospechó que se trataba de los que usaba con frecuencia, tal vez por el trabajo del alfa no permitía que cocinara tanto, si él trabajara tantas horas seguidas lo único que quisiera hacer en sus días de descanso sería dormir. Sobre todo, si tenía días pesados como los que a veces le platicaba el alfa. No quería decírselo, pero después del caso del niño del cambio de válvula lo notó desanimado, no debió ser nada fácil tener la vida de un pequeño en sus manos, si él perdiera a Byul definitivamente no podría seguir viviendo, su pequeño era todo para él y lo amaba con toda su alma.

Pero Byul gozaba de gran salud, cuando estaba embarazado temía que su pequeño también sufriera lo que él tuvo que pasar cuando era niño, estar en hospitales, viendo como sus padres pasan la noche en vela preocupados porque pasara por lo menos una noche tranquila. A pesar de que fue algo prematuro, después de estar un tiempo en incubadora y en observación, su crecimiento fue de lo más lo normal, eso le había alegrado y tranquilizado en el momento, quería que su pequeño viviera una larga y feliz vida. Cuando acabo de cocinar sirvió la sopa y la llevó a la habitación del alfa, al entrar pudo ver a Yoongi dormir, dudó si era buena idea en despertarlo, pero no creía que una dona y un café le diera nutrientes necesarios para poder recuperarse pronto.

—Yoongi ya está tu sopa—paso a un costado de la cama cerca del lado en el que el alfa se encontraba durmiendo, no obtuvo alguna respuesta sólo un quejido acompañado de la acción del alfa en taparse con la manta hasta la cabeza, la luz artificial del foco de su habitación molestaba a su vista —tienes que comer algo para recuperarte— nuevamente no obtuvo respuesta alguna, dejó el plato a un lado, para descubrir el rostro del alfa pero este sólo se aferró más a su cobija, es sorprendente como un adulto se convierte en un niño pequeño cuando se enferma —sólo quiero checar nuevamente tu temperatura, sino quieres comer no puedo obligarte a hacerlo— dijo ya algo fastidiado por el comportamiento del mayor. Noto como el agarre de la cobija se fue deshaciendo con lo que pudo quitar la tela del rostro de Yoongi, el rostro que usualmente era pálido ahora estaba de un color rosado en sus mejllas, parecía que la fiebre no había bajado, con el tacto de su diestra a la frente del mayor lo comprobó, el alfa estaba ardiendo en fiebre, se supone que con las pastillas debería haber bajado.

—Tu fiebre solo aumentó hyung... ¿debería llamar a Jieun? — comentó preocupado por la actual situación de salud de su contrario, pero Yoongi se sorprendió al escuchar como se había dirigido hacia él, desde que se reencontraron Jimin solía llamarle con su nombre, su corazón empezó a latir con rapidez y quizás no se notaba por su temperatura corporal, pero estaba seguro que su estuviera con un mejor estado de salud sus mejillas se sonrojarían a causa del castaño —no la llames, es normal la fiebre, mi cuerpo está actuando contra el virus— se sentó en la cama apoyando su espalda en la cabecera, el aroma de la sopa a lado suyo llamó su atención, su estómago hizo un ruido delatando el hambre que empezaba a sentir, nuevamente se avergonzó y Jimin sonrió burlándose —creo que tu cuerpo es más sincero que tú— el castaño se sentó en la esquina de la cama observando como Yoongi comía con lentitud pero disfrutando del rico sabor de la sopa, había notado que desde que convivía más tiempo con el omega iba ganando más peso, pasó demasiado tiempo desde que había disfrutado de una verdadera comida casera. En la casa de su padre tenía el privilegio de contar con una cocinera, pero en sus tiempos de interno su alimentación sólo había empeorado.

—¿Te gustó? — Jimin tomó el plato cuando el pelinegro acabó de comer, este último asintió y nuevamente se acostó en la cama arropándose con las mantas —muchas gracias Jiminnie— lo dijo con tanta naturalidad que al omega le costó unos cuantos segundos asimilar como es que lo había llamado —Y-yo iré a lavarlo esto, sigue descansando— salió con rápido de la habitación y camino a la cocina, después de dejar los trastes en el lavaplatos se apoyó un poco en este, el apodo que Yoongi solía decirle cuando era más joven causo en él un latir frenético de su corazón, pensó que era imposible que aún le alterara y se reprochó que fue todo lo contrario.

Belonging to youDonde viven las historias. Descúbrelo ahora