EXTRA #6

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Feliz día amor

Devi Stevens

Niños corren a mi alrededor, algunos porque juegan en los toboganes y otros se dirigen hacia sus madres.

Espero pacientemente hasta que visualizo a mi rey. Su mirada se ilumina al acercarse y me agacho para recibirlo en mis brazos.

Inhalo su aroma de bebe, si pudiera, lo tendría todas las horas del día conmigo. No me gusta dejarlo en el kinder, pero debo por mi trabajo y por su desarrollo social.

—¿Cómo le fue a mi rey?

Me mira con sus ojos castaños, tiene la misma mirada que mi esposo, en realidad, Mateo es una versión mini de Daniel. Me pregunto exactamente como funciona la genética, me parece ilógico que una mujer cargue en su estomago por largos nueves meses a la personita que termina naciendo igual al padre. Pienso en eso cada vez que miro a mi hijo, ni siquiera tiene mi perfecta nariz.

—Ben.

Mateo tiene tres años, no articula bien ciertas palabras, las dice como puede y eso me roba sonrisas junto a su voz infantil que me derrite.

—Qué bueno, mi rey. Vamos a ir a ver a papá y luego a casa de tía Anet. ¿Si?

—¡Si! —exclama con entusiasmo.

Debo peinar su melena rebelde hacia atrás para poder depositar un beso en su frente. Creo que debo cortarle nuevamente el cabello. Aún cuando se lo corté hace dos semanas. Sus rizos crecen con abundancia. Ojala me creciera el pelo tan rápido.

Otro beso depósito en su mejilla y llevándolo en brazos, nos dirigimos a mi auto. Abrochó su cinturón de seguridad y me subo a mi lugar. Manejo las pocas cuadras, rumbo al despacho de abogados, donde Daniel trabaja.

Su meta es ser socio principal, para eso debe ganar una cantidad de casos para presentarse al señor Egorova con su propuesta. El papá de mi amiga es algo estricto, no por nada hace más de veinte años que tiene el despacho, es uno de los mejores de la ciudad y tiene la reputación de nunca perder. Gerad tiene socios, pero todos son menores, ninguno ha sido capaz de poder fusionar y cambiar el nombre del despacho.

Lo primero que miras del edificio son las letras doradas y destacables, el apellido Egorova reluce con extravagancia. Todo el edificio, de exactamente cuarenta y siete pisos le pertenece a Gerald Egorova.

Con Mateo sujeto de la mano, caminó por los pasillos relucientes. El color blanco destaca, dando un aire de pulcritud. Uno que otro abogado me regalan sonrisas de cortesía. Ninguno me mira de forma lasciva. El anillo en mi dedo marca que no estoy disponible.

No es que quiera que me miren de esa forma, pero... me gustaría sentirme deseada por otra persona que no sea mi marido. Como que es una fantasía. Una fantasía que nadie sabe. Y así como la pienso, la entierro rápidamente.

Afuera de la oficina de vidrios transparente se encuentra la secretaria, con una sonrisa de complicidad, me permite entrar, avisandome que está desocupado.

No toco, ya me vio por los vidrios. Se levanta de su cómoda silla para venir a nuestro encuentro, primero saluda a Mateo, levantandolo en brazos para estrujarlo contra él. Luego sin soltar a su hijo y con su brazo libre, me agarra de la cintura para besar mi boca de manera lenta, su lengua recorre mi labio inferior con delicadeza.

La acción me calienta la sangre y despierta ese lado sexoso.

No importan los años que estamos juntos. Siento que cada beso, cada caricia y cada sonrisa suya es como la primera.

Al alejarme lo detallo en silencio, sus ojos castaños, esos que me conquistaron están brillosos de deseo, su sonrisa reluciente me grita que estamos en la misma sintonía. Llevo mi mano a su mejilla acariciando su piel morena.

CURVAS SIN MIEDOSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora