Rosas negras
Zahara
Muerdo mi labio inferior con fuerza, incapaz de evitarlo. La mirada de Azahar está fija en mí, como si estuviera esperando alguna explicación. En una mano, sostiene el pantalón deportivo de Catriel y en la otra, la remera negra que aún huele a él. La tensión en el aire es palpable. Azahar arquea una ceja, como si la respuesta que esperaba fuera mucho más obvia.
—¿Dormiste con él? —su voz es fría, cortante, pero la interrogante en sus ojos es clara.
La sangre sube a mis mejillas, rojas de vergüenza y mi garganta se cierra un poco.
—No dormí con él. —aclaró, como si mis palabras pudieran disolver la presión en el ambiente.
Azahar me observa y aunque se nota que no le basta mi respuesta, no dice nada más. Su mirada sigue fija en la mía, buscando una respuesta a través de mis ojos.
—¿Cómo justificas esto? —pregunta, la autoridad en su tono me hace sentir como una niña otra vez.
Annette pasa por su lado, acercándose a mi cama.
—No actúes como Gerald, Azahar. —interviene Annette.
Azahar frunce el ceño, molesto. Yo también lo hago.
—Eso, —respondo de inmediato— papá no me haría este planteo. ¡Ni siquiera te lo hizo a ti cuando llevaste ese chico a los dieciséis!
Azahar abre los labios, indignado, como si mi comentario fuera una provocación.
—No estamos hablando de mí, estamos hablando de ti. —responde finalmente, su voz más baja y cargada de reproche, como si sus palabras tuvieran más peso que la situación real.
Inhaló hondo, pero siento que mi pecho sigue apretado, la incomodidad de la situación me consume. No quiero volver a pelear con Azahar, pero el silencio entre nosotros crece como un muro invisible.
—Ya pasamos por esto —digo sin poder evitar la intensidad de mis palabras. Le sostengo la mirada, mi azul contra su azul, tan directos, tan intensos. —Puedo tomar mis propias decisiones y hacerme responsable de ellas. No debería interesarte si me acosté con él o no.
Annette, que estaba observando desde un costado, palmea mi espalda con orgullo, casi como si estuviera defendiendome.
—Y no es porque mi bombón de leche sea mi mejor amiga, pero tiene razón. —dice ella con una sonrisa que aligera el ambiente, aunque Azahar sigue sin soltarme de la vista—. Zahara tiene veinticuatro años, tiene un trabajo estable y paga impuestos. Es adulta y debes aceptarlo, Azahar.
Azahar expulsa el aire que había estado conteniendo. La resignación llega lentamente, en sus ojos puedo ver lo difícil que le es aceptar este cambio.
Finalmente, deja la ropa de Catriel en la silla con un suspiro de rendición. Con pasos lentos, se sienta en el borde de mi cama, su mirada en el suelo.
—Es difícil aceptar que no necesitas mi ayuda. —murmura y las palabras caen como un peso en el aire.
Durante tantos años, Azahar siempre fue quien me protegió, quien me cuidó. Y ahora, me doy cuenta de que no se trata solo de una hermana que se independiza, sino de un hermano que debe soltar lo único que siempre había sido suyo: mi cuidado, mi dependencia.
Sé que le cuesta, sé que es más difícil para él que para mí. Pero también sé que está aprendiendo, a su propio ritmo, que debo volar sola. No porque quiera alejarme de él, sino porque me toca.
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CURVAS SIN MIEDOS
RomanceDicen que las casualidades no existen, que es el destino el que juega sus cartas. Pero para Zahara y Catriel, sus encuentros parecen ser una mezcla de ambas cosas. Zahara, una modelo plus size que busca redescubrirse, está cansada de la monotonía y...
